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23 abril 2017

LAS CANCIONES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA de AGUSTÍ FERNÁNDEZ Claveles rojos

AGUSTÍ FERNÁNDEZ
Clavells Vermells

Tanto las lecturas de Ramón López como la de Agustí Fernández de este cancionero popular no se llevan a cabo desde las canciones, caso de las versiones de Charlie Haden o la de Brigada Bravo & Díaz, sino que van hacia ellas. El objeto se convierte así en materia durante un proceso de creación activo más que memorístico  
Por Jesús Gonzalo @noiself

La coherencia plástica de este proyecto efímero, tuvo lugar en concierto en el Auditori de Girona el 26 de noviembre del 2006 y no ha tenido continuidad en los escenarios ni publicación aunque sí registro, se debe básicamente a la huella indeleble que deja su escucha por la corriente sonora y el diálogo abierto que ofrece. El resultado de este encuentro tiene un efecto gradual de escucha por el que asoman accidentes instrumentales, orales o ruidistas. Lo que nos propone el pianista y compositor es un relato, una suite con una estructura de andamios intangibles, un lienzo elusivo y sin marcas al exterior, señalizado por focos efímeros de figuración melódica.


Claveles Rojos, eco abstracto de memoria
Este planteamiento en movimiento, en el que intervienen instrumentos acústicos y timbres electrónicos, recuerda, desde la enigmática fisicidad de los momentos iniciales, a los que el propio pianista compartió con Evan Parker en su ensemble.  Grabación sin disco, Claveles rojos (Variaciones a partir de canciones de la Guerra Civil) se define en una plantilla instrumental (polivalente en pequeños núcleos) de quinteto con dos saxos (Liba Villavecchia, Joseph Lluís Galiana), más sampler (Joan Saura, (1) y coro (las voces del Conservatorio de Girona, dirigidos por Monserrat Meneses). Mapa de recuerdos que viaja de norte a sur y de este a oeste de España, el repertorio elegido es el menos trillado de todos los descritos; de hecho, menos Si me quieres escribir, Els Segadors, Puente de los Franceses, A las Barricadas y Suspiros de España el resto son casi desconocidos.
El mensaje escrito de las letras queda diluido por el encuadre contemporáneo del proyecto, sin que ello perjudique ni a la memoria en el folclore ni a la emoción
Sin prescindir del sustrato popular de las canciones (interiorizado de manera más metafórica que literal), poco importa si las melodías son o no reconocibles, ya que el concepto se materializa en este concierto como un entramado permeable de colores, luces, sombras y movimientos inesperados, que despeja la cita melódica con un efecto incidental en vez de exponer el tema como parte de una lista. El mensaje escrito de las letras queda diluido por el encuadre contemporáneo del proyecto (“demasiado circunstanciales del momento”), sin que ello perjudique ni a la memoria en el folclore ni a la emoción. Esto se debe, lo decíamos al comienzo, por la conexión que se produce entre oralidad literaria e interpretación instrumental de estas canciones.


"Creo que está bien que estas cosas queden, y no sólo en la memoria de la que gente que estuvo ahí, sino también que figure como una parte de la historia musical”

Si primero era un lienzo de puntos volátiles dibujando líneas en el aire era el que daba paso al coro entonando Puente de los Franceses (última nota que se alarga), la despedida en elipsis (puente) con el mismo tema es apuntada por los solitarios y pausados golpes de batería (Jo Krause) llenando el espacio y el silencio. Ahora el coro entona la melodía enaltecida y acompaña con las palmas en un raro cruce de gospel latino. Hay entre principio y fin momentos de belleza sublime, sobre todo cuando grupo y coro intervienen, gracias al imaginativo diseño con el que Agustí Fernández ha vinculado la escritura para voz (filiación ligetiana) con el músculo instrumental (vertebrador y desestabilizador a la vez). 


Turba los sentidos el tratamiento aplicado a Els Segadors,  indicado por una sola voz (masculina) del coro a la que luego, de forma escalonada y aditiva, se van sumando el resto de los miembros en crescendo de intensidad que acumula tensión solemne en las voces y luego estalla en mil pedazos con la entrada free del grupo (Uri Caine sobre Mahler, entre Symphony nº5, funeral march y I often think they have merely gone out! de Songs of the death of the children). También podemos sentirnos arrebatados por Suspiros de España, con voces susurrantes y el piano intercalando una pulsación lenta y penetrante; o cerca del final cuando incorpora una balada-blues cuya suavidad suena extrañamente sofisticada en todo este mundo; o cuando crea introducciones con alturas coltraneanas; o esas  figuras voluptuosas y torrenciales al piano apoyadas en bajo (David Mengual) y batería; o en ese sensacional contraste entre segmentos de veloz free bop y yuxtaposiciones melódicas en el coro (en Inesita, Inés y en Si me quieres escribir, por ejemplo)… El bis Gernikako Arbola reúne a banda y coro en una exposición clara y fiel.

Tras recuperar esta grabación para incluirla en este artículo (publicado en el nº 111 de la revista Cuadernos de jazz), el músico sentencia: “Creo que está bien que estas cosas queden, y no sólo en la memoria de la que gente que estuvo ahí, sino también que figure como una parte de la historia musical”. El espectro armónico, como elemento revelador de esta música cargada de emoción, representa así a la memoria.



[1] En 1998 se constituyó Trio local, con el piano de Agustí Fernández, el saxo de Liba Villavecchia y la electrónica Joan Saura.

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