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05 diciembre 2016

ANDREW CYRILLE QUARTET The Declaration of Musical Independence

Richard Teitelbaum, Andrew Cyrille, Ben Street, Bill Frisell

The Declaration of  Musical Independence

Pese a su tono desafiante, el título de este señalado trabajo no nos sitúa frente a un manifiesto artístico, ni siquiera frente a una más de las sublevaciones que desde el propio jazz se han hecho en favor de la independencia de este término. Tampoco estamos frente a un producto rompedor que descoloque las estanterías de la historia. Resulta ambicioso, pero no es un reto experimental. Por eso es si cabe más interesante.

Baterista imprescindible para la evolución del jazz, Andrew Cyrille tuvo como referentes a Philly Jo Jones y a Max Roach y dio impulso y estructura rítmica a pianistas-compositores tan personales y avanzados como Cecil Taylor, Horace Tapscott o Muhal Richard Abrams, relevando a Roach en el puesto de "intelectual" de la batería. Tras el fallecimiento de Paul Motian, como se materializó en el reciente Amorphae del guitarrista Ben Monder, nadie mejor que él para, a sus 77 años, continuar en ECM como un creador que al final de su carrera ha trascendido el lenguaje de su instrumento y de la interacción.

En el libreto del disco se intenta conceptualizar, con reparos argumentales, el avance que trae Cyrille para la percusión en el jazz a través de "pulses", algo que la modernidad asumió del Minimalismo (Steve Reich) y que para el lector-oyente que conozca la larga pieza de Horace Tapscott The Dark Tree (1989, donde participa Cyrille) podrá identificar fácilmente al escuchar el pulso o patrón rítmico constante en cuya progresión se despliega estructura e intensidad. Vendría a ser -sin más- una figura renovada del swing; el aéreo y pictórico del último Motian como el asimétrico de nuestro baterista. En este sentido de técnicas de estilo, ya que ECM requiere cada vez con más frecuencia de sus servicios, si hay un continuador de Cyrille ese es Gerald Cleaver.

                                                                                                 
Baterista que define una época y marca su evolución, Andrew Cyrille tuvo como referentes a Philly Jo Jones y a Max Roach y dio impulso rítmico a pianistas tan personales y avanzados como Cecil Taylor, Horace Tapscott o Muhal Richard Abrams, ocupando  el puesto de reformador de la batería free jazz
Cyrille no se emancipa del pasado, ni de la melodía, ni del ritmo, ni de la partitura ni del diálogo compartido, aunque haga algo distinto a lo que solía, algo parecido a lo último que hacía de Motian: crear espacio. Por eso, su declaración de independencia musical le sitúa estéticamente más cerca del encuentro con Ben Monder, un trabajo de planos extendidos y sin arcos de tensión, de estatismo y desplazamientos lentos, que del recio discurso del también reciente y recomendable Wiring, con Oliver Lake, Reggie Workman y Vijay Iyer.    

La coincidencia de dos maestros del timbre electrónico y del tratamiento del sonido en tiempo real como Frisell y Tietelbaum decantan el resultado del lado de las texturas, en un juego de ecos y pliegues deformados combinados con figuración melódica. Frisell no está aquí de invitado, 3 temas son suyos y en otros tantos comparte autoría. El acento distorsionado de su guitarra hacía tiempo que no se escuchaba, por momentos, tan turbador y sombrío como en los lejanos Where in the World? o After The Requiem de Gavin Bryars (principios de los 90).

Teitelbaum empezó a colaborar a finales de los 60 con el mundo del jazz más inquieto, el de Steve Lacy y el grupo Musica Electtronica Viva-MEV. El trabajo de este pianista provenía de una electroacústica de laboratorio que adaptaba a los teclados y a la improvisación en una actitud mitad Stockhausen mitad la incipiente improvisación libre. Precisamente con Anthony Braxton, actor clave entre experimentación y academia, dejaría tan significativo título en esta implantación tecnológica en directo como Silence/ Time Zones (Black Lion, 1969-76).

























Coltrane time (del saxofonista) abre el disco con un solo de batería de Cyrille, anunciando un terreno hecho de respiración abierta y con figuras minúsculas en expansión. Kaddish lleva el sello y firma de Frisell, él lo cita en solitario hasta que sonidos espectrales y voluminosos acaban rodeando una melodía triste e ingenua que podría pertenecer a su época en Ghost Town (2000). Say, único tema de Ben Street, nos remite en su ingravidez al trío de Frisell-Lovano-Motian y a una de sus últimas joyas evanescentes llamada Cambodia. 

Dazzilin, improvisación colectiva, es el tema más largo y queda situado en el centro. Es ejemplo de un discurso señalizado que discurre entre oleadas generadas por sobreexposiciones mientras desparece para luego volver una melodía bluegrass típica de Frisell. Herky Jerky, de Tietelbaum, aporta el único fraseo -engañosamente- jazzístico del disco, que se desdibuja tanto en ritmo como en líneas melódicas por superposiciones a destiempo. Beguin, con un sonido más naturalizado, y Song for Andre No.1, con tratamiento y base de bajo y batería sobre solo de guitarra, cierran la autoría de Frisell sellando una aportación tan decisiva como democrática. Manfred es un tema libre con nombre propio y un recorrido corto y abstracto.

The Declaration of Musical Independence aporta algo especial al jazz, se hace corto, lo que es bueno, y no pone obstáculos a una degustación sonora contemplativa, pero deja la impresión de que falta corporeidad. Es un disco singular en la carrera de todos los implicados, en especial para Cyrille, que sin Eicher como productor goza a su edad, como antes Paul Motian, de una oportunidad de crear habiéndose independizado de la necesidad de convencer.

 Player-ECMrecords-Kaddish


Andrew Cyrille: drums, percussion; Bill Frisell: guitar; Richard Teitelbaum: synthesizer, piano; Ben Street: double-bass
Grabado en Brooklyn N.Y. City, julio de 2014- ECM 2016-Distrijazz




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