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16 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Los dibus de antes tenían música


Cómo me gustaba el alegre y desinhibido grito de Pedro Picapiedra al salir del trabajo... Pese a ser algo duro de mollera, había veces que al escuchar ese contagioso ¡Yabba Dabba Doo!” uno querría ver a su padre repitiéndolo el sábado por la mañana, invitándonos a salir al campo. Añoro ver en familia estos dibu-jazz como La Pantera Rosa o Los Picapiedra


Por Jesús Gonzalo

Los personajes de Piedradura, el pueblo de 25.000 habitantes que tenían  casas adosadas, jugaban a los bolos, hacían barbacoas los domingos, conducían el ecológico troncomóvil y usaban electrodomésticos-con-animales que siempre se quejaban de su trabajo, vivían en plena era del “consumo  prehistórico”. The Flintstones, la serie de Hanna-Barbera que se emitió desde 1960 a 1966, era una imaginativa anacronía del american way of life de finales de los 50. 


Un mundo de consumo replicado en piedra cuyos personajes pertenecían a una mayoritaria clase media obrera que bailaba y se movía a ritmo de jazz

Pedro Picapiedra llegaba tarde al trabajo pero se iba pitando, dando un brinco por encima de su dinosaurio-excavadora en cuanto sonaba la sirena-pájaro que anunciaba el fin de la jornada laboral. Salía gritando ¡Yabba Dabba Doo!”...Los Picapiedra fue de las primeras series que estaban hechas para niños y adultos. La familia creció por ello con los bebés Pebbles Picapiedra y Bamm-Bamm Mármol, el hijo de su inseparable y paciente amigo Pablo. En el guión de la serie había problemas de pareja, de trabajo, de sociedad. Y eran una familia de la “prehistoria”... 

Los Picapiedra, inolvidable serie hecha de roca dura y jazz
Quizá la que guardo con más grato recuerdo sea ésta, Los Picapiedra. No era consciente de que casi todos los dibujos que me gustaban o llegaban desde la pantalla tenían música de jazz. Las series más famosas eran esta familia que vivía en Piedradura y la que venía anunciada por una sinuosa y traviesa figura rosa que dibujaba la melodía para saxo de Mancini en The Pink Panther. La Pantera Rosa no hacía un retrato social, lo suyo, y lo del Inspector Closeau con esos dibujos oblicuos de París, pertenecían a otro género, el surrealismola Pantera Rosa, personaje mudo e inexpresivo, podría ser Buster Keaton.

Dibus acompañados de jazz. Retrato de sociedad,  vehículo de expresión y de transmisión de valores. El recuerdo de una manera de compartir la creatividad y la música  desde la pequeña pantalla

Toda la familia reunida frente al momento dibujazz. Era jazz con orquesta abierta a ritmos latinos y mestizos. Pero esto venía de lejos, de cuando el jazz era la música más popular, pues ya acompañaba en blanco y negro a la pizpireta Betty Boop y desde 1930 lo podían escuchar en las fantasías animadas de ayer y hoy de los Looney Toons


La música para dibujos tenía que ser una herramienta descriptiva y narrativa a la vez, dotada de ritmo para favorecer el movimiento

Los Picapiedra y La Pantera Rosa son dibus de familia y también de individuos. No fueron los únicos, hubo otras series “menores” que hicieron uso del jazz. Tom y Jerry, los pequeños pero poderosos héroes –“si quieres tú también  puedes serlo”- Super ratón, “el único ratón que come queso vitaminado”, o La hormiga atómica, los sin par El Lagarto Guancho y Leoncio y Tristón, todos sonaban a jazz. 

Con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se inaugura una nueva era de la animación digital. Su exuberante mujer salió tras el telón de un cabaret cantando un viejo blues bajo la mirada babeante de los humanos presentes. Nadie entendía por qué tenía ese novio. Decía que estaba enamorada del conejo porque le hacía reír…¡Dibus!







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