INICIO

05 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El último blues de Cortázar

El cuento inacabado incluido en el primer tomo de las Obras Completas de Julio Cortázar sirve para cerrar la edición dedicada a sus Cuentos. En él, el escritor argentino, maestro del relato breve, vuelve a inventar situaciones que giran alrededor de personajes del mundo del jazz. La ficción sirve esta vez para perfilar la personalidad de una leyenda de la trompeta de los años 20...

Por Jesús Gonzalo

La historia está narrada en primera persona y en boca de mujer, y empieza de este modo: “Soy panameña y hace rato que vivo con Bix”, refiriéndose al legendario trompetista Bix Beiderbecke (1903-31), la respuesta blanca a Louis Armstrong.

Uno no puede por menos que sentir el palpitar del jazz en las palabras posesivas y penetrantes, en las metáforas y giros inesperados con las que Cortázar sella el vínculo entre lector y obra. Los relatos aúnan ficción y realismo, produciendo desconcierto al estar íntimamente ligados paradoja y elocuencia.

Cortázar-Bix

En Bix Biderbecke, como en El Perseguidor, texto inspirado por el también genio malogrado Charlie Parker, Cortázar sitúa la acción en un momento indefinido en la vida de este histórico trompetista de la década de 1920. El personaje principal de la mujer-amante, que señala una y otra vez que ella es panameña, intenta comprender su situación dentro del difícil comportamiento de un músico de corta vida dedicada al jazz. 

La dureza diaria que le acompaña esculpe el carácter introvertido de quien sólo encuentra alivio cuando toca: "Bix había sido, quiero decir era un hombre con problemas, aunque nadie parecía saber gran cosa de lo que le pasaba, simplemente no era feliz y aparte del jazz se la pasaba solo, con mucha gente, claro, pero solo y bebiendo cada vez más".

La protagonista narra una historia hecha de instantáneas, de retazos de una relación que se sobreentiende tiene una contraprestación que se deja sobre la mesa antes de salir. Habla de oídas, cree saber pero no sabe todo. Imagina lo que hay más allá de las paredes, viajes, orquestas, tal vez una fama efímera... Reconoce su forma de tocar cuando suena un solo en Jazz me blues: "...ese tema lo tocaron esa noche, había sido sólamente para mi, y supe que Bix me había perdonado". 

Sueña, tal vez, con ser algo más que una cara para Bix. “Yo siempre tenía un tubo de crema para curarle los labios”, dice la panameña. El abrupto final de un relato sin final deja un sabor amargo, un ruido de fondo que resuena silencioso en la habitación de arriba.


No hay comentarios:

Publicar un comentario