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21 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El baile de Madiba (la música de Nelson Mandela)


La gente se fascina con facilidad mientras los líderes intentan alimentar la adoración de su imagen. En el caso de Mandela, en cambio, hombre y héroe resultan cercanos y creíbles. Fue un líder con causa: la concordia. Junto a Gandhi o Luther King ha sido la última figura del siglo XX que cambió el curso de la historia por medio de una lucha pacífica. Antes humanista que político, a través de la música le conocí... 


Por Jesús Gonzalo


Sería finales de la década de los 80, o quizá a mediados...Lo recuerdo vagamente porque la adolescencia aún era el territorio deseado. La cuestión es que localicé a Sudáfrica en ese enorme continente... Buscaba con el dedo en un globo terráqueo que mis padres habían comprado para que aprendiéramos geografía. Con ese nombre sólo había que dirigir el dedo al extremo sur...La cosa vino de una mezcla entre noticia de telediario e imágenes de un video de Paul Simon para promocionar su disco Graceland, el videoclip entonces causaba estragos. Frente al televisor también vi, a modo de cierre del noticiario, un multitudinario concierto benéfico en un estadio de fútbol en Londres.

Todo eso era nuevo para mi. Tanto el tipo bajito (Paul Simon) que bailaba con un coro de cantantes negros vestidos con trajes típicos dando patadas en el aire (Lady Smith Black Mambazo) como ese macro-concierto de celebración en 1988 en Wembley. Me enteré que se hizo para celebrar el 70 cumpleaños de alguien llamado Nelson Mandela. Allí estaban algunos de los artistas británicos más famosos de los 80: Dire Straits, UB 40, Simple Minds, Phil Collins...



La música libera y une”

No me sorprendió la muerte de Mandela (18 de julio de 1918, 5 de diciembre de 2013). Desde que vi la película Invictus de Eastwood sobre la hazaña del equipo nacional de rugby tenía una sensación de despedida. Subo hasta el cuarto donde está parte de mi colección de discos...Me voy a la estantería de música africana. Busco uno en concreto porque es justo lo que quiero escuchar, una especia entre oración y regocijo: Bheki Mseleku a solas con su piano en Meditations. Recuerdo que lo compré muy barato, de saldo. Me gustó mucho. 

Justo al lado está uno que, este sí, tenía su buen precio...Era un recopilatorio de la escena joven jazzística sudafricana que me costó entender pero que luego me fascinó: Jazzin`Universally (Outernational Meltdown Sessions). Curioso, los dos discos de 1995 o así; por entonces, Mandela ya había llegado al poder, donde permanecería 5 años. Con su entrada al poder en 1994 había hecho de Nkosi Sikelel´i Afrika (“Dios bendiga África”) el himno nacional. 

Un poco más a la derecha en esa fila de discos están Hugh Masekela, Louis Moholo...y Johnny Clegg, claro. De de una certeza pianística como Bheki Mseleku a otra, Abdulah Ibrahim, el “antes llamado Dollar Brand”. Ya en el apartado de jazz, me dirijo al espacio dedicado a Charlie Haden que con la Liberation Music Orchestra recogió el himno del Congreso Nacional Africano para el disco The Dream Keeper (1990), muy oportuno en fecha, me digo, últimos días del Apartheid.


Madiba significa “venerable abuelo”

Dicen que Mandela era sincero, humilde, tozudo, detallista, valiente, crítico consigo mismo. Como político era pragmático, no atado a las rigideces del interés y la ideología de partido...Pienso que este hombre, más que político con carisma fuera de lo común, fue una buena persona que con su personalidad y fortaleza sirvió de catalizador de sentimientos y anhelos. 


El avance nunca es el resultado del esfuerzo individual, se trata siempre de un esfuerzo y un triunfo colectivos”

La cárcel, en la que ingresa en 1962 como el preso 46664, acusado de terrorismo, le forja como líder rebelde antes que revolucionario. No puedo por menos que pensar que en ese cambio, que dura unos larguísimos 27 años, la memoria de Gandhi y una reflexión ponderada y concienzuda parecen ser los motivos que originan esa transformación. Entendió que para vencer al odio primero hay que vencerlo dentro de uno mismo. El objetivo era la democracia, pero desde la tolerancia para conquistar la convivencia. Tenía más autoridad moral que nadie frente al régimen del apartheid por lo que había sufrido, pero también frente a los suyos para reclamar el perdón. Le costó conseguirlo.
Continúa la leyenda, suena su música... 




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