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28 julio 2016

RELATOS DE TIERAR Y MAR Eleva tu voz y canta

Eleva tu voz y canta
En el jazz, la voz debe ser considerada como un instrumento más. Blues que emerge desde dentro y prolonga su sentir de libertad haciendo partícipe a quien lo escucha... Lift every Voice and Sing... parece susurrar el viento. Su aliento agita las ramas de unos árboles cuya exuberancia en la penumbra convierte el sonido en un anhelo invisible y amenazador. 
Por Jesús Gonzalo


Las nubes se mueven despacio en un cielo medio abierto que anuncia tormenta, empujándose las unas a las otras en un baile lento y cadencioso. Sonidos de animales, o acaso eran personas haciendo el amor, brillan como trozos de estrellas suplicantes en noche de luna llena. Es el recuerdo o acaso una imagen que ronda por las estancias de una memoria infantil, la de Miles Davis, que se apunta en su autobiografía, entre sombras y leyendas. Su voz, su trompeta, tienen la enigmática seducción de un canto ancestral y moderno. 

Un estudioso decía que mientras “todo el jazz viene de la música vocal (work songs, spirituals, blues), el canto de jazz procede de la música instrumental”.  Quizá por ello, y por una variación temática que ha sido fundamental en el avance y diversificación de esta música, la mayor parte de sus cantantes han desarrollado su estilo más desde fuera que desde dentro de él. Lo cierto es que la invención de un estilo conlleva tanto esfuerzo y dedicación para una trompeta como para la voz. Que se lo pregunten si no a Louis Armstrong, Nat Cole, Nina Simone o Shirley Horn...

 Si bien en el periodo clásico, de pilares en el canto femenino como Bessie Smith, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sara Vaughan o Carmen McRae, la construcción de un estilo venía dada en gran medida -no exclusiva- por el talento y la capacidad autodidacta del músico, hoy en día el mundo académico promueve la excelencia técnica de la expresión y del sonido, aunque esa “estandarización” del virtuosismo no garantiza construir un estilo personal. El arte, como el de los citados, es una forma de liberación que rompe con los dictados del tiempo, que son los de la muerte. Prueba de ello es su vigencia como clásicos. 





El vínculo con el pasado es motor de avance. Inventar hacia atrás no es una anacronía, conformarse con reproducir o suplantar algo sí lo es. En realidad, gran parte de los cantantes se han visto movidos por la canción que hay fuera del jazz, ya fuera el pop o la música popular de su tiempo, desde los años 30 hasta hoy. Por ejemplo Frank Sinatra, alguien que fusionó estilos que iban del swing y el rhythm & blues a la bossa y los standards, pero dentro de un formato y una sonoridad que reconocemos como jazzística. Cantantes nacidos al calor de las melodías de Broadway (Gershwin, Berlin, Porter), los crooners (Torme, Hartman) llegan hasta hoy. En medio, alguien como Al Jarreau rompe con todas las facetas de estilo posibles. Se trata de concitar a otros géneros, el rock, el soul, el folk, el country-blues, el hip hop... Cassandra Wilson.


En la corriente del blues que viene del gospel y llega hasta el soul, se trata de una escena vasta y variada que se corona con Ray Charles y llega hasta Stevie Wonder. Pero si alguien ha cantado el jazz como nadie, siendo fiel a las esencias y a la modernidad, esa es Betty Carter. Ella decía al jazz, lo pronunciaba sílaba a sílaba, intimaba lenguaje jazzístico e instrumento vocal. Luego está la modernidad. Una manifestación culta e intelectual basada en una expresión discursiva y musical al mismo tiempo. Literatura y poesía, las maneras de Jeanne Lee, Abbey Lincoln, Sheila Jordan, Norma Winston...


Entiendo a la voz como entiendo al clarinete, a la guitarra o al contrabajo. Decían de Monk que tocaba el piano como un trompetista, de Gene Ammons que lo hacía como la cantante Dinah Washington y, en este sentido, encuentro que el también saxofonista y valor actual Darius Jones  sugiere a Nina Simone. Disfruto de las posibilidades que la voz brinda cuando participa de la expresión (sonido y gestos), de la técnica (vocal y musical), de la improvisación (fijada y libre), del folclore (del flamenco o las runas), de la literatura y el teatro, de la tecnología (Theo Bleckmann) y del espacio físico...



La voz tiene que conmover por su personalidad y capacidad para comunicar, haciendo posible la melodía mejor contorneada o el grito más desgarrador, el gozo y el llanto, tiene que trasmitir emoción, intensidad y verdad. Como un instrumento más.





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