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28 julio 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR -Desde la segunda fila


El viajero del jazz empieza a entender los senderos de su nuevo destino cuando los sonidos le son favorables. Las buenas músicas son como vientos que nos empujan lejos de las limitaciones y penurias de la tierra para favorecer el vuelo. Una mirada inocente lo descubre 

Por Jesús Gonzalo

La inocencia es algo cercano y ajeno a la vez, algo que percibimos como un sentimiento profundo e irrecuperable. Un sentir que ni en una mirada introspectiva alcanzamos a palpitar su latido interior. Tiene que ser la mirada infantil la que nos rescate de la miseria cotidiana -vulgar, paranoica y violenta–en la que nos vemos inmersos. La música, arte mayor abstracto y efímero, tan sentido y penetrante como sensible debe ser la piel de quien la recibe y absorbe, es también una manifestación de inocencia, de verdad manifiesta que llega y se va, tan irrepetible como el verbo que se hace música sin anunciarse, tan pasajera e intensa como unas bellas y únicas notas improvisadas.

La inocencia y la curiosidad están ahí, en los pequeños detalles que sólo captan los ojos de esos grandes músicos que ya son ancianos y que concentran todo su saber en el menor de los frascos, o en el brillo vívido de la mirada de un niño. La inocencia le pertenece a uno, es un sentimiento puro que hace visible la transparencia perdida con la imperceptible erosión del presente.

The Dance, Marc Shagall, 1951

Ana tiene 10 años y ha encontrado en la música una ilusión que los dañados adultos convertimos en un instrumento de evasión o lucha, en una necesidad cultivada o vulgar. Ana sigue al jazz de la mano de su padre. Cuando hay un festival en verano, día tras día, haciendo cola si es preciso, encuentra su lugar preferido en la segunda fila. Desde ese privilegiado puesto saca su bloc de dibujo. En él inmortaliza a su edad una sensación que a muchos nos supera pero que para ella es pura aventura, puro aprendizaje, la esencia de las cosas. 

Sin pinceles intelectuales, sin borrones de vanidad, Ana pinta e improvisa a los músicos sin quizás saber que inmortaliza un instante irrepetible en su vida.



RELATOS DE TIERAR Y MAR Eleva tu voz y canta

Eleva tu voz y canta
En el jazz, la voz debe ser considerada como un instrumento más. Blues que emerge desde dentro y prolonga su sentir de libertad haciendo partícipe a quien lo escucha... Lift every Voice and Sing... parece susurrar el viento. Su aliento agita las ramas de unos árboles cuya exuberancia en la penumbra convierte el sonido en un anhelo invisible y amenazador. 
Por Jesús Gonzalo


Las nubes se mueven despacio en un cielo medio abierto que anuncia tormenta, empujándose las unas a las otras en un baile lento y cadencioso. Sonidos de animales, o acaso eran personas haciendo el amor, brillan como trozos de estrellas suplicantes en noche de luna llena. Es el recuerdo o acaso una imagen que ronda por las estancias de una memoria infantil, la de Miles Davis, que se apunta en su autobiografía, entre sombras y leyendas. Su voz, su trompeta, tienen la enigmática seducción de un canto ancestral y moderno. 

Un estudioso decía que mientras “todo el jazz viene de la música vocal (work songs, spirituals, blues), el canto de jazz procede de la música instrumental”.  Quizá por ello, y por una variación temática que ha sido fundamental en el avance y diversificación de esta música, la mayor parte de sus cantantes han desarrollado su estilo más desde fuera que desde dentro de él. Lo cierto es que la invención de un estilo conlleva tanto esfuerzo y dedicación para una trompeta como para la voz. Que se lo pregunten si no a Louis Armstrong, Nat Cole, Nina Simone o Shirley Horn...

 Si bien en el periodo clásico, de pilares en el canto femenino como Bessie Smith, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sara Vaughan o Carmen McRae, la construcción de un estilo venía dada en gran medida -no exclusiva- por el talento y la capacidad autodidacta del músico, hoy en día el mundo académico promueve la excelencia técnica de la expresión y del sonido, aunque esa “estandarización” del virtuosismo no garantiza construir un estilo personal. El arte, como el de los citados, es una forma de liberación que rompe con los dictados del tiempo, que son los de la muerte. Prueba de ello es su vigencia como clásicos. 





El vínculo con el pasado es motor de avance. Inventar hacia atrás no es una anacronía, conformarse con reproducir o suplantar algo sí lo es. En realidad, gran parte de los cantantes se han visto movidos por la canción que hay fuera del jazz, ya fuera el pop o la música popular de su tiempo, desde los años 30 hasta hoy. Por ejemplo Frank Sinatra, alguien que fusionó estilos que iban del swing y el rhythm & blues a la bossa y los standards, pero dentro de un formato y una sonoridad que reconocemos como jazzística. Cantantes nacidos al calor de las melodías de Broadway (Gershwin, Berlin, Porter), los crooners (Torme, Hartman) llegan hasta hoy. En medio, alguien como Al Jarreau rompe con todas las facetas de estilo posibles. Se trata de concitar a otros géneros, el rock, el soul, el folk, el country-blues, el hip hop... Cassandra Wilson.


En la corriente del blues que viene del gospel y llega hasta el soul, se trata de una escena vasta y variada que se corona con Ray Charles y llega hasta Stevie Wonder. Pero si alguien ha cantado el jazz como nadie, siendo fiel a las esencias y a la modernidad, esa es Betty Carter. Ella decía al jazz, lo pronunciaba sílaba a sílaba, intimaba lenguaje jazzístico e instrumento vocal. Luego está la modernidad. Una manifestación culta e intelectual basada en una expresión discursiva y musical al mismo tiempo. Literatura y poesía, las maneras de Jeanne Lee, Abbey Lincoln, Sheila Jordan, Norma Winston...


Entiendo a la voz como entiendo al clarinete, a la guitarra o al contrabajo. Decían de Monk que tocaba el piano como un trompetista, de Gene Ammons que lo hacía como la cantante Dinah Washington y, en este sentido, encuentro que el también saxofonista y valor actual Darius Jones  sugiere a Nina Simone. Disfruto de las posibilidades que la voz brinda cuando participa de la expresión (sonido y gestos), de la técnica (vocal y musical), de la improvisación (fijada y libre), del folclore (del flamenco o las runas), de la literatura y el teatro, de la tecnología (Theo Bleckmann) y del espacio físico...



La voz tiene que conmover por su personalidad y capacidad para comunicar, haciendo posible la melodía mejor contorneada o el grito más desgarrador, el gozo y el llanto, tiene que trasmitir emoción, intensidad y verdad. Como un instrumento más.





26 julio 2016

HAMASYAN-HENRIKSEN-AARSET-BANG Atmosphères

Tigran Hamasyan – piano
Arve Henriksen – trumpet
Eivind Aarset – guitar
Jan Bang – sampling and live electronics
Grabado en junio de 2014 en Lugano. ECM Records 2016


La primera vez que el sonido frondoso, de gran pulsión y trenzado rítmico del pianista armenio Tigran Hamasyan llegó hasta nosotros fue con el disco Red Hail. Grabado en California en 2008, ilustrado por una desafortunada portada, la música que contenía era un vigoroso y abigarrado cóctel de rock, folclore autóctono y veloces y líricas frases yuxtapuestas de voz e instrumentos. En resumen, un sonido potente y de fusión que parecía ir en paralelo al virtuoso trabajo de autores de su generación como Rudresh Mahanthappa

El siguiente tardó en llegar. En 2015 Lyus i Luso (luz de luz) ofrecía una visión completamente distinta y suponía su aterrizaje en ECM dentro de sus New Series. Había sobradas razones para ubicarlo allí, pues se trataba de reinterpretar música sacra armenia de autores separados siglos entre sí (la iglesia armenia es una de las más antiguas del catolicismo). El interés de Manfred Eicher en esa región viene de  lejos y se refleja, por ejemplo, en las densas y depresivas publicaciones de Tigran Mansurian, y ya antes lo había puesto de manifiesto enviando a su más versátil y sólido embajador, Jan Garbarek, a participar de la música de los compositores georgianos Giya Kancheli y Jansug Kakhidze. En ese trabajo de debut para ECM New Series, Hamasyan improvisa sobre modos no jazzísticos apoyado por los tejidos vocales del coro de la capital de Armenia, Yeveran. 


Armenia y Noruega 
Hamaysan ha pasado del soplo de aire fresco enérgico, lírico y recargado de sus inicios a la liviandad de unos clichés de producción de ECM desfasados y absorbentes 

Una vez dentro de ECM llegar a la escena noruega no es difícil. Como decimos, hay precedentes de este sonido en planos atmosféricos entre los que sobrevuelan melodías de raíz folclórica realizados por Jan Garbarek en los 80 o ya a finales de los 90, aún más cerca de lo que significa esta producción, por Nils Petter Molvær. Entonces Garbarek usaba delays que prolongaban su voz, ahora la tecnología ejerce una modificación en tiempo real sobre la difusión del sonido.

La fusión con nuevas herramientas electrónicas en el jazz escandinavo tuvo su momento álgido con la publicación de trabajos como el Khmer del trompetista antes citado o los que publicaron Bugge Wesseltoft y uno de los aquí convocados, Eivind Aarset, ambos en el sello Jazzland Records. Las últimas obras en las que han intervenido músicos de esta escena para este sello han sido ejercicios frustrados por incorporar tecnología a fundamentos acústicos con impregnación de sonidos étnicos: Michel Benita este mismo año en River Silver Jon Hassell en el decepcionante Last Night the Moon Came Dropping its Clothes in the Street de 2009.


Se abusa de las capas de sonido para enmascarar la profundidad de un planteamiento melódico rico en matices tradicionales, aunque siempre apesadumbrado y aquí diluido entre "atmósferas de presión"

Atmosphères es un título sugestivo poco original, y eso mismo sucede a lo largo y ancho de un disco doble en el que sólo del segundo se pueden extraer algunos instantes de cierta trascendencia musical y de interacción de conjunto. La obra de Ligeti del mismo título escrita en los 60 del siglo pasado tuvo -y tiene aún hoy- más fundamento sobre la construcción de masas de sonido. Sobre todo cuando dejamos de por medio toda la ingente -y banal- creación que el ambient de Brian Eno ha inspirado. Justamente aquí entramos en conflicto. El coro que acompaña a Hamasyan en su disco sobre música sacra armenia genera más vida que toda la tecnología que respira este trabajo artificialmente (pero sobre todo de manera desfasada pese a su pulcritud). 

Se abusa de las capas de sonido para enmascarar la profundidad de un planteamiento melódico rico en matices tradicionales aunque siempre apesadumbrado y, aquí, diluido entre "atmósferas de presión". El tocar percusivamente el piano sobre las cuerdas para cubrir registros graves y crear figuras rítmicas, es decir, para introducir materia en la antimateria, no basta. Tampoco por más que las figuras agudas de la sinuosa trompeta intente trazar (los citados Jon HassellNils Petter Molvær anidan en Henriksen) senderos en la espesura. La música transcurre sin captar la atención y, por su puesto, sin llegar a rozar la emoción.

Hamaysan viaja a Noruega y se lleva a Komitas, el referente compositivo de Armenia del gusto de ECM. El pianista consiente en el tratamiento y participa de este subproducto vaporoso y efímero. El soplo de aire fresco enérgico, lírico y recargado de sus inicios cede paso a la liviandad de unos clichés de producción de ECM desfasados y absorbentes.  

ECM Records distribuido en España y Portugal por Distrijazz




23 julio 2016

JAN GARBAREK Historia de un sonido


  JAN GARBAREK

Constructor de la personalidad de un sello imprescindible en las músicas contemporáneas como ECM, desde que fuera invitado por su fundador Manfred Eicher para su debut en Afric Pepperbird, la prolífica e inquieta obra del saxofonista noruego se ha nutrido de múltiples experiencias culturales y de la inmersión en la suya propia, para alcanzar orillas poco transitadas por un músico de jazz

Jan Garbarek y Manfred Eicher en los 70 en el Talent estudio de Oslo

Desde 1967, Garbarek desarrolla un lenguaje abierto al diálogo y a la improvisación que conjuga las personalidades del free-jazz-folk de John Coltrane y Don Cherry y la inclusión de un folclore propio conectado con el de la India. A estos elementos se suma una visión de la música clásica que vincula a Grieg y Kancheli. Todo ello da lugar a un campo explorativo sobradamente fértil para la construcción de una obra que es referente de la música contemporánea sin etiquetas.

Todas esas aventuras musicales que aquí recogemos, iniciadas en 1966 al lado del magisterio de George Russell, padre intelectual de la Tercera Corriente, se fueron construyendo y ampliando en ECM, haciéndose nítidas en cada encuentro en las primeras décadas de los 70 y 80 y difuminándose, desde mediados los 90, en un éter de estilo que hoy es eco del pasado. 



Esta imprescindible guía de escucha de Jan Garbarek (4 de marzo de 1947) forma parte de una producción que cuenta con más de 40 trabajos a su nombre e incontables colaboraciones. Subraya también esta selección la trascendencia de un músico que para quien esto suscribe fue durante años referente indiscutible de descubrimiento y gozo, de espíritu libre. Quizá por ello él siempre dijo que su motivación creativa antes que deberse a la curiosidad se debía a algo espiritual: el vínculo con Coltrane sigue vivo. 
“Fuego en el hielo”: sobre Garbarek ha recaído durante décadas el peso de los estereotipos fáciles basados en la idea del norte, el frío y la identidad del jazz noruego en contraste con el ardor que desprende su saxo
Fundación del jazz escandinavo 

"Cuando las estrellas estadounidenses del jazz venían a Noruega le solían hacer entrevistas en la radio. A finales de los 60, Don Cherry se interesó por el folk de nuestra región y quiso escuchar a cantantes tradicionales. Cuando contactamos con él, un día que tocamos juntos, pidió incorporar a nuestro grupo a un cantante. Nosotros, claro está, sabíamos de la escena folk noruega, salíamos a tomar cervezas con ellos y todo eso, pero jamás se nos hubiera pasado por la cabeza meter folk en medio de la música que hacíamos. Arild, Jon, Terje y yo le estaremos siempre agradecidos por ello" Jan Garbarek

En Noruega, los veinteañeros Jan Garbarek, Terje Rypdal, Jon Christensen y Aril Andersen eran considerados poco menos que incendiarios, 4 visionarios que estaban poniendo el jazz escandinavo patas arriba. Su atrevimiento y descarada suficiencia técnica estaba poniendo la escena nórdica en órbita tomando como referencias el avant-garde jazz de finales de los 60 y una relectura expansiva de la intensidad del free y el rock, que nacía de los paisajes naturales aislados y de una respiración introspectiva.

Cuando Garbarek entra en el estudio a grabar Afric Pepperbird con 23 años (disco publicado el 1 de enero de 1971 que tiene de precedente Esoteric Circle en 1969) ya disponía de todos los recursos como instrumentista. Fueron años de aprendizaje intensos, en los que un sonido post-Coltrane servía de lanzadera a unos jóvenes músicos que querían ir más allá uniendo free-jazz con rock y libre improvisación. Este sonido del grupo cambió totalmente de rumbo al incorporar el lirismo introspectivo del piano de Bobo Stenson en Sart.


1970
1971

1973

1976

Siendo músicos jovencísimos, Bobo Stenson y Jan Garbarek habían consolidado una alianza en cuarteto desde comienzos de los 70 que no sólo señalaban senderos para el nuevo jazz nórdico sino también del posterior europeo. Su fórmula en cuarteto, tomando de referente el histórico de Coltrane (evidente en el tema Desireless contenido en Witchi-Tai-To), unía el paroxismo de tenores post Coltrane como Albert Ayler, la visión de Don Cherry pero también la construcción más fluida y menos enfática del quinteto de Miles Davis.

Dansere ya incorporaba con gran fluidez espacios de libertad improvisatoria, música clásica y folclore escandinavos con la tensión y empuje de un conjunto jazzístico. Temas como Skrik & Hyl (saxo y contrabajo con arco, emitiendo gritos agudos a dos voces y casi rozando sus líneas, establecen un formidable canto nómada sacado del folclore ancestral) o Svevende ponen de manifiesto un giro hacia la tradición del folclore escandinavo sin retorno.

El cuarteto que mantuvieron Stenson y Garbarek en los 70 era conocido en todas partes de Noruega, de la más remotas y aisladas a las más urbanas. Tocaron mucho en directo y construyeron en muy poco tiempo una fórmula irresistible. Pese al tiempo transcurrido, constituye una fuente inagotable de inspiración, libertad creativa e identidad sobre el folclore propio para cualquier grupo europeo. 


Alianzas que hacen historia

1979/2012


Para cuando se publica Dansere en 1976, del cuarteto de Garbarek y Stenson, la nueva y rutilante alianza con Keith Jarrett en Belonging ha salido en octubre de 1974. La disolución del cuarteto americano de Jarrett, con Paul Motian, Charlie Haden y Dewey Redman, posibilitó un traslado como plantilla a un contexto que, como decimos, ECM venía posibilitando en su "idea del norte". Este intercambio dejó a Bobo Stenson sin grupo.



Relevado en su instrumento por la estrella indiscutible del sello tras el éxito del Köln Concert, el nuevo grupo de Jarrett mantendría un vínculo muy fuerte con lo ya expuesto, y aunque Jarrett aportaba su estilo y composiciones, dando énfasis melódico y poli-rítmico e impulsando formas libres de imrpovisación, podría decirse que fue él quien se adaptó a este contexto "nórdico" y no al revés.

El repertorio lo componen melodías sencillas, agradables al oído y de inmediata implicación emotiva las que se inspiran en una inaudita, hasta entonces, articulación basada en el folklore noruego por Garbarek y el blues-folk de creciente interés por la música popular latinoamericana (My song es un esperanzado espejo de  los tiempos convulsos que vive ese continente) por parte de Jarrett. Desde una perspectiva actual, esta música, como el mismo Köln Concert, podría ser entendida como “pop” .


Dejaron joyas como la citada My SongPersonal Mountains o éste Sleeper, disco doble recogido de directos de 1979 y publicado en 2012 .



1981/2012


Garbarek estaba dentro del cuarteto de Jarrett cuando este grupo empieza a funcionar. Su sonido se va despegando de un estilo propiamente jazzístico hacia una enunciación basada en el folclore, que toma impulso en el propio escandinavo y se extiende como discurso a través de sus colaboraciones en el sello, entre ellas con Ralph Towner en el destacado Dis (1976). Si Gismonti volvió a Brasil desde París para tocar la guitarra y encontrarse a sí mismo, Garbarek explora melodías con acervo noruego en su inmersión tradicional a través también de la flauta, de la que adopta matices de color e intensidad en el saxo soprano. Haden ve el folclore desde una posición intelectual con la LMO, leyendo con soltura e inventiva colectivas las canciones de la Guerra Civil Española y el cancionero revolucionario cubano.

En estos datos hay dos elementos subyacentes que resultan esenciales para entender este encuentro: música de inspiración latinoamericana y guitarra. Esto lo encontramos ya en una cita previa, más enfocada sobre una música panorámica y coral en Sol Do Medio Dia (1977).


Este trabajo en directo completa el legado contenido en esas dos joyas de estudio que son Magico y Folk Songs, grabaciones muy cercanas en el tiempo, realizadas entre el verano y el otoño de 1979

Música clásica, improvisación y folclore, dotada de gran respiración melódica, son los pilares de este trío. Egberto Gismonti, continuador del mensaje de Heitor Villalobos, es quien más escritura aporta. Su dualidad como instrumentista dota de dos perfiles distintos a este disco, preferible, a nuestro entender, es el guitarrístico por el sonido y la técnica de piano que aplica a las guitarras

Folclore imaginario con un mensaje que llega hasta hoy sin oponer apenas resistencia al pasado.


1994

Garbarek siempre se sintió atraído por el folclore, tanto noruego como oriental. Eicher, por su parte, insistía en descubrir “nuevas formas” en la música antigua añadiendo instrumentistas de la escena improvisada en contextos barrocos. Al fenómeno inusitado de superventas de la Tercera Sinfonía de Henry Gorécki le siguió esta fórmula imaginada por Eicher a través de un viaje en coche por las solitarias tierras volcánicas de Islandia, mientras escuchaba a Cristrobal de Morales

Se trata de hacer música coral para 5 voces pero una de ellas se recrea improvisando. Arcos góticos ascienden apoyados columnas sobre las que florecen los capiteles que salen del saxo de Garbarek. El matiz profano y el religioso de piezas de hace siglos se transforman en contemporaneidad.


Este proyecto ha seguido en activo hasta la disolución del cuarteto de voces británico en 2014. Ha publicado tres discos y el primero de ellos, Officium, "del que yo pensaba que como mucho tendría un promedio medio de ventas", dijo Garbarek, ha sido el segundo disco más vendido de ECM después del Köln Concert.

Viaje al Norte

Con el tiempo, Garbarek se alejó de las escalas jazzisticas de Coltrane y del sonido "clásico" de saxofón incorporando modos (era una construcción modal la que usaba) del folclore, a los que añadió flautas y técnicas que favorecían el monólogo (delays y overdubbing), profusamente usado en ECM, un sello de clara demarcación acústica e interesado en la improvisación solista y la amplitud de espacios. Lo realmente significativo es que ese alejamiento del jazz se nutre de una imagen introspectiva de su propia tradición musical noruega (sería el caso de Rosenfole) y por otro de un aperturismo dialogante con la India.



Eventyr (1981) cuenta con la guitarra eléctrica de John Abercrombie y las percusiones de Naná Vasconcelos. Supone, ante esa inusual y vibrante combinación de instrumentos, una cita señalada. Pese a la disparidad, el camino señalado apunta claramente hacia el norte. Abre el paso a una obra mayor como Legend of the Seven Dreams (1987), que con su sonido antiguo y rural sabiamente actualizado por teclados y las percusiones metálicas de Vasconcelos describen la espaciosidad de los paisajes e introduce la inmersión en Runas vikingas medievales y cantos del pueblo Sami que trae Ronsenfole (1988) 

Garbarek hizo de productor y como multiinstrumentista (saxos, teclados, percusiones) en un cancionero típico que interpretaba la cantante folk noruega Agnes Buen Garnas. Los arreglos efectuados a estas melodías respetaban las esencias originales y la interpretación vocal, aunque el decorado instrumental fuera otro. Rosensfole ha definido durante décadas -y aún hoy- producciones con cantantes femeninas en la unión de folk y grupo instrumental típico o de jazz más improvisación (Agram, de Lena Willemark y Ale Möller), pero también de música antigua.



Estos trabajos de marcado perfil noruego y ligados entre sí por hilos no evidentes (quizá Vasconcelos sería el vínculo), definen la producción más personal de Garbarek en los 80. I took up the runes (1989) tiene su germen vez en la autenticidad y desnudez de Legend of the seven dreams (a su vez ligado a Eventyr), un compendio de respiración abierta y restringido en las duraciones, de improvisación y folk ancestral. Obra absolutamente moderna también por su respiración medieval, incorporando el sonido de clave en teclados (Voy cantandoBrother wind).

Desde 1990, fecha de publicación de uno de los proyectos decisivos en su carrera como I took up the runes, Garbarek sigue configurando sus proyectos instrumentales sobre la base de este lejano trabajo último de su etapa de exploración del folclore propio.




La incuestionable personalidad  de Jan Garbarek, su inimitable sonido, punzante o matizado hasta el silencio, circular y elevado hasta el cielo, su apertura a canales de expresión más allá del jazz y una obra trascendental con la que se entienden otras muchas músicas, hacen oportuno este reencuentro

Viaje a Oriente


El 26 de noviembre de 1984, en el local Sob`s (Sounds of Brasil) de Nueva York, tiene lugar el concierto de un grupo llamado The Collective integrado por Naná Vasconcelos, el violinista L.Shankar, la percusión de Trilok Gurtu y la cantante Caroline Morgan. El percusionista brasileño era colaborador de Garbarek desde hacía años, habiendo coincidido por vez primera en Sol do Meio Dia de Gismonti en el 77. Dos meses antes, en septiembre del 84, se graba Song for everyone, que comienza con el arrebatador Paper Nut, un tema híbrido de música indostaní con percusión de tablas y tecnología de cajas de ritmos de la época. Los solos de Garbarek, tanto en este comienzo como en el no menos liberador Making Music, que abre el disco del mismo nombre, son antológicos.

Si se buscan se encuentran sorprendentes vínculos (indoeuropeos) entre la música tradicional noruega respecto a otras tan alejadas como la de la India. En esa búsqueda realizó discos de enorme influencia para lo que ya se conocía a mediados de la década de 1980 como "world music", término vinculado al que acuño Don Cherry muchos antes: "multikulti". 

Song for everyone (L.Shankar-Trilok Gurtu-Zakir Hussain) y Making Music (Zakir Hussain-Hariprasad Chaurasia, John McLaughlin), éste más dentro de un enfoque de música clásica india sobre todo por la flauta, fueron trabajos marcados por una línea de producción típica de los 80, aunque estaban adelantados a su época. Algo que no se había visto en el sello excepto por los excepcionales trabajos de Collin Walcott y los tres de Codona.

Años más tarde llegaría  un título que resume el encuentro entre tradiciones musicales y culturales muy alejadas: Noruega y Paquistán. Ragas & Sagas cuenta con los maestros Ustad-Fateh Ali Khan a la voz y Ustad Shaukat Hussain a las tablas, entre otros instrumentos paquistanís y la batería siempre hábil y contagiosa de Manú Katché.



1985
1987


1992
1994


Por su parte, Madar intenta afianzar el reciente desembarco del laudista tunecino Anouar Brahem en ECM con un conjunto básico magrebí. Aquí se concitan el mundo sufí y el  de los vientos del noruego, ambos tendentes a una mirada introspectiva y espiritual. Pese a no resultar demasiado redondo el encuentro, Madar sienta las bases para una de las obras más recordadas en el intercambio entre músicas occidentales y orientales: Thimar (1998) con Brahem, Dave Holland y Jonh Surman


" Hace tiempo que trabajo en conceptos de producción de estudio. Al final siempre tengo que añadir mi saxofón, pero puede que algún día no lo haga... "

Búsqueda de un sonido panorámico

Fiel a una búsqueda sin retorno, su obra ha emprendido caminos inciertos que se deslizan en estos últimos 20 años desde el anodino Visible World (1996). Este trabajo tiene dos antecedentes en los 90: Twelve Moons y Rites. Los criterios formales jazzísticos (“el jazz es una abstracción en sí misma”) se han diluido definitivamente en favor de una improvisación aplicada a las raíces folclóricas, cualesquiera que sean éstas, aunque siempre teniendo como espejo cultural a Noruega.


Twelve Moons es una secuela ampliada y light de I took up the runes. Esa línea consanguínea la hacen posible veteranos compañeros como Rainer Brüninghaus, Eberhard Weber y en la posición de percusión-batería Naná Vasconcelos/Marilyn Mazur/Manú Katche/Trilok Gurtu, núcleo, antes dicho, que ya se configura hasta hoy como básico 

1993
1998

En Rites, disco doble con un pie en el pasado y otro en lo que ofrecerá, hay temas nuevos, revisiones, homenajes y rescate de tesoros musicales. Tras colaborar con Giya Kancheli en Night prayers, entra en contacto con Jansug Kakhidze, de quien incluye la sentida y hermosa The moon over Mtatsminda . El homenaje para Don Cherry llega con una maravilla de sencillez  en un tema que escribió para Codona. En Malinye, Cherry es como si hubiera escuchado las voces de los pobres del planeta.  

Pero el agotamiento creativo ya aparece claramente en Rites cuando incluye revisiones de temas suyos como So mild the wind, so meek the water, del disco en solitario All those born with wings (1987) o It`s Ok to listen to the gray voice (1985), de la grabación del mismo título.


Presente de un sonido en directo


2009

Jan Garbarek (st, ss), Rainer Brüninghaus (p, tecl), (b), Yuri Daniel (elec.b), Manu Katché (bat) 
Octubre de 2007, Dresde, Alemania. ECM


En Dresden, recuperado cierto pulso jazzístico en directo y llevando a viejos colaboradores como Rainer BrüninghausManu Katché (o Trilok Gurtu) y el bajista eléctrico brasileño Yuri Daniel (en la posición de Eberhard Weber, que se retiró por enfermedad), Garbarek echa la vista atrás para revisar el sonido con el que hizo posible algunos de los mejores trabajos antes expuestos (a partir de I took up the runes)


La incuestionable personalidad de Garbarek sigue presente. Aunque insista en llamar “Grupo” y no “Cuarteto” a esta veterana formación para desligarse de connotaciones jazzísticas, se hace difícil conseguir resultados distintos o mejores que aquéllos que dejó. Cuando cuenta con los mismos recursos instrumentales y preserva el pasado, su intención resulta testamental.

Fotos Garbarek principales: Guri Dahl

ECM Records distribuido en España y Portugal por Distrijazz





















20 julio 2016

CINE- MILES AHEAD (Miles Davis biopic)

Esperando la música del mañana

Sin mirar atrás, siempre hacia adelante. Miles Ahead fue un álbum importante de 1957 que precede a Sketches of Spain y a la obra maestra del jazz modal Kind of Blue. En esos años conoce a Frances, su primera mujer. Apenas una década más tarde su matrimonio se agota al mismo tiempo que su quinteto histórico. Inicia la etapa eléctrica y entra en un periodo vital turbulento que le aparta de la creación y de su trompeta. Es un día cualquiera, otro en vacío, en la vida de Miles, entre 1975 y 1980...


“Mi principal actividad en esos años era beber Heineken y coñac y esfinar cocaína. No me arrepiento. Sé que no soy la persona más dotada del mundo para cuidar de mi mismo y tener la casa ordenada y limpia”  

Nada mejor que las palabras del protagonista, recogidas en su autobiografía, para visualizar el decorado vital de Miles Davis que recrea esta película de pulso ágil y algo disparatado, que pivota sobre hallazgos visuales entre memoria y presente y que adopta un tono irreverente y estrafalario, como el vestuario de entonces de Miles Davis. Porque si hablar de la música de Miles es algo serio, hablar de la vida y avatares que recrea esta película resulta tragicómico. Es precisamente la unión del despropósito diario en su comportamiento con recuerdos y anécdotas de la biografía musical y sentimental del protagonista, conducida  por la admiración que profesa el siempre sólido y convincente actor, aquí también director y trompetista Don Cheadle, lo que confiere personalidad a esta película.

 
La aventura de su quinteto de la segunda mitad de los 60 supone el fin del jazz clásico.  La elegancia y sobriedad en las formas, los trajes de etiqueta en su cuidado vestuario marcan un antes y un después. Su música no miró nunca al pasado 
Miles Davis reinventó el jazz y dio un impulso a la música del siglo XX varias veces a lo largo de su vida. El quinteto formado con Herbie Hancock, Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams, que aquí "aparecen" ensayando una versión de Nefertiti, representa la cúspide de modernidad y libertad del jazz como género. Tras su disolución se inicia la etapa eléctrica en 1969, un cambio musical y estético abierto a la música popular y de grandes masas del rock (Woodstock), que supone una ruptura con los cánones establecidos en su propia trayectoria.


Esta revolución no estuvo falta de polémica y de presiones por parte de la industria discográfica, que añoraban el éxito que trajo Kind of Blue diez años antes. A principios de los 70 Miles ya había explorado el sonido de fusión eléctrica de jazz-rock-funk en obras de estudio históricas como Bitches Brew y On the Corner o el directo Live -Evil. En 1972 sufre un accidente de coche que le afectó gravemente a sus piernas y que le aparta temporalmente de la actividad, empujándole a cierta reclusión en su espaciosa casa de Nueva York. Pero hacia 1974 su búsqueda de un sonido nuevo se convierte en obsesión paralizante y abre la puerta a un periodo tormentoso y decadente que le aleja de la creación y de su trompeta durante casi 5 años. 


"La acariciaba, la miraba, pensaba tocarla, o pensaba que lo intentaba por lo menos. Al cabo de un rato me olvidaba de ello porque estaba ocupado en otras cosas, en cosas que en su mayoría no eran buenas para mi"
Miles lleva una vida apática, su casa es un auténtico caos, naturaleza muerta de lo que pasa por su cabeza. Tan sólo un presentador de radio lo saca de su indiferencia cuando habla con alabanzas de su música y de su obra maestra Kind of Blue, el tipo de trabajo que debería condicionar a un creador de por vida. Pero no a Miles. Furioso, llama a la emisora, le insulta y le dice que ponga Sketches of Spain, que se sabe era de las pocas obras del pasado por la que sentía aún debilidad. 

Su carácter, siempre de trato difícil, se hace aún más antipático dadas las circunstancias. Un periodista molesto, un incordio de tipo, se mete en su casa para hacerle una entrevista sobre su posible vuelta. Un tal David Brill (Ewan McGregor) dice que trabaja para Rolling Stone, pero no se sabe muy bien para quién lo hace. Pese a su impertinencia, acaba estableciendo un vínculo de necesidad primero y seudo-amistad después que le lleva a correr una aventura disparatada y surrealista.
Historia rocambolesca llevada por la recuperación de una misteriosa cinta que contendría el material inédito que marcaría su vuelta a la actividad, la película es un cóctel extravagante que mezcla detalles y anécdotas de la difícil personalidad de un genio de la música

Entremedias de esa narración, Miles se siente aún atrapado y a veces perseguido por el recuerdo de su primera mujer, Frances, que aparecía en la portada de los discos Someday my prince will come (1961) y E.S.P. (1965). Ella bailarina clásica, él músico de fama internacional, su amor se inicia en 1958, antes del boom de Kind of Blue, y llega justo hasta Nefertiti, uno de los discos del quinteto de mitad de los 60. Egos por trabajo, celos y mucho carácter les separa para siempre, iniciando un camino a ninguna parte.

So what! y Go ahead! son guiños lingüísticos que se apostillan una y otra vez en los diálogos. Aparecen anécdotas reales como cuando fue golpeado por un policía delante de un cartel con su nombre por acompañar a una mujer blanca a un taxi;  o cuando Buddy el joyero, al entregar  un pedido a domicilio para un ballet, le presenta a la que será su "mujer perfecta", Frances Taylor (Emayatzy Corinealdi). También hay recreación de escenas, una de las más valiosas es la metáfora de la lucha con su discográfica con la visión del quinteto dentro de un ring de boxeo, una de sus pasiones, o como la del Village Vanguard, tocando junto al personaje que hace de John Coltrane o cuando saluda con camaradería en el hombro a un pianista que hace de Bill Evans. Anécdotas y experiencias se cruzan y se revelan en medio de una realidad absurda.   


The man in the horn primero y luego We want Miles son títulos que, ya desde la década de los 80, anuncian un esperado regreso. La película se despide con Cheadle-Miles tocando en directo con Herbie Hancock, Wayne Shorter, Robert Glasper y la batería de Antonio Sánchez. Toda una fiesta en una sala que más parece una discoteca. El jazz ha cambiado de casa.



Título original Miles Ahead
Año 2015
Duración 100 min.
Director Don Cheadle 
Guión Steven Baigelman, Don Cheadle
Música Herbie Hancock
Fotografía Roberto Schaefer
Reparto Don Cheadle, Ewan McGregor, Michael Stuhlbarg, Emayatzy Corinealdi, Lakeith Lee Stanfield, Morgan Wolk, Austin Lyon

Testimonios extraídos de "Miles, La autobiografía", por Miles Davis y Quincy Troupe 
Alba Editorial 2009