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10 marzo 2016

NANA VASCONCELOS Cuando la percusión canta

NANÁ VASCONCELOS
Cuando la percusión canta 

Nada será igual para la percusión y su dimensión rítmica combinada con ambientación y voces. Nunca antes se había introducido esos instrumentos en los terrenos de las músicas avanzadas y del jazz de manera tan singular. Su sello personal hacía transcender la música en paisaje y su mensaje en todo un cuento selvático.


Ha fallecido hoy con 71 años en su ciudad natal, Recife, víctima de un cáncer con el que lleva luchando años. Vasconcelos ha sido un referente en la música avanzada, en el jazz, en la música popular y en todo aquello que tocara, pues todo lo que tocaba cobraba vida propia. Su padre era guitarrista y su primera expriencia es con él, luego con la fanfarria de la ciudad y más tarde como baterista en un café en Recife. Empezó a hacerlo como profesional cuando primero trabaja en Recife con Gilberto Gil y luego se traslada a Río de Janeiro en 1967, antes de conocer a Milton Nascimento en Capibá. Hasta 1970 mantiene residencia entre Río y Sâo Paulo, tocando junto al guitarrista Nelson Angelo y también la cantante Gal Costa

Figuras, todas ellas, que han impulsado la renovación de la música popular brasileña y que ya sitúan a nuestro protagonista en la creación más pujante. Su conexión con el jazz viene de la mano del saxofonista Gato Barbieri, que le invita a ir a Nueva York, donde establece contactos con la escena del jazz internacional y viaja a festivales en Europa. En el jazz inaugura un sello nuevo admitiendo elementos nunca utilizados, adaptándose y transformando la aportación improvisada en solos.


Descubrir la magia de la percusión en lo cotidiano, en la cocina también


Su arte posibilita una conexión descriptiva entre el primitivismo y la modernidad, entre la percusión proveniente de África con la de los arrabales del nordeste brasileño y la exuberancia amazónica. Su memorable debut en solitario para ECM (Saudades, 1979) llega después de sus colaboraciones con Egberto Gismonti y antes de formar parte los grupos de Pat Metheny Group y Jan Garbarek. En ese periodo intermedio (1977-81) permaneció activo un grupo único:CODONA con Don Cherry y Collin Walcott. Entre sus colaboraciones en el mundo del jazz, además de las citadas, destacar Jack DeJohnette, Antonello Salis y Oliver Nelson. En la vanguardia del llamado fourth world con Jon Hassell. Y en el mundo de la canción con Gal Gosta, Caetano Veloso, Talking Heads o Ryuchi Sakamoto. Conviene también rescatar en su catálogo particular dos trabajos apasionantes: Storytelling (1995) y Trilhas (2006).


  Saudades (1979-80) 

Obra audaz, original y vitalista, presenta y a la vez dimensiona el arte de Vasconcelos. Sus herramientas, la percusión metálica del berimbau y de tambores africanos e indios, voces que se ven sostenidas por un manto de cuerdas escrito por Egberto Gismonti, quien también participa con la guitarra en el precioso Cego Aderaldo


La música de Gismonti es inconfundiblemente brasileña y un híbrido extremadamente complejo. Su padre, del Líbano, le tocaba música árabe. Su madre, de Sicilia, adoraba la opera. Manfred Eicher, productor del sello ECM, le invitó a viajar a Oslo. Le fue imposible conseguir visado para todo su grupo, y Gismonti tuvo que poner rumbo a la nevada Noruega acompañado únicamente por su percusionista, Naná Vasconcelos. Allí grabaron Dança das cabezas (1975), un glorioso recorrido sonoro por la cuenca del Amazonas dedicado a los indígenas con los que había vivido Gismonti, de los que dijo: "No hablan de la Naturaleza, son la naturaleza; no hablan de música, son música". Lo mismo podría decirse de ellos dos, de Gismonti y Vasconcelos, cuando tocaban juntos. 

Egberto Gismonti y Naná Vasconcelos, dos brasileños en la corte nórdica de ECM, desde 1977. Entre reencuentros como en la foto superior, quedan los trabajos a dúo Dança das cabeças y Duas vozes y uno colectivo, Sol do meio dia 
En 1979 los dos participan en el único trabajo publicado en el sello ECM del percusionista, Saudades, un viaje esencial por un estilo intransferible, por parajes desconocidos, el latino metálico del berimbau, las voces selváticas superpuestas y una sección de cuerdas para mecerse en ella.  Auténtico deleite para los sentidos, esta obra maestra supone un trabajo inaudito hasta la fecha para cualquier otro percusionista.

Aquí formando parte del Pat Metheny Group, uno de los grupos más influyentes y renovadores en el jazz de la década de 1980

Al principio de la misma participó con el grupo de Metheny en las publicaciones consecutivas As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls, Offramp y el doble en directo Travels (arriba en la imagen), incorporando su estilo exuberante en un formato de jazz eléctrico.



Entre sus muchas y diversas colaboraciones está la que mantuvo con Talking Heads, y señaladamente, como todo lo que dejó hecho, con la estrella de la música popular brasileña Caetano Veloso. Fue justo en un momento en el que renueva una vez más su estilo. Tras este Estrangeiro (1989) llegaría Circulado, un paso definitivo hacia los 90 en la carrera del cantante de Santo Amaro. También participó en un disco tan asombroso como Beauty de Ryuchi Sakamoto.
"Naná podría hacer su recital solo incluso si sus instrumentos no hubieran llegado, y seguiría siendo genial"
David Byrne

Jan Garbarek, Naná Vasconcelos,John Abercrombie
Eventyr (1981)

Jan Garbarek, Naná Vasconcelos, Rainer Brüninghaus 
Legend of the seven dreams (1986)

Jan Garbarek, Naná Vasconcelos, Rainer Brüninghaus 
Eberhard Weber, Manu Katché, Bugge Wesseltoft
I took up the runes (1989)



Jan Garbarek era uno de los músicos más versátiles y abiertos a nuevas experiencias del sello ECM. Tras unas primeras impresiones, la combinación a veces sorprendente o audaz "entre músicos del sello", cuestión que definía muchos de los proyectos que se producían entre 1970 y los 80, dio como resultado la fórmula saxofones, guitarra y percusión en el gozoso Eventyr. Vasconcelos aquí, además de poner triángulo, berimbau y percusión metálica, ya empezó a usar una especie de batería hecha de tambores y platos, tocando de pie, que perfeccionaría en Legend of the Seven dreams, un disco austero con mayor respiración en los teclados y una intención más perfilada sobre el folclore nórdico rural y el cancionero basado en leyendas vinkingas o runas. I took up the runes supone una producción más ambiciosa en la que las facetas de cada m´suica, a diferencia de los dos anteriores a trío, quedan más difuminadas. No obstante, pasa por ser una de las últimas grandes obras del saxofonista noruego.

Todo es percusión. Tocar las palmas sobre el agua 

La última publicación del percusionista en ECM es un disco desigual de 1993, If you look far enough, junto con el bajista Arild Andersen y el guitarrista Ralph Towner. Entrada la década de 1990, Vasconcelos ya había dejado atrás al Pat Metheny Group, los experimentos interculturales con caja de ritmos junto a Trilok Gurtu y el violinista indio Shankar o con unos breakdancers del Bronx (mantuvo residencia en Nueva York).


            

Viajero infatigable, Vasconcelos estuvo afincado en distintos lugares, Nueva York y París entre ellos,...pero volvió a su tierra en Recife al nordeste de Brasil, donde nació. En las dos útlimas décadas se volcó en hacer recitales en solitario y también otro multitudinarios, en los que compartía alegría y pedagogía musical con niños. Estos dos discos que ven arriba son el mejor reflejo de esta etapa última. Por un lado como un creador cuya curiosidad por nuevos sonoridades no cesa en Storytelling (1995), un auténtico cuentacuentos respaldado de un trabajo con sonido de cuerdas. Por otro Trilhas (2006) se sumerge en los ritmos de su región, sobre todo en la afro-samba en un formato más volcado en canciones.

Naná Vasconcelos, una personalidad creativa que todo lo que percute lo convierte en magia. Inventor, improvisador, viajero infatigable. La percusión como aventura.  
  






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