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14 marzo 2016

CHES SMITH CRAIG TABORN MAT MANERI The Bell

The Bell                            
Ches Smith (batería, vibráfono, timbal)Craig  Taborn (piano) Mat Maneri (viola)


Baterista del momento desde que es miembro del Snakeoil de Tim Berne, de los cuartetos de Darius Jones y Mary Halvorson o del trío de Marc Ribot, además de grupos de Ben Goldberg que le devuelven a la costa Oeste de donde procede (San Francisco y Sacramento), Smith debuta en ECM distanciándose de su pasado más inmediato liderando el retador pero efímero proyecto These Arches (Hammered en Clean Feed), de su vigorosa y electrificada faceta en solitario Congs for Burms y, sobre todo, de un pasado asociado a pioneros de la improvisación electroacústica como Pauline Oliveros Alvin Curran y de grupos rock underground como Xiu Xiu, donde inició su carrera.


Su aterrizaje en ECM se encuadra en el  camino abierto primero Craig Taborn en Avenging Angel y poco después el de Tim Berne con su grupo. Incorporaciones luego ampliadas que señalan el interés del sello por una escena neoyorquina alejada de sus planteamientos estéticos aunque hayan sido integradas a la impronta de su sonido característico. Por otra parte, Mat Maneri es músico habitual en ECM desde que entrara en el catálogo muniqués con su padre, Joe Maneri, aunque su aportación reciente sea más evidente como colaborador, con Lucian Ban, que como autor emancipado. La inesperada coincidencia del violista con Ches Smith manteniendo la colaboración con el cantante, poeta y multiinstrumentista escocés Robin Williamson en el reciente Trusting in the Rising Light  (2014), supone el punto de encuentro previo de ambos a la constitución de este breve pero fastuoso, y por encima de todo original, trío.
Todo es una sucesión de acontecimientos que va de lo monumental a la inhalación del detalle
Trabajo complejo y sugestivo que se distingue de lo hecho previamente por Smith e incluso por su escena creativa inmediata, The Bell es una obra que por su predisposición instrumental y por la materia dúctil de la que está hecha se sitúa en un terreno que asombra y maravilla. Tan sólido y fluido planteamiento, consciente de ser elaborado desde la motivación en el instante, sólo puede venir dado por una destilación personal de múltiples corrientes del pasado dimensionada en un discurso colectivo equilibrado en voces y luminoso en ideas.

Esta música no se sabe muy bien donde empieza y donde termina. Apenas se pueden adivinar señales entre lo escrito y lo figurado. Huyendo de formalidades y estereotipos, de usos y abusos sobre lo que debe ser contemporáneo, de enfoques pretenciosos y herméticos adscritos a un mal digerido lenguaje abstracto, The Bell se inicia como rito oriental de yoga haciendo sonar “la campana”. Luego la música fluye y sigue, se concentra sin apelotonarse, no deja de crecer en repeticiones que son respiraciones, se diversifica en timbres de lo más grave a lo más agudo, alturas y duraciones en un devenir natural de los sonidos, entre planos y figuras que se cruzan con asombrosa flexibilidad dentro y fuera de una consonancia melódico-rítmica con espacios pero casi sin silencios. O mejor aún, silencios sugeridos. 

La solvencia técnica y las cualidades de improvisador/compositor de cada protagonista hacen de este feliz encuentro uno de los más exigentes y turbadores de los últimos tiempos
Podríamos entrar a describir cada tema, pero carece de sentido cuando todo te conduce al descubrimiento. Tan sólo dos apuntes. El que titula el disco, una improvisación llevada de una campana al todo expresivo, recuerda el empuje instigador con el que Taborn hacía despegar The Rub and the Spare Change de Formanek, disco-germen del desembarco de toda una escena que le debe mucho a Tim Berne. Y una más, si escuchan al pianista en su espacio solista en Wacken open air  (festival metal alemán...) verán cuán distante está un solo hecho de bloques de acordes que parecen escritos por Olivier Messiaen de lo que debería ser una rotación jazzística. Sigan con la imaginativa coda que cierran los tres en It`s Always Winter (somewhere), una delicia en la que se aprecia la deslumbrante construcción con la que Taborn sostiene y ocupa el registro grave que deja la ausencia de bajo.

Imaginen el sentido espacial y de volumen que incorporan timbales de gran orquesta. O el sonido ululante de un vibráfono cuando se frotan sus tubos con arco para acompañar las líneas difusas, a veces frágiles otras aristadas, de la viola. Descubran el engranaje en unísonos que tejen vibráfono y piano. Y vean cómo la batería evita dibujar patrones reconocibles.

En The Bell las melodías van y vienen, aunque en realidad son bocetos de un instante que la viola empuja fuera del encuadre tonal. Volúmenes móviles perfectamente dispuestos en la percusión y el piano perfilan el sentido redondeado y dinámico de la música. Espacios de una belleza rotunda aunque pasajera se suceden dejando lugar a otros. Construcción tan sólida como invisible. Originalidad a borbotones. Tres para uno. Vital, necesario, gozoso.

Fotos: Paolo Soriani
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+ NOISELF


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