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25 enero 2016

MARCO MEZQUIDA -piano solo- ENTREVISTA

Marco Mezquida
“Busco esa idea de viaje o de trance para mí y para el público”

Ya lo dijo el promotor bilbaíno Gorka Reino una noche ante su público: “Si Marco Mezquida está hoy aquí, eso significa que hay 20 proyectos parados en Barcelona”. En el año más extenuante imaginable ha publicado con su nombre dos discos a piano solo, uno a dúo con el contrabajista Manel Fortiá, además del recién estrenado Cantabile a trío con el saxofonista Bill McHenry

Músico indispensable, es un secreto a voces cuya ubicua presencia se reparte, en el último año, a lo largo de 170 conciertos en los más variados contextos y proyectos, entre la escena barcelonesa del free jazz y la improvisación libre, tocar como solista el Rhapsody in Blue de Gershwin, acompañar a la cantante Celeste Elías o participar en enfoques aflamencados junto a Guillermo McGill o Marc Miralta. 

Entre tanto proyecto ajeno y tanto viaje quedaba agazapada una necesidad: la llamada íntima que todo músico alguna vez recibe de su instrumento. Mezquida dio alas a su faceta solista en La hora Fértil y Live in Terrassa y tocó el cielo en su recital del Palau de La música de Barcelona.

Por Jesús Gonzalo


Foto: Nacho Rodado

Enfrentarse a un concierto a piano solo es como elaborar en tiempo real un ensayo caprichoso sobre el equilibrio entre la entrega absoluta y el control organizativo. Una aventura descrita en un relato corto en el que el tiempo desaparece. Una ruta amena hecha de recuerdos que nunca han pasado, que usa los recursos de la razón y de la sorpresa. Eso es lo que estoy escuchando en estos momentos mientras conduzco por Andalucía camino del encuentro con MAP, el estimulante y novedoso trío formado por Marco Mezquida, Ernesto Aurignac y Ramon Prats.

Uno no es Manfred Eicher ni tiene la genial ocurrencia de juntar al Hilliard Ensemble con Jan Garbarek mientras cruza en coche, en esa estampa poética que ilustra las portadas de sus publicaciones, el solitario y estremecedor paisaje volcánico de Islandia. Escucho furtivamente la grabación del concierto a piano solo que ofreció el pianista el 4 de agosto en el Palau de la Música de Barcelona, ante 800 personas entregadas...Sonrío y miro por la ventanilla, ahora soy una de ellas...

Del equipo del coche de alquiler sale una música asombrosa, un ritmo trepidante y texturas que pese a su desconcertante amalgama de ruidos metálicos dejan paso a la melodía...Uff, esto es serio, me digo...Porque si hay algo que realmente distingue a un artista sonoro de un músico convencional es la capacidad o el potencial evocador del que dispone para hacer que el oído sea más libre que el ojo. A Mezquida, como a otros grandes pianistas que han explorado terrenos nuevos, le sucede esto. Quizá este poder perturbador sea la clave para entender su estado creativo actual y, sobre todo, su más reciente obra a piano solo. Claro y complejo en su articulación, su verso melódico está hecho de oleadas de refinación, inconformismo y plenitud.

Como su música, estamos ante una persona de gustos refinados, un hablar pausado y elocuente que acompaña de gestos circulares y leves mientras charlamos de la predisposición anímica, el sentimiento y la experiencia que supone encontrarse a solas con el piano, delante del público. Algo que él mismo define como “una de las experiencias vitales más ricas y sensibles que me ha brindado la vida”.

¿Recuerdas tu primer recital a piano solo?

De joven en Menorca hacía audiciones de piano clásico y conciertos de órgano en la catedral donde solía combinar improvisaciones libres con repertorio organístico desde Antonio de Cabezón (prebarroco) hasta Messiaen. Tocaba hasta 4 veces por semana en los "Matins a l'orgue"

Recuerdo que por esa época ya estaba entusiasmado con los conciertos a piano solo de Keith Jarrett y con 16 a 18 años quedábamos bastantes viernes por la tarde con mis amigos y después de embriagarnos un poquito improvisaba durante buenos ratos para ellos y todos volábamos. Eso fue realmente una de las sensaciones musicales más motivadoras de mi juventud: sentir el poder de la música improvisada en forma de largos discursos, sin pausas, y sentir la reacción de viaje que experimentábamos los amigos y yo. Empecé a soñar con poder hacer eso de mayor, como Keith. Dedicarme a ser concertista.
“Tocar solo fue la manera como empecé a descubrir y explorar la música, y de algún modo sigo sintiendo como si conectase con ese yo del pasado”
Supongo que por timidez no lo potencié públicamente cuando fui a vivir a Barcelona a estudiar jazz y clásico en la ESMUC y no sería hasta que me encargaron el concierto del Pianissim en 2011 para el Festival de jazz de Vic, que oficialmente fue mi primer concierto público a piano solo. Fue 1 hora de música sin parar hilvanando improvisaciones con ideas compositivas muy simples, como cuando tocaba para mis amigos en la adolescencia. Se ve que fue memorable y me alegré de haber aceptado el reto. Un año más tarde me animé a potenciar estos "monólogos" paralelamente a todo lo que hacía con otros músicos.”

Y del último que ofreciste en Praga en diciembre, ¿qué puedes contarnos?

Pues que sigo sintiendo que el piano solo y la música en general tienen un poder enorme en mí y en el público, y que después de haber experimentado grandes sensaciones antes, durante y después de los solos de estos últimos años veo claro que deseo potenciar este tipo de conciertos aquí y en el extranjero. Me encanta tocar con gente en todo tipo de formaciones pero actuar en solitario me ayuda a compensar la gran actividad social que supone estar en tantos grupos. Tocar solo fue la manera como empecé a descubrir y explorar la música, y de algún modo sigo sintiendo como si conectase con ese “yo” pasado, que a los 7 años ya se aislaba del mundo tocando solo el piano.

Actuar solo para mí supone superar ese paso íntimo que implica salir de casa -en este caso a Praga- para ofrecer un monólogo. Eso es para muchos algo más difícil de disfrutar, aunque me gusta porque a la vez permite vestirme con mi mejor gala, y así fue en la capital checa. En el momento en que la música empezó, sentí que se creaba una burbuja a mi alrededor y que ésta se expandía a toda la sala de tal manera que de forma inconsciente todos respirábamos y vibrábamos juntos.

(Hace una pausa, mira hacia ninguna parte y sigue)

La música tiene mucho poder en los seres vivos y recordé lo maravilloso que es la universalidad de la música instrumental, que no necesita de conocimientos previos ni etiquetas comerciales para poder disfrutarla. Sólamente precisa de gente que se deje llevar -como yo- por el sonido, el silencio y el momento.

“Somos seres individuales a los que nos toca vivir un momento y un lugar en la historia, como lo hicieron nuestros antepasados”


Me gustaría saber cómo te preparaste para alcanzar ese estado de percepción entre el silencio y el momento creativo, cómo llegaste a la hermosa ciudad checa, si fuiste solo y si  tuviste tiempo para ti.

Esta vez fui solo y estuve paseando tres días para darme el gusto de disfrutar de la ciudad y respirar un poco, pues venía de varios meses de muchos conciertos y viajes sin parar, con mucha gente alrededor, y necesitaba airearme, sentirme solo para pasear, pensar y dejar de pensar.

Me sentía feliz por estar en una ciudad tan bonita gracias a la música y por el enorme año 2015 que estaba viviendo. Yo lo que deseaba de pequeño era ser músico para poder viajar haciendo conciertos, y aunque a veces implica un ritmo y un tipo de vida muy intenso me siento muy afortunado por toda esta actividad que vivo, por haber viajado mucho más de lo que me podría haber imaginado, paseando y comiendo en lugares increíbles y distintos. Un lujo, si encima la música que hago seduce al personal como fue el caso de mi primer concierto en Praga en el bello museo Antonin Dvorak.

¿Y qué hiciste?

Durante el día básicamente caminaba, observaba...Esa fue una manera de concentración y predisposición para el concierto. Siempre me pasa que de manera inconsciente voy dosificando mis energías y concentración para estar lo más fresco posible a la hora de tocar. Por eso pasear en silencio rodeado de belleza es más inspirador para mí que tocar mucho durante el día o escuchar mucha música. También dormir me sienta muy bien para apaciguar nervios y  controlar la respiración. Esta sobriedad me sienta bien y me predispone para el momento de salir al escenario.

…Y cuando todo acaba entre aplausos, debe ser un momento de embriaguez por la música que has dejado y la cercanía del público…

Sí…La celebración posterior al concierto rodeado de checos y checas muy alegres y agradecidos fue exquisita y me divertí mucho viendo como de forma natural hombres y mujeres de 40 años se pasaban botellas de vino para beber a morro por la calle o fumaban en los restaurantes, unos gritaban más, otros cantaban... me sentía feliz de escucharlos hablar en checo sin entender nada.



Creo que los checos tienen un espíritu más alegre y desenfadado que el español medio de hoy en día. Tengo la sensación de que en España estamos ahora más reprimidos y deprimidos, entre el “querer ser europeo”, la vigilancia de cámaras, la policía y las redes sociales... Se está perdiendo algo de chispa por miedo. No sé, quizá me equivoco, pero tuve esa sensación.
 
“Tocar solo es puede ser algo difícil de disfrutar, por eso no abundan los pianistas de jazz o improvisadores que cultiven el formato en solitario, porque el monólogo implica desnudarse para ofrecer algo íntimo y sincero”

Decía Jarrett que para él un concierto a piano solo era un ejercicio de “autoconocimiento”. ¿En qué medida un concierto de estas características mide el nivel creativo, técnico y emocional de un pianista?

Cada uno tendrá su manera de hacer, para mi cada concierto en solitario merece un pequeño ritual. Me preparo mentalmente los días previos y algo de mí se consume por la mezcla de sentir la presión y las ganas de que llegue el momento. Es una predisposición o visualización mental que hace que todo mi cuerpo y mente esté preparado y concentrado. También pienso en la curva del viaje. Y también pienso en la ropa que me pondré, algo que a priori suena superficial pero es verdad que me gusta pensar en qué chaleco o qué zapatos me pondré para tal ocasión. A veces pienso que en los instantes previos a un concierto me animo y concentro como un torero antes de salir solo al ruedo. No rezo pero casi.

Es algo que debe imponer respeto, basta ver las fotos en las que estás solo frente al público...

Es que cada concierto supone un ejercicio de concentración y conexión conmigo mismo muy fuerte, influye mucho cómo me siento y gracias a la música consigo potenciar ese sentimiento o transformarlo. Toda la energía que gasto los días previos incluso mientras duermo es fuerte pero después del concierto siento que la recupero y más gracias a la respuesta de la gente, de mi felicidad de la adrenalina y euforia. Aunque a veces también me he quedado un poco vacío por haber pasado esa cita tan esperada.

No soy  inventor de nada ni tampoco quiero ser original a la fuerza. Hago lo que humildemente me pide el cuerpo y me apetece, y lo ofrezco como mejor puedo, con amor, fe y respeto, pero también con irreverencia”
A piano solo experimento otras maneras de hacer y concebir el tiempo y el espacio durante el momento de la música, pues sigo buscando esa idea de viaje o trance para mí y para el público... Siempre intento explorar y encontrar caminos para poder crear y volar con libertad sin los estigmas del pianista clásico o del de jazz. Además, no me considero esclavo del instrumento, o de un repertorio. Mi idea no es proponer un listado de canciones, lo que quiero es proponer experiencias que puedan seducir del más exquisito oyente al más mundano.


         

El paisaje va cambiando mientras el coche avanza, también la música de Mezquida lo hace a cada momento. Nada se impone, sólo se expresa. Doy un respingo en el asiento, me sobreviene la misma sensación como cuando escuché por primera vez el Köln Concert. Levanto el pie del acelerador...

Volviendo al autor de una obra popular contemporánea como el Köln Concert, que ha unido públicos de estilos casi antagónicos, qué opinas de esta obra y cuáles son, en perspectiva, las cualidades que más te interesan de estos conciertos “totalmente improvisados” de Jarrett.

Me apasionó Jarrett porque en sus conciertos en solitario sentí que siempre había una búsqueda y una entrega personal y vital. Él se desvive por el sonido que emite, por su fraseo. Su vida se consume y se retroalimenta a través del piano. Y me apasionó Jarrett porque podía aunar de una forma muy atractiva todo su alto bagaje musical y todo su portento técnico. En él habita la tradición de la música clásica europea con el groove, el gospel, el blues... Keith es capaz de ser popular y culto, sencillo e intelectual, su control del tiempo y del espacio para articular una historia libre es genial, como el sonido, el rigor, el lirismo, la contención y la explosión, el trance.

Buena definición del arte musical de Jarrett y de la intensidad con la que vive sus conciertos en solitario...

Keith es un gran improvisador, y aunque ya lo he escuchado mucho siempre me sorprende cómo mantiene tan alto nivel de transcendencia. Sus conciertos tienen ese punto de culto, de experiencia casi mística y a la vez de artista casi pop. Para mí esa idea es de lo que me atrajo y atrae más de la música. Y eso lo tienen solamente unos grandes nombres de la historia... Bach, Beethoven, Stravinsky, Coltrane, Paganini, Wagner, Ligeti, Shankar, Hendrix...

“Hay algo fundamental en el recital del Palau de la Música, además de la construcción basada en la improvisación y un repertorio variado en temáticas, y es que se trata de un discurso renovado, exigente pero muy comunicativo a la vez”
Foto: Pablo Leoni

Como el destino de todo viaje queda impreso en un billete, músico y público   toman asiento sin saber adónde les conducirá este concierto a piano solo. Ruta sembrada de brillantez y emoción, la técnica se despliega con impúdica jovialidad y efervescencia, así fue este acontecimiento musical en el Palau de la Música de Barcelona...

¿Cuándo empezaste a incorporar técnicas de piano extendido?

Mi profesor de jazz en Menorca Suso Gonzalez fue el primer improvisador que conocí. Él experimentaba con el lenguaje del jazz pero también con aspectos más contemporáneos y él fue el primero en descubrirme el mundo del arpa del piano. Escuchábamos juntos obras de John Cage y George Crumb. Y cuando tocábamos a dos pianos o a 4 manos siempre jugábamos con el arpa. Con mi primer maestro de piano y luego órgano Tomé Olives también experimentábamos con la improvisación y ya en la ESMUC tuve de maestro a Agustí Fernández que es un experto en las tímbricas del piano y un experimentado improvisador. En los últimos años he tenido mucha afinidad con él y he aprendido muchas cosas que me han inspirado.


“Me interesa saber de dónde vengo pero también olvidarlo. He venido al mundo a ofrecer lo mejor de lo que soy"
De este concierto en el Palau que me pasaste me interesa mucho el asombroso tratamiento melódico-rítmico que realizas y también cuando combinas el sonido natural con esos elementos de percusión resonante que empleas, mediante panderetas y maderas sobre las cuerdas. Creo que el uso que haces de estos recursos asociados a estilos musicales como el rock&roll con una actitud pop pero también clásica contemporánea, supone, según yo lo veo, una cuestión diferencial que a la vez acerca tu mensaje al público...

Para mí hay algo fundamental en él, además de la construcción basada en la improvisación, la elección de un repertorio variado en temáticas y la disposición del mismo en el programa, y es que se trata de un discurso renovado y exigente pero muy comunicativo a la vez. Una música plena de motivos e influencias contemporáneas que se disfruta desde el intelecto y también bailando, si quieres...Algo que a las audiencias de jóvenes que compraban el Köln Concert en 1975 también pudiera pasarle, cuando escuchaban mezclados música clásica y rhythm & blues, voces gospel y melodías de standards con música repetitiva y atonal...


Me he hecho esta pregunta con otros grandes pianistas que me han conmovido  por su caudal creativo y argumento estético en solitario, como supongo también te ha sucedido a ti...¿existen límites para la creatividad y esa búsqueda de la “belleza”?

Para mí la música sigue siendo un espacio fértil, como un huerto bien abonado que, aunque se haya sembrado mucho y maravillosamente bien durante siglos y siglos, uno puede encontrar cómodamente su espacio para poder crear y jugar despreocupado. Somos seres individuales a los que nos toca vivir un momento y un lugar en la historia, como lo hicieron nuestros antepasados. Me interesa saber de dónde vengo pero también me interesa olvidarlo, perder el apego para sentir que nada es importante y que mi objetivo es ser cada día más libre y que mi espíritu creativo no se vea mermado por los pesos pesados de la historia.

Si no pensase así no viviría tan vitalmente, no hubiera hecho ningún Palau, no haría ningún disco, no haría ninguna canción. Pienso que no soy inventor de nada y que tampoco ni quiero ni deseo ser original. Hago lo que humildemente me pide el cuerpo y me apetece, y lo ofrezco como mejor puedo, con amor, con fe y con respeto, pero también con irreverencia. Ya no quedan ganas de idolatrar a nada ni a nadie. Me gustan muchos artistas muy diferentes de Gesualdo a Paul Bley, de los Beatles a Leo Masliah, pero ya no idolatro a nadie...”

¿Y qué nos dices de tu compañero de aventuras?

(Risas)...tampoco venero al piano, es un mueble que para un rato está bien.

MARCO MEZQUIDA TRIO

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