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12 enero 2016

IVO SANS- jazz y arte existencialistas, de vuelta a los años 50

Ivo Sans

Jazz y arte existencialistas

Por Jesús Gonzalo

Algunos relatos de Albert Camus que recuperé hace unos meses parecían extraídos de la actualidad. Su profundidad de análisis, su mirada descriptiva y poética, la misma que tuvo en Argel frente a las ruinas de Europa tras La Segunda Guerra Mundial, estaban, en cambio, llenas de vitalidad y confianza en el ser humano. La sensación íntima de la no pertenencia a ningún lugar quedaba impresa en el título del libro “El Extranjero”, obra que además de “El verano" he recuperado justo en tiempo estival.

Esas lecturas me invitaban a escuchar música de los años 50, invadido por un sentimiento reflejo entre nostalgia y desarraigo. Es entonces cuando surge la idea de entrevistar a Ivo Sans, baterista y compositor de jazz cuya carrera ya seguía entre los círculos avanzados del jazz y la libre improvisaciónNo es habitual encontrar a un músico de jazz que además se dedique al arte. Mucho menos cuando el autor es un joven judío catalán cuya familia, por parte de abuelo, proviene de Polonia y de América.

Nos interesaba la obra musical y ella nos condujo a la plástica. En ambas el concepto contemporáneo de lo que debe ser una modernidad vinculada a la historia y a corrientes estéticas de los 50 prevalece sobre el ser vanguardista o experimental. Pese a ese afán de búsqueda e inquietud intelectual que resume el título de su recién publicado tercer disco, Adorno, se considera por encima de todo un creador visceral e instintivo.

JG-Tratándose de un pasado familiar judío, teniendo en cuenta el devenir de este pueblo, podrías decirnos de dónde procede la tuya y también la elección del nombre: Ivo

IS-Mi hermano se llama Gad, pero a mí no me pusieron un nombre hebreo. No sé la historia, quizás porque no la haya, pero encontraron Ivo, que es Juan en Yugoslavo (Iván en Ruso) y les gustó. A mi padre le gustan los nombres de tres letras. Mi hermana se llama Tai. Cuando eres pequeño a veces maldices a tus padres y preferirías llamarte Pablo o Dani, pero pasado el tiempo agradeces tener un nombre original, sobre todo para ser artista, nunca he pensado en ponerme un nombre artístico. 

Mi abuelo se llamaba Mischa Fingerhut Rotenstreich y su familia vivía, antes de la guerra, en Rosvadov, un pequeño pueblo al norte de Varsovia. Cuando estalló la guerra estudiaba medicina y filosofía en Frankfurt. Fue alumno de Adorno y de otros filósofos de la escuela de Frankfurt. De ahí se fue a Italia dónde vivió y trabajo unos años hasta que cayó preso y estuvo en un campo de concentración italiano. Cuenta la leyenda que en un traslado, seguramente a Alemania, salto del tren donde viajaba y llegó a España quién sabe cómo. De ahí quiso irse a EEUU, como tantos otros, pero el sol mediterráneo y los ojos de mi abuela le hicieron cambiar de planes.

Mi abuela había nacido en Nueva York, de madre colombiana y padre catalán, y se convirtió al judaísmo en París. Mi padre es un catalán de los que están de moda ahora, de ocho apellidos, así que nosotros somos 50% aunque de madre y educación judía ya que mis padres se separaron cuando yo tenía cuatro años y fuimos educados en el ambiente de mi madre y el de su nueva pareja Jorge Wagensberg, otro judío polaco. 

Por cierto, volviendo a tu familia, ¿pertenecía a la tradición reformista, secular, ortodoxa…? 

Creo que ninguna de ellas. Mi abuelo no sé si era creyente pero sí era practicante y observador de una cierta liturgia. Cosa que lamentablemente se ha perdido en mi familia desde su muerte, hace más de veinte años. Yo siempre digo que soy de cultura judía, es algo bastante difícil de entender para quien no es judío. Es como ser de un país que no existe. Pero con el tiempo ves que hay una manera de pensar, de enfrentar la vida, una serie de preguntas esenciales que compartes de una manera muy especial con amigos también judíos. Suena raro, lo sé, pero es así. Con Ilan Manouach, por ejemplo, amigo mío de Bruselas y judío griego, con el que grabé WRY, con Agustí Fernández, tengo la sensación como si hubiéramos ido a la escuela juntos. También con Zahava Seewald, conservadora del Musée Juif de Bélgique y excelente cantante, con dos grabaciones para Tzadik.




Arte y minorías

Música y arte son disciplinas en las que los judíos siempre han destacado. Tú te has decantado por el jazz y por la creación plástica. Háblanos un poco de cómo llegaste a cada una de ellas.

Tenemos que volver a mi familia... El padre de mi padre fue Jaume Sans, pintor de la escuela surrealista catalana y miembro fundador de Dau al set. Sus cuadros lucen desde hace unos años en el MNAC (Museu Nacional d'Art de Catalunya). Mi madre pintora y artista conceptual estuvo en el Grup de Treball, primer grupo de arte conceptual a nivel español. Yo me siento desde siempre pintor, lo he visto desde mi niñez y me ha apasionado siempre la pintura, y el arte en general.
Músicos no hay en mi familia, aunque a veces por lo mucho que les gusta y les importa la música, parece que lo sean. Mi hermano y yo empezamos a tocar con la adolescencia y aún no hemos parado. En mi caso el tema de la inmaterialidad tiene mucha relevancia. Como artista plástico siempre ha sido una de mis mayores preocupaciones y en la música la inmaterialidad de las piezas es total y absolutamente natural. 
Diría que la tradición judía está en el estudio. Todo lo que tiene que ver con el libro. Los libros eran, hasta la creación del estado de Israel, el único dominio de los judíos”
El apoyo, sobre todo financiero y discográfico de nombres judíos (Blue Note entre otros) en el jazz es una seña de identidad en la Historia de esta música. ¿Te has interesado por obtener una idea de su legado, salvando un poco a los grandes nombres?

No, la verdad es que no, eso es cosa que hace mi madre a veces. Mirar quién es judío y quién no. A mí no me interesa tanto, a veces sí pero en general no. La industria cultural americana está casi por completo en manos de judíos. Basta con mirar el nombre del productor, cuando está empezando una película, siempre se llaman Goldstein o Kaufman, por no hablar de Metro Goldwin Mayer, etc. Antes decías que hay una tradición judía en el arte, yo diría que la tradición judía está en el estudio. Todo lo que tiene que ver con el libro. Los libros eran, hasta la creación del estado de Israel, el único dominio de los judíos. Ahora también tenemos armas pero la tradición del estudio está aún muy presente, de ahí la cantidad de médicos, físicos, escritores, filósofos, etc. Pero en general no son judíos mis referentes en el campo del arte plástico: Goya, Miró, Matisse, Hockney, etc. 

Elegir un título del peso como Adorno para tu último trabajo, ¿es hoy ir a contracorriente?

Tengo la impresión que no hago nada más que ir a contracorriente. Todos los valores y objetivos que tengo me parecen anacrónicos. Pero no equivocados. También mi obra plástica tengo la impresión que históricamente está desubicada. El problema y lo digo así porque muchas veces se plantea de verdad como problema, es que vivimos una época en que es difícil encontrar el espacio adecuado para lo que hacemos. Y hablo en plural porque creo que, por suerte, no estoy solo!

¡Desde luego que no!...En tu obra, en general, tanto en la plástica como en la jazzística, percibo una tendencia hacia el juego de simetrías y en ocasiones una depuración de las formas. Hablando un poco también de Adorno, ¿qué piensas del formalismo?

Creo que no puedo estar más a las antípodas del formalismo. Todo lo que hago lo hago de manera espontánea y sin premeditación. Me suelo dejar llevar por el instinto cuando me enfrento a un nuevo proyecto, plantear colaboraciones, etc. Nunca medito fríamente en el sentido que tienen mis proyectos y desconfío absolutamente de cualquier teoría en el campo del arte. Me baso fundamentalmente en el factor emotivo. Si me gusta una pieza o un artista, me gusta y punto. Luego puedo meditar sobre porque creo que me gusta más o menos pero nunca al contrario.

Lo de la "depuración de formas" creo que tiene más que ver con una concepción del arte primitivo, y no me refiero a Atapuerca. Sino a un arte directo del estómago, sin refinar, sin filtros técnicos. La técnica está muy bien siempre que te sirva para usarla sin que se note. En cuanto se vea que la estás usando te has equivocado, y para mi si una cosa la puedes decir en dos palabras para qué usar veinte? En ese sentido prefiero "L'étranger" que "Cien años de soledad". 


La portada de tu nuevo trabajo extiende un velo blanco delante de un auditorio repleto de público. ¿Un muro conceptual ante las grandes masas?


Esa portada tiene una larga historia! Estaba destinada a ser un manifiesto contra una propuesta musical de mucho éxito en nuestra entorno pero al final fue abortada y lo resolví poniendo ese “adorno”, que es un work in progres mío, tapando una multitud representativa del público del que no goza nuestro tipo de música. Para mi es mucho más importante que me escuchen las  once personas adecuadas que una multitud de zombies. No creo en el gran público, sé que lo que hago es minoritario y no me importa, también lo era Duchamp en su época (y sigue siéndolo).


Recoges, ya lo comentamos, una cita importante de Adorno emitida después de Auswitch. Recientemente recuperé un documental de principios de los 1980 en el que Primo Levi volvía allí, donde fue prisionero. A él nunca le gustó el término Shoa, pero decía esto: “Los que ponen en duda que existió son los que serían capaces de rehacerlo”. ¿Cuál es tu opinión y, si lo sabes, de la comunidad judía de tu generación a este respecto?

No, no lo sé y creo que es un tema que siempre conlleva demasiada controversia. En mi experiencia siempre que digo algo al respecto me gano enemistades (posiblemente también ahora). Y no creo que tenga un pensamiento particularmente judío-céntrico. Pero creo que la gente que habla del conflicto palestino en España, además de estar desinformados, como lo estamos más o menos todos, se suma un absoluto desconocimiento de la historia del pueblo judío. En cuanto a la Shoa, es un hecho histórico que acabó con los abuelos de mi madre. No me gusta el victimismo judío de pensar que es lo peor que le ha pasado a un pueblo nunca, pero obviamente me parece que hay que tener muy en cuenta qué pasó, cómo pasó y las situaciones que pudieron llevar a ello. En cuanto a los negacionistas, simplemente creo que es gente enferma.

Jazz experimental, jazz anacrónico

¿Cómo llegaste a la batería?

De manera muy casual e intuitiva como casi todo en mi vida. Fue fijándome en un amigo de la escuela que tocaba la batería en clase con objetos del escritorio. Me fascinaba verle tocar, así que probé y aún sigo encantado. Creo que la batería tiene un lado intuitivo y visceral, no intelectual, que sea adapta muy bien a lo que yo puedo aportar a la música. También, con el tiempo, veo que cada instrumentista tiene una especie de perfil, como una misión que se adapta a su personalidad: los bateristas solemos ser bastante líder, en el sentido de guiar el rebaño, gente despierta e inquieta, para bien y para mal. El bajista, por ejemplo, suele ser más como un amigo de confianza, alguien que nunca te falla, sólido. Alguien más pausado y menos díscolo.

 ¿Qué músicos te han resultado inspiradores?

Creo que como grupo que más me ha influenciado estaría el afro-americano, Miles, Monk, etc. Pero luego como influencia directa de la música que trato de hacer están los músicos blancos, algunos judíos, otros no, americanos: Steve Lacy, Jimmy Giuffre, Paul Bley, Lee Konitz, etc. 

Por algún sitio leí que la música de Tristano era fresca pero no fría…

¡Yo diría que es conceptual! Y eso para mí es un halago, obviamente. Los negros no necesitan conceptos, tocan a su alegría porque, como se dice, bastante tienen con lo suyo… Count Basie, Duke, Miles, Thelonious, Louis Armstrong! Qué mejor que eso? Nina Simone, Otis Redding, James Brown! Como explicar la magia de la música de Nina Simone? No se puede, tiene algo en el alma que saca, sin filtros, a través de su voz, de su piano. A alguien puede parecerle racista esta declaración, pero no es eso. Lo único que digo es que los gitanos llevan algo en la sangre que les hace tocar, cantar y bailar como ángeles! Nosotros, no.

Mal nos pese, un Tristano, un Konitz o un Stravinsky tendrán que inventarse algo para poner en el pan porque con su alma no basta. Por eso digo lo del concepto. La música de los blancos es más conceptual o intelectual o como se la quiera llamar. Habrá a quién le parezca fría y habrá otra gente que se reirá de lo simple que es a veces la música negra y dirá que es frívola. Yo tengo la inmensa suerte de poder disfrutar de todas ellas por igual. Eso sí, a la hora de crear me veo más en la línea de Carla Bley o Steve Lacy, que en la de Art Blakey.































Partiendo de un quinteto con dos saxos como fórmula de la Escuela Tristano, tu trilogía, compuesta por Darrea nit de maig L`HelioYoruba y Adorno, extraída de conciertos en directo, ¿cabe encuadrarla en una revisión estética situada entre el be bop, el cool y la tercera corriente?

La música de ISCCJMKMB (grupo) yo la sitúo, o al menos es lo que me propongo, entre la improvisación libre y el jazz. Son los dos estilos que más me interesa tocar y en los que creo que puedo aportar más.  Lo que lo distancia quizás más de la escuela tristaniana y lo que lo acerca más a la de Ornette es el hecho de no tener instrumento armónico. El piano o la guitarra, por lo general tocan más de una y más de dos, notas a la vez, con lo que el relato armónico queda en sus manos, en su poder. Al no tener ningún instrumento con esa capacidad polifónica, estamos naturalmente obligados a crear la armonía de manera colectiva. Lo cual da como resultado que muchas veces tengamos un invitado exquisito: el azar! Yo creo mucho en él, sobre todo si sabes rodearte de buenos músicos mientras le esperas…

Lee Konitz, del que John Zorn dijo que no grababa en su sello Tzadik porque no sonaba suficientemente “judío”,  podría ser uno de los iconos de la modernidad a la que más se acerca tu música.  Escuchaba el otro día su disco Peacemeal (1969), en formato de quinteto, donde escogía varias piezas de Bela Bartók. Por cierto, que en tu música, como en la Konitz, no hay huellas de folclore alguno. Parece prevalecer lo cerebral al factor poético. Adorno en tiempo de posguerra…

No, desde luego no hay restos de folclore. Creo que nuestra música trata de buscar una lírica existencialista. Es decir, una "joie de vivre" que resurja de las sombras,  por eso me ha gustado encontrar esa frase de Adorno "no more poetry after Auswitch" que yo interpreto de esa manera. Para mí no tiene sentido ya una lírica que no refleje esa dimensión del hombre que se presenta después de la Segunda Guerra Mundial.

Nuestra tradición, que viene de Bach, es la de una música y un arte que en cierta manera hablan de sí mismos. No hay un cuadro estético limitador, todo es puesto en duda por definición. No puede haber acordes, escalas, tonalidades o ritmos fijos que nos remitan a algo reconocible. No sirve. Se podría decir que es una música funcional en el sentido que no tiene nada que no sirva para nada. Ornamentos innecesarios…
Muchas de las cosas que hago, tanto en el campo del arte plástico como en el de la música, las veo muy a menudo ancladas en los años 50. Es un período que coincide bastante con mi manera de pensar, a la vez existencialista y racional”

La expresión es clara, ajustada al lenguaje jazzístico. Es sincera pero no simple. ¿Nos puedes decir cómo se consigue este efecto sin parecer “anacrónico”?

No. La verdad es que no puedo porque yo mismo, muchas veces, veo mi obra como anacrónica. Muchas de las cosas que hago, tanto en el campo del arte plástico como en el de la música, las veo muy a menudo ancladas en los años 50. Es un período que coincide bastante con mi manera de pensar a la vez existencialista y racional. Intento no pensar demasiado en eso, no hay nada que me importe menos que "las tendencias". Siempre he pensado que es algo que se crea para vender revistas. Y ropa claro. Lo que tengo claro es que lo que me interesa de ese período es la reflexión que plantea no las conclusiones a las que llega. Ahora todos vamos con un teléfono en el bolsillo, eso es una cosa que influye naturalmente en todo lo que hacemos y en la manera que tenemos de pensar. Ir en contra de eso es tan absurdo como pensar que ese hecho tiene una importancia en sí mismo.


Se dice en tu biografía que estás dentro de la vanguardia o “jazz experimental”. Sabemos que has trabajado con la FAE, con Agustí Fernández y sigues con el New Quartet de Julián Sánchez. ¿Crees que podría sorprender este sonido a los que conocen sólo esa faceta?

Puede ser… Cuando iba a la escuela de bellas artes Massana recuerdo que mis compañeros me decían que tendría que acabar abandonando o la música o la pintura, y aquí sigo! Así que sí, supongo que la gente se sorprende, pero, mientras tanto, yo no puedo dejar de hacer una cosa o la otra. Soy inquieto y hay proyectos que veo que tienen que ser de una manera y voy adelante con ellos independientemente del campo a que pertenezcan. Hay artistas que se especializan mucho en una disciplina y siempre "hacen lo mismo" aunque siempre es bueno lo que hacen. me parece genial que lo hagan, yo no soy así. 

Nos hablas un poco del grupo, de cómo y por qué lo elegiste…

Bueno como ya he explicado en más de una ocasión, a mi grupo, ISCCJMKMB, no lo elegí premeditadamente sino de manera casual. Tenía ganas de hacer un concierto con músicos con los que me encontraba a gusto y ¡pam! La suerte es que lo grabé y lo edité. Luego decidí grabar una segunda tanda de conciertos y el resultado fue mejor aún, eso fue Yoruba. De momento aún sigo viendo música que quiero hacer con ese grupo, con esos músicos. No entendemos muy bien y evolucionamos hacia territorios de interés mutuo. Qué mejor?



En tu primer trabajo se recogen temas de Sonny Rollins, Duke Ellington y Monk. En el segundo ya hay una mayoría escritos por ti. En Adorno hay tuyos y otros compartidos…

Sí, en el tercer trabajo, Adorno, hay algún tema nuevo y otros que versionamos de Yoruba como Chica piscina II. También había alguna otra idea, como un arreglo del propio Agustí Fernández y alguna otra, pero no nos convenció la versión que teníamos del concierto. Es lo que tiene grabar conciertos, te lo juegas toda en una toma. Lo que cambia en este disco y es lo que le da el sonido distinto, es el piano de Pascal Morente y la falta de bajo. La falta de Masa Kamaguchi. Creo que la falta de bajo, en la primera parte del disco, nos hace tocar de una manera nueva para nosotros, y muy interesante. Pascal se adaptó muy bien a la aventura y aportó un montón de ideas.

El proyecto, si miramos la factura abierta reconocible en Adorno, ha ido adquiriendo personalidad en cada entrega, despegándose del origen sin caer en sus tópicos de estilo pero acercándose en cierto modo a fórmulas de tensión melódica propias del free jazz de Ornette Coleman…

Ornette es una gran influencia para mí. Creo que es uno de los creadores a destacar del siglo XX. Curiosamente, y retomando lo que decía antes, es un creador negro que tiene su concepto muy claro y genuino. A veces oyes una nota y ya sabes que es él. Sin embargo creo que me equivocaría si intentase hacer una música como la que hace él con su cuarteto. Tomo conceptos de él como su formación, o la anarquía estructural, su espontaneidad, pero tocar como él sería una falsedad. No sé cómo explicarlo pero lo tengo claro. Puedo tocar como Jimmy Giuffre, pero no como Ornette. Es así…

Tras esta trilogía, ¿qué proyectos tienes?

Por proyectos no será (sonríe)… Inmediatamente me gustaría grabar a trío con Cesar y con Marcel·lí. Durante tres años toqué, cada viernes, en un café en Barcelona, ahí tocábamos a trío y muchas veces era con Marcel·lí y Masa y otra muchas con Cesar y Masa. Me gustaría grabar esos dos tríos. La energía del trío es muy distinta a la del cuarteto y por la experiencia que hemos acumulado me parece que sería muy interesante dejarlo plasmado.

Además me gustaría grabar el primer disco de ISCCJMKMB en estudio con una formación ligeramente distinta, que tuvimos ocasión de probar este verano en el festival de jazz de Eivissa. El 17 de noviembre se inaugura una exposición sobre mi obra en Arts Santa Mònica, en Barcelona. También haremos una mesa redonda, en el marco de la exposición, para hablar sobre mi trabajo y después un concierto con SAI trío, con Sònia Sánchez y Agustí Fernández. Eso será el 3 de diciembre. 

Papel antes que digital


¿Sigues el legado conceptual o surrealista que lo ha conformado? ¿Qué intentas decir, en minoría?

Diría que sigo más el conceptual que el surrealista, pero de todas formas, sé que es un tópico, pero no creo demasiado en las etiquetas. Está bien si como crítico te propones hacer un estudio teórico, pero como artista no creo que sea bueno tener demasiado presentes las etiquetas. De hecho creo que lo mejor es intentar olvidarse de todas ellas, de todas tus influencias y construir un buen popurrí de todo lo que has ingerido como ente sensible. En algún momento de mi adolescencia tuve la impresión de que las influencias podían marcarme demasiado y por ello tenía que protegerme de alguna manera. Pero es un error, creo que hay que disfrutar de todas las cosas que te conmueven y a la hora a de crear tratar de olvidarlas. 

Cuando hablo de minoría me refiero a que estoy convencido de que el mundo del que queremos hablar, o si se quiere, la manera en que queremos hacerlo, es y será siempre minoritaria. Por mucho que nos guste el jazz, nunca podrá rivalizar, en el volumen de interés que genera, con una canción de tres acordes cantada por una voz templada. Pero las obras que creamos son las que luego influencian a las grandes corrientes estéticas. Vuelvo a Duchamp, en su época era absolutamente marginal y sin embargo no se puede entender el arte de hoy, incluso la comunicación publicitaria, por poner un ejemplo de algo banal, sin su influencia. 

El uso de papel parece querer decir que se aleja del arte digital. Por cierto, usas tecnología para el diseño gráfico, entiendo.

El papel, como materia, me fascina. Entre otras cosas por lo insignificante que puede ser. En principio no me interesa usar papeles demasiado caros o de calidad. Me gustan los papeles que tienen experiencia, papeles manchados, arrugados, rotos. Papeles que reflejan su pasividad. Lo digital no me interesa demasiado, siempre digo lo mismo, ante toda una paleta de no sé cuantos miles de sonidos de batería que puede tener un artilugio del tamaño de un paquete de cigarrillos, dame un sonido de timbal, lleno de armónicos irreconciliables y estaré contento...

Censuras y otros ridículos

¿Seguiste la polémica con Matisyahu en el festival Rototom? Una prueba de que se ampara hoy en democracia y con presupuestos públicos actitudes de discriminación racial y organizaciones antisemitas. Le obligaban a posicionarse políticamente –con una pregunta cerrada- cuando a ningún otro se le pide. Anularon el concierto y lo recuperaron. Ridículo absoluto de la dirección del festival…

Sí, ridículo absoluto de un país con una incultura insondable. La herencia es muy mala…

Como artista y ciudadano, ¿qué te ha parecido la censura a la valla publicitaria del torero reencarnado en Salvador Dalí? Los propios censores la consideran “creación”. ¿Se debe censurar al arte incluso si es una provocación taurina inspirada en un provocador como Dalí?

No he estado al corriente de esa "polémica", y me alegro. Todas esas maneras de llenar páginas de diario y minutos de radio y tele me parecen de lo más mediocre. Y no por el suceso en sí, sino por el tratamiento que se hace. Echo de menos debates en profundidad sobre estas cuestiones. En Catalunya tuvimos, hace poco, una polémica mucho más mediática y trascendente que acabó con la dimisión del director del Macba, Bartomeu Marí, y el equipo que había comisariado la exposición donde se mostraba una obra donde Don Juan Carlos de Borbón era sonorizado por una bestia sin identificar.

Curiosamente tengo una opinión que a mucha gente le puede parecer retrógrada. No estoy a favor de que un museo público tenga que exponer cualquier cosa porque a este o al otro artista les salga de donde sea. Sé que hay muchos creadores que aún están motivados básicamente por esa cosa tan pasada y casposa que se llamó "épater les bourgeoises" es decir, ser provocador. Desde usar sangre menstrual como pigmento, hasta pegarse un tiro en el hombro. Es la necesidad de llamar la atención, en un mundo del arte (y un mundo en general) saturado de estímulos. Lo entiendo, pero no lo comparto, mi obra no llama al público desesperadamente. Quién se le quiera acercar mejor para él, quién no, ya vendrá, o no vendrá nunca, que más da. Por eso te decía antes lo del arte minoritario. Personalmente creo que el foco de interés de casos como este está mucho más en ese aspecto que no en el que señala el dedo.

No estamos en un país comunista ni en una dictadura militar. ¿Hay censura? Sí, pero es orgánica, y cuando lo que se está censurando es de interés colectivo hay que luchar contra los censores. Qué decir de la censura de El País, La Vanguardia o la de los medios de comunicación de masas? 

ENTREVISTA PUBLICADA EN LA REVISTA DE CULTURA JUDÍA RAÍCES

Raíces 105 | Año XXIX | Invierno de 2015-2016




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