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09 julio 2015

ALEX CLINE-Obra en continuo


ALEX CLINE Obra en continuo

Asentado en California, Alex inició su carrera como percusionista ligado con solistas de vientos que continuaron la estela oriental iniciada por Coltrane: junto al saxofonista Jamil Shabaka en el Duo Infinity (1977) y luego en el grupo del multiinstrumentista y pintor Vinny Golia, mentor los gemelos Cline. Con su hermano Nels y el multiinstrumentista Brian Horner formó el trío Spiral. Ya en los ochenta coincide con su colaborador más estable, el violinista Jeff Gauthier, en Quartet Music (1979), donde estaban Nels Cline y Eric Von Essen. En un marco bastante más aguerrido y aristado estaría el interesante trío de batería, violín (eléctrico) y guitarra de Cline-Gauthier-Stinson en The other shore (2001). Entre sus colaboraciones con el jazz de vanguardia de la Costa Oeste estarían las de Richard Grossmann, Charlie Haden y Arthur Blythe. 

Nels Cline y Alex Cline

Pero es en formatos más nutridos donde se produce la elocuencia embriagadora de su música, que muta desde The Lamp and the Stars (1987) hasta Continuation (2009).  Mientras que en The Constant Flame (2001) extendía la producción realizada por el maestro de la batería Peter Erskine en Sparks Fly Upward (1999), que tenía como protagonista a la guitarra y a sus posibilidades 


La propuesta instrumental que identifica a su estilo parte de una estructura variable entre percusión, cuerdas y voz, añadiendo piano/órgano o guitarra. El percusionista ha ido conformando un colectivo fiel a su ideario: Alex Cline (batería, percusión), Jeff Gautier (violín), Peggy Lee (violonchelo), Myra Melford (piano, harmonium), Scott Walton (bajo). 


Continuation mantiene el hilo umbilical estético con The Lamp and the Stars (1987), donde se encuentran las claves de un sonido que se expande desde el silencio y en relieves misteriosos entre el tejido aéreo de cuerdas, percusión y voces.



Expresión donde la intensidad entre lo corpóreo y lo etéreo se naturaliza en la compenetración de los elementos que intervienen: piano, trío de cuerdas y percusión.  El mensaje no es reflexivo sino interiorizado (Open Hands), se crece en el verbo colectivo (jazzístico en On the Bone of the Homegoing Thunder, folky en Clearing our streams) desde una contención estilizada, serena y persuasiva (Sumerge). Mantiene, en suma, el hilo umbilical en la construcción de su estilo si lo comparamos con The Lamp and the Stars, “producto anómalo”, visión fugaz dentro del catálogo del sello ECM



Este trabajo reúne las claves de un sonido que recurre a la expansión sensitiva desplegada desde el silencio, las percusiones ondulantes y el tejido aéreo de las cuerdas y las voces

Se plantea en ese disco un escenario muy evolucionado que no prescinde de “partículas elementales” contenidas ya en el lejano The Lamp and the Stars como el violín de Jeff Gauthier y la voz alada de Aina Kemanis. Dominado por las guitarras (ácidas, punzantes y brumosas) de su hermano Nels y de G.E Stinson, en perfecta sincronía con los vientos catárticos de Vinny Golia, en The Constant Flame rinde tributo a una serie de creadores (John Carter, Don Cherry, David Sylvian, Toru Takemitsu...) poniendo al día un estilo que bascula entre el folk- pop soleado de Paramita (Aina Kemanis canta con letra), la languidez trágica en decorado tibetano de Evening Bells o el turbulento y poderoso cruce de voces (jazzísticas) de Driving to Iceland.



Los títulos de estos tres trabajos destacados, The Lamp and the Stars, The constant flame Continuationm contienen un mensaje sobre el hecho contemplativo  y la poética del instante y su permanencia

Continuation es el resultado de un largo proceso de integración donde la intensidad melódica entre lo corpóreo y lo etéreo se sublima en una naturalización de sus elementos. Bajo la fórmula de quinteto se reúne piano y trío de cuerdas con percusión. La inclusión de Myra Meldford a los teclados  resulta reveladora por una lectura profunda y angulosa que permite abrir espacios y crea alturas. Peggy Lee (donde Hank Roberts) al cello se suman al bajo (con mucho arco) de Scott Walton y cierra el trío de cuerdas el imprescindible Jeff Gauthier al violín. 

La expresión no es reflexiva sino interiorizada, crece en intensidad colectiva desde una contención estilizada y serena. Sentido oriental de los timbres y las alturas, brillos metálicos de la percusión, introducciones hechas de figuras abiertas a la música de cámara contemporánea con atmósferas turbadoras entre espacios jazzísticos y una melodiosidad de placidez melancólica (viniendo de la tierra de la New Age) emiten un mensaje introspectivo y hechizante antes que exótico o autocomplaciente. 





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