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19 marzo 2015

OPINIÓN- Tópicos de cine



Opinión
Tópicos de cine

El estreno de varios títulos con el jazz como protagonista causa sorpresa. El  interés -limitado y convencional- que históricamente ofrece la industria estadounidense perpetúa una imagen desenfocada, morbosa y caricaturesca de su mundo. Whiplash, Low Down o la esperada película biográfica sobre Chet Baker -con Ethan Hawke en el papel principal- manifiestan un interés por el jazz instalado en viejos estereotipos 

  Por Jesús Gonzalo


La conversación transcurría, como era costumbre en ese círculo de amigos, sin que nadie tomara el timón de la misma. Sencillamente fluía entre risas, ocurrencias y analogías más o menos brillantes. Eran tiempos en los que aún creíamos que ese deambular bohemio podía detener la volatilidad de esta vida, sorteando con ingenio las cunetas del camino. Uno de los tertulianos era maestro internacional de ajedrez. Esa tarde el tema de conversación iba sobre cine, aunque en cualquier momento la cosa podía virar de rumbo. Se pusieron sobre la mesa, entre vino, cerveza y un tablero detenido, películas dedicadas al jazz y al ajedrez.



Recuerdo la fascinación y placer que suscitó rememorar el cine francés de Ascensor para el Cadalso, que nos llevó a la Nouvelle Vague y de ahí al realismo tenso, ágil y directo del John Cassavetes de Sombras. Vimos allí ejercicios de exploración estética plenos de movimiento que debían al jazz ser el inductor narrativo - como ha hecho Iñárritu con la batería de Antonio Sánchez en la galardonada Birdman-, el elemento de espontaneidad veraz y convincente que convenimos que Bertrand Tavernier, filmando al jazz en Round Midnight, consiguió dignificar sin resultar frívolo. 

Luego llegaron comentarios enfrentados con las pelis más famosas. No tenía la madurez suficiente para contrastar lo que nos decía Eastwood sobre el genio enfermizo más recurrente de la pantalla, Charlie Parker, en Bird.  Por eso, pasados los años de aficionado adolescente, mi posición esa tarde fue bastante crítica con ella. El amigo del ajedrez se quejaba también de los tópicos con los el cine había mirado al ajedrez y lo lejos que estaba de la realidad, instalado permanentemente en la imagen del superdotado “rarito”, tipo Bobby Fischer.

La reciente Whiplash, que cuenta la historia de aprendizaje de un joven baterista en una escuela de élite,  ha desatado también polémicas. Bastantes más que la más humilde Low down, segunda biografía filmada que retrata la sordidez de la droga y la lenta autodestrucción personal, familiar e infantil –su hija firma el guión- que acompaña al pianista Joe Albany. Resulta interesante plantear que si yo viera estos títulos con la edad que vi Bird en 1988, igual opinaría lo que gente del mundo de la cultura que no es aficionada puede ver en Whiplash (literalmente, “látigo”): 

“Una película fascinante desde el primer segundo, y nada predecible”.  O esto otro… “Resulta asombroso que un chico de 20 años y sin antecedentes musicales ni presiones tenga tan claro lo que quiere y sea capaz de todo para conseguirlo, esa madurez, esa seguridad…” 



Esfuerzo, superación personal, esa mentalidad tan estadounidense que podemos ver en las sangrantes manos de Rocky Balboa o Karate Kid y aquí en las del ambicioso estudiante con sus baquetas, se construye destruyendo la sana competencia y convirtiendo la educación y disciplina musical en militar -mejor actor de reparto para J.K. Simmons, profesor-sargento de hierro de esta película-.  Al margen de sus logros cinematográficos en fotografía y montaje, debemos considerar a Whiplash como una caricatura, un enfoque exagerado e irreal  que se alimenta del mito y de la perversa idea de salvaguardar un pasado por medio de un rancio academicismo.  

El éxito o el reconocimiento social de estos personajes que recorren el jazz inmersos en la bohemia, la miseria o el pasado resulta para ellos inalcanzable. Porque como decía Woody Allen, “no es lo mismo contar la vida de un músico que la de un banquero”… Cierto, pero es que hasta gente tan cercana a este mundo como él o el mismo Clint Eastwood han ofrecido títulos edulcorados o defectuosos como Sweet and Lowdown o el ya ciado Bird.

Queda ver lo que nos deparará la dedicada a Chet Baker tras Let´s  get lost


Publicado en Cuadernos de jazz en febrero de 2015




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