INICIO

14 febrero 2015

DAN WEISS- Fourteen & Timshel (trio)



Dan Weiss

                              Fourteen 

(Pi Recordings, 2014)


Los formatos orquestales en el jazz de hoy plantean múltiples combinaciones instrumentales que nutren de nuevas sonoridades y color al conjunto. El baterista Dan Weiss nos sorprendió con la cualidad espacial y de tiempos que consiguió en Timshel, su trabajo previo en disco pero en un reducido trío. Ahora nos entrega Fourteen, atributo numérico de una plantilla mixta que reúne varias familias de instrumentos, voces y naturaleza acústica y eléctrica. Grupos referenciales previos a este formato, por supuesto, estaría Scalator over the Hill de Carla Bley, estando entre los más recientes que se nos vienen a la cabeza los de Tony Malaby en Novela y el de Lucian Ban en su homenaje a George Enescu con violín y tablas indias. Aunque conviene acotar el análisis al terreno de bateristas-compositores como el que nos ocupa.

Tres de los más reputados son Jeff Davis, que en We sleep outside eligió una plantilla que se estructuraba sobre un quinteto ampliado con teclados y guitarra, antes que él, en esa configuración mixta, el que conformó Harris Eisenstadt para el estupendo Woodbloks Prints, con vientos madera y metal, guitarra eléctrica y percusión, siendo el más celebrado y conocido el proyecto de John Hollenbeck y su Large Ensemble, donde se perfila una dimensión orquestal renovada con voz (Theo Bleckmann), vibráfono, bajo eléctrico, piano y secciones de metal.
Pero hay elementos que van más allá de un enfoque actualizado sobre plantillas jazzísticas en Fourteen. Elegir como título un número, antes que remitir a la historia del jazz y sus big bands, lo hace de la vanguardia americana de John Cage (las últimas obras que escribió antes de morir, a finales de los 80, para instrumentos acústicos se bautizaban con el número de interpretes que las hacían posible: Four, Ten, Fifty eight…) y antes que Cage incluso, a mediados de los 70, Steve Reich y su escueto y fundamental título Music for 18 musicians

Fue justo con esta pieza cuando su autor, erróneamente así considerado aún, dejó de ser minimalista. Se da la circunstancia, además, que Reich adaptó a un formato instrumental occidental el gamelán balinés, mientras que Weiss, ya sabemos que es un experto en tablas y música de la India, escribe y organiza el material como si de una raga se tratase, extendiendo horizontalmente el motivo central, sumando intensidad antes que alturas y compartiendo la visión cosmogónica del generó hindú. Weiss no resulta original en su planteamiento. Adopta y cita casi de forma textual por momentos las maneras repetitivas y en planos, la heterofonía, del Steve Reich de Clapping Music (juego cruzado de palmas) y Tehillim (Parte 2) en el tratamiento de la voz (todas de mujer).
Pero incluso para un oyente avezado que contempla la estructura argumental de Weiss con claridad, Fourteen depara sorpresas. La incorporación de guitarra (recuerden lo que se decía de los grupos de Eisenstadt y Davis) combinada con este jugoso formato nos descubre momentos de explosión y cierta grandilocuencia que, en esta distribución narrativa hilada en secciones en las que no se aprecian límites en las duraciones, nos descubre una afinidad con el rock sinfónico y el carácter mestizo -sin barrroquismo- de Frank Zappa.
Si la debilidad de Fourteen es la aliteración de sus fuentes referenciales, su grandeza es la capacidad de síntesis y servir de puente, una vez más, a la unión de Oriente y Occidente.
            
Músicos: Dan Weiss (batería, voz recitada), Jacob Sacks (piano),  Matt Mitchell (glockenspiel, piano, ógano), Thomas Morgan (contrabajo), Miles Okazaki (guitarras eléctrica y clásica), David Binney (saxo alto), Ohad Talmor (saxo tenor), Jacob Garchik (trombón y tuba), Ben Gerstein (trombón), Lana Cenaia (voz), Judith Berkson (voz), Maria Neckam (voz), Katie Andrews (arpa), Stephen Cellucci (percusión)
Composiciones: “Fourteen” Partes 1-7


TIMSHEL
Jacob Sacks (piano)   
Thomas Morgan(bajo)
Dan Weiss (batería)  
Sunnyside






Conocíamos a Weiss por sus colaboraciones con David Binney y más recientmente por vérsele en el super grupo de Rez Abassi pero desconocíamos su música en formato de trío.

Timshel es un disco que se resiste, genera una extrañeza que te empuja a adentrarte más en él y finalmente acaba situándote en su mundo, en un lugar indeterminado entre tiempos cíclicos y trenzado rítmico. Cierto es que ya Dan Weiss, uno de los bateristas más creativos del momento, cuya técnica destila  músicas tan alejadas como la India  y el metal, nos introducía a este sonido con idénticos argumentos en su anterior Now Yes When (2006). 

Perfiles de figuración discontinua se mueven en un tiempo flotante aporta una dimensión plástica en contraste con el virtuosimo y "textualidad" rítmica con la que traduce su formación en ragas indias desde un perfil cinemático (célebres se han hecho sus desafíos cifrados de imágenes: ver vídeo abajo). 



Hay aquí también algo especial en sus tiempos circulares y en sus insistentes melodías, alteradas en acordes ascendentes y descendentes con subrayados percusivos independientes de las líneas definidas por el contrabajo. La tendencia a cierto ensimismamiento y la atención al detalle crea una sensación de suspense entre el desorden y la exactitud.

La refinación melódica de Sacks, acaso el elemento en el que convergen la respiración desvaída y un tiempo ajeno a los parámetros prototípicos del jazz, surge imbuida en figuras clásicas inacabadas y en notas harto elegantes que aprecen construidas en falso, especie de miniaturas caprichosas atrapadas por un vórtice onírico del que escapan misteriosamente. Esa confusión repartida en funciones distintas se materializa en los tiempos ralentizados, con espacios aislados en el silencio que permiten volver al trasunto cuando ya no se le esperaba. 
Thomas Morgan y Dan Weiss

No, no es Morton Feldman (pudiera parecerlo por momentos en Florentino y Fermina) pero no es el problema si el lenguaje usado es más o menos contemporáneo o más menos jazzístico: no se percibe frontera, y si es así es que no la hay. Tampoco Paul Bley ni su escuela (Crispell a trío) estarían detrás de esto. Ni tampoco Ethan Everson con The Bad Plus con sus característicos espacios de respiración lírica, pues la existencia de éstos es restringida y sesgada quirúrgicamente por los tres. Aquí el fluir es otro, es un diálogo equidistante que funciona por medio de una interesante lógica de conjunto, con toda probabilidad, bien atada - que no atrapada- en la escritura.

La aparente ligereza de los motivos (se da cierta relajación del músculo orgánico propio del jazz) se torna solemnidad en su repetición (Stephanie); se elige una expresión atemperada en la pasión, (nunca monocorde, como en Teental Song o el hímnico Dream); hay una manifiesta querencia por los planos (diferente tratamiento en el fraseo rítmico dialogante de la película Glenglarry Glennross y de cifrado de tabla en Chakradar, ambas demarcadas por la batería) y, finalmente, por un enfermizo romanticismo (en Frederic, por Chopin, y hasta el final en Postlude), elementos todos ellos que unidos dan una idea de la singular extrañeza que provoca este disco aparecido en EEUU en 2010 y aquí en este año que termina.   




                               Entrevista y vídeo promocional Timshel 


Spot drum solo

No hay comentarios:

Publicar un comentario