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02 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Murakami en la orilla


Me prestan un coche por unos días. Salgo sin rumbo por el litoral andaluz, no hay señales ni paradas. Quedo varado en la costa gaditana, cerca de Tarifa. Sorteo una carretera que se estrecha entre pinos devorados por una duna. Empieza a llover con suavidad antes de llegar a la última playa virgen...
Por Jesús Gonzalo

El acceso en pendiente hacia el mar tiene pequeños senderos que se abren paso entre frondosos cañaverales. No elijo ninguno, sólo me dejo llevar por el olor a mar. Unos minutos que se hacen más largos de lo esperado llevan hasta un punto en que la vegetación se abre. Desciendo unos metros y ahí está…


Se respira de manera distinta en un sitio virgen. Mis sentidos reciben las sensaciones de manera más clara y concentrada. Miro hacia ambos lados, no hay nadie. Escucho el viento y los pájaros

El mar está agitado pero no parece amenazador. Hay muchas algas, debe de haber estado revuelto estos días por las lluvias. Me acerco a uno de esos montículos rocosos que dibujan líneas en paralelo, extrañamente perfectas y distanciadas, como si hubieran servido en tiempos remotos para aparcar barcazas…Sigo entre las piedras con el agua a la altura de las rodillas haciendo equilibrio, esto resbala. Hay moluscos pegados a las rocas, están vivos. Y un montón de peces… Me agacho, tomo algo de agua y la huelo profundamente.

La playa continúa a la vuelta de una entrada de mar. La rebaso y descubro algo en el suelo con unos colores que no deberían estar en este lugar. Me acerco y no salgo de mi asombro. Es un libro. Lo cojo, lo miro y la sorpresa es aún mayor.



Murakami en la orilla 
"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"
         

¡¿Un libro de Murakami y en inglés?!  Lo habrá dejado alguien que vino a tomar el sol tranquilamente. ¿Y si lo arrojaron desde un barco? Los bordes están deshechos, esto lleva tiempo aquí. Murakami... Éste no lo he leído, pienso en un primer momento. En realidad, el escritor japonés me había decepcionado dos veces y prometí no darle ninguna oportunidad más.

En este sitio solitario, y en medio de un acontecimiento cuando menos inesperado, me asalta la sensación de ser un personaje de las novelas Murakami; "pero aquél que no es adolescente", me digo. Sigo paseando mientras intento poner en pie la historia o el clima de Tokio Blues, la primera que le leí; aunque lo suyo en estas circunstancias sería recuperar Kafka en la orilla...No lo consigo, sé que en su más famoso "best seller" hay nieve, una historia de amor con sexo explícito, un suceso trágico y personajes complicados o raritos antes que complejos. Previsible, me reafirmo, Murakami es un autor previsible. Me digo.

Murakami en el rincón del lector, juntos frente al turbulento océano. Si esto es el fin del mundo, ¿dónde está el país de las maravillas?
Sigo mi reflexión. No importa cuándo se leyera, lo que queda de una buena novela es la sensación de que se arrastra hasta tu presente. Recuerdo mis primeras lecturas sin esfuerzo. Eso no me pasa con el sobrevalorado Murakami, escritor cuyas historias revelan su misterio sin que él lo controle. Le conocí como por la anécdota de que tenía un club de jazz en Tokio y que los periódicos decían que ofrecía una estructura narrativa parecida al jazz y sus standards, porque fluía entre hallazgos inesperados y bla, bla, blá… El tema clásico de jazz After Dark fue uno de sus primeros títulos…

¿Me llevo el libro o lo dejo ahí?...No dirás que no es un acontecimiento raro encontrar un libro de Murakami en una playa y con este título…“El Fin del Mundo y el despiadado País de las Maravillas”. Levanto la cabeza y veo más adelante una silla de playa abandonada pero aún desplegada, está dentro de una especie de cueva. ¿Será del propietario de este libro?

Murakami llega hasta el último rincón del lector, juntos frente al turbulento océano. Si esto es el fin del mundo, ¿dónde está el país de las maravillas?




1 comentario:

  1. Yo de ti, lo leía. Yo no le veo previsible, pero estoy de acuerdo en que sus novelas revelan su misterio sin demasiado control. Escribe raro y eso atrapa. Y luego se saca de la manga, cartas extrañas. Ya se sabe: si lo que ves no es extraño, la visión es falsa.
    Abrazos,

    Ramón

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