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30 septiembre 2014

OPINIÓN- ¿Gratis?

Opinión: ¿Gratis?ImprimirE-mail
Por Jesús Gonzalo
¿De qué sirve hablar de libertad cuando el precio tiende a cero? ¿Hasta qué punto se devalúa la música si se ofrece a cambio de nada? ¿Qué hacemos con  una demanda acostumbrada a no pagar? ¿Cómo afecta la intervención en el mercado de una oferta gratuita hecha por un organismo público? ¿Y si lo hace un empresario? ¿O un músico?



Me cuentan con todo lujo de detalles el trato y el pago recibido por los trabajadores en una cooperativa agrícola. Las condiciones y horas de trabajo empleadas van más allá de lo abusivo, estando cerca de lo que llamaríamos esclavitud, salvo porque no están “obligados” a ello: siempre se pueden ir para que otro ocupe su lugar. ¿Hablamos de una región de África? No, primer mundo, Unión Europea, España. No alcanzo a entender cómo un empresario puede permitir que sus empleados trabajen ocho horas diarias en invernaderos, soportando un calor de 35º y una humedad ambiente del 85% y todo por unos 650 euros al mes. Los que trabajan en la administración y control de calidad tampoco lo tienen mucho mejor...

¿En qué momento a ese empresario se le fueron los plomillos de la humanidad? Me pregunto mientras observo a un niño pequeño disfrutando de un día de playa como si fuera el primero, trasladando su alegría y entusiasmo a la infancia de ese empresario ¿En qué momento se tuerce todo?, pienso. Creo que justo en el que sus expectativas se han visto satisfechas sin contrapesar el mismo esfuerzo, o cuando descubrió que era el de otros el que le generaba beneficios. Amplíen esta actitud a otros agentes sociales. Los sindicatos, si los hay, miran para otro lado, la Administración da cobertura legislativa a los contratos y el empleado, sin margen de maniobra en el mercado laboral, accede a ello. Hace ya tiempo que los “chinos” somos nosotros.

¿Creen que en la música estamos mejor que en una plantación? Llámenlo jungla… No. En las redes no paras de ver publicaciones en las que se revindica una compensación digna para el músico. La ley del mercado, que en teoría económica proviene del “mercado de competencia perfecta”, es la que condiciona a la cultura y la música. A lo que se le añade el IVA más alto de toda Europa y, no nos olvidemos, una propiedad intelectual que se fiscaliza al milímetro mientras se descargan gratis miles de archivos de audio. Se ha ido instalando la “cultura” del gratis total. Para la música y para esta misma profesión, ésta de quien les escribe. ¿Y qué sucede cuando se pervierte la lógica, porque es como funciona, de un mercado donde oferta y demanda, en el que, de ahí su esencia “competitiva”, un comprador o un vendedor no pueden imponer “el precio” de un producto, o el no-precio en este caso?

Acudo a una reunión en una alcaldía, con el equipo -de rugby- de la concejalía de cultura. Me siento intimidado, como si fuera parte de la oposición. Me defiendo con argumentos. “Si tú eres gestor cultural, yo soy gestor público y me debo a mi pueblo”. Uf, el político salva patrias hablando de su pueblo, me lo sé de memoria. Ya… ¿Y? Pues eso, que “en las condiciones que estamos tengo que ofrecer gratis la cultura a mi pueblo”. Ajá… Bien, socialización de la cultura que se llama, algo muy de izquierdas aunque usted no lo sea. Entonces, ¿qué hacemos los promotores en este mercado viciado, acostumbrado a no pagar? ¿Nos arriesgamos con propuestas culturales que deberían contar con apoyo público, pues el mercado no las cubre? “Claro, si tu quieres traer a un violagambista (pongamos que de primerísimo nivel) pues  hazlo como lo haría Bisbal cuado viene: a taquilla”… Así, textual. Esa es la idea que tienen sobre la cultura, una especie de producto financiero cuyos réditos se consiguen antes del cierre de la Bolsa. Le comento esto de manera descriptiva y añado, “parece que para una cosa somos muy de izquierdas y para otra me deja usted en manos de las leyes más salvajes del mercado…” Termino haciendo un diagnóstico de la gestión cultural del municipio y concluye el concejal de turno: “Gracias por este análisis gratis que nos has hecho”.

¿A que es genial? Músicos que se quejan del maltrato del mercado, pero tocan gratis o casi gratis. Claro, la música, hacer música, es una recompensa en sí misma, mucha gente lo hace porque se siente llena y satisfecha. Cualquier músico afirmaría esto. También yo me siento reconfortado cuando escribo y no se me paga. No se paga ni siquiera si tengo que trasladarme a cubrir la noticia. Estamos peor que los músicos y nadie nos defiende estando en el mismo barco. Por ejemplo, cuando hay gente que “toma” prestado tu no-pagado-trabajo sin mencionar fuente ni autor, como me ha pasado recientemente con el programa de mano de un festival -más provinciano que internacional- de la costa sur. Pagas el piano, al técnico de sonido, la logística, la cena, el hotel, al músico, incluso pagas a la SGAE, pero le robas las palabras al especialista.

Gratis total… De acuerdo, volvamos a la jungla. Tenemos a profesionales mezclados con no profesionales. Nada de aprobación, respeto o reconocimiento a la labor. El precio-salario tiende a cero.  Trabajemos duro pero sin esperar nada a cambio. ¿Nada?


© Cuadernos de Jazz, septiembre - 2014

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