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06 agosto 2014

CHARLIE HADEN-In Memoriam

IN MEMORIAM CHARLIE HADEN


"Always say Goodbye"


Me pilla desprevenido y por la noche la noticia de la muerte de Charlie Haden (6 de agosto de 1937- 11 de julio de 2014). No pienso, me quedo en blanco unos segundos y luego me abordan una serie de imágenes y una melodía. La primera y más clara, el tema “Siempre di adiós” del disco del mismo título. Se ha ido sin despedirse, me digo...


Ese tema me acompañó durante muchos años, sobre todo en tiempos duros. Pertenecía a un disco que, como otros con el Quartet West, se recreaban en el cine negro americano de los años 50 y en todo ese clima humeante, solitario y decadente al que Haden y su grupo supo sumergirlo en un áurea de elegancia y romanticismo perdidos. El disco tiene de portada a Bogart y Bacall como sombras vivas del Sueño eterno al que todos estamos abocados. Pero no era eso de lo que quería hablar, Always say Goodbye estaba dedicado a su madre, que murió mientras Haden estaba de gira. Eso cuenta el músico en las notas de un disco que, como el resto de una discografía colocada en un lugar destacado de mi colección, por circunstancias queda lejos de mi alcance en estos momentos. A su madre se lo dedicó y todo el aliento que trasmite es de pérdida y de recuerdos, de calor y melancolía y calor, de cercanía y de culpa.

Me toca escribir sobre Charlie Haden y decido hacerlo sin consultar datos por internet. Su carrera es tan determinante y vasta que invito a los lectores la consulten si son datos lo que buscan. Decido sumergirme en mis recuerdos sin asideros, puesto que la primera emoción que siento sin pedirla ha sido ese título. Haden llegó a mi vida cuando yo era un chaval. Ya saben, la curiosidad tiene caminos que uno no elige, por ello es conveniente que la mentalidad crítica llegue más adelante. Mi primer disco ECM, ni más ni menos. Folk Songs, que sigo prefiriendo a Magico. Con Jan Garbarek y Egberto Gismonti, todo un universo acústico en el que un mundo nórdico y otro brasileño se fundían con un contrabajista todoterreno. Primeros ochenta, aunque yo lo escuchara a finales. Es lo que tiene los senderos cuando no sabes, aunque al final acabas recorriendo el de la Historia: Ornette Coleman.


No obstante, seguí ahí antes de adentrarme en la revolución del free jazz, seguí disfrutando de un músico que aparecía y desaparecía en discos tan dispares, aislados y nutritivos con Dino Saluzzi en Once upon a time, con Enrico Rava en Volver, ambos de los 80, o con Wadada Leo Smith en el irregular Divine Love en la década anterior. El sello alemán me sorprendía a cada pequeño paso que daba. Y los dos siguientes, con ciertas dosis de no saber en dónde me metía, fueron enormes. Eyes of the Heart y The Ballad of the Fallen. 

Uno era en directo, como de mediados de los 70 con el cuarteto de Keith Jarrett, y el otro con una tal Liberation Music Orchestra (LMO) y un montón de excelentes músicos. Luego le seguí por el catálogo y lo vi en un contexto completamente distinto, en el cuarteto Old and New Dreams, un tributo al mentor Ornette Coleman que también se puede encontrar en Soul Note, donde estaban DonCherry, Ed Blackwell y Dewey Redman...De ahí al pasado sólo había que dar un paso obligado.



1958...Five Spot, Nueva York, Leonard Bernstein asiste noche tras noche a ver un grupo que causa sensación sin regalar las entradas..., John Lewis creo recordar que también. Son las sesiones de presentación de un cuarteto que venía de Los Angeles. Nada de cool jazz...esto era nuevo, “¿Pero quién era ese contrabajista?” decía admirativamente el compositor de West Side Story y director de orquesta. Quién es ese contrabajista que hacía cosas nunca antes vistas, trazando líneas independientes y repetitivas, modulando de forma original y con un sonido único, profundo e hipnótico, tensado y melódico. Con el cuarteto de Ornette Coleman llega la modernidad. Toda la carrera de nuestro músico vendrá marcada por esa experiencia.


En realidad, pienso, sin contrastar demasiado, ya digo, que la carrera de Haden tiene un antes y un después de la semana que el Festival de Montreal le dedicó entre mediados y finales de los 80, aunque los discos fueran apareciendo publicados, con mayor o menor distancia entre ellos, en los 90. Los tríos con Don Cherry y Ed Blackwell,  Paul Bley y Paul Motian fueron una prueba de escucha importante para unos oídos aún en formación. Aunque a mi me seguía tirando más el rollo que tenía con la LMO, del que me había hecho por entonces de su primer disco y del entonces estreno The Dream Keeper, con la mirada puesta en el Apartheid de Sudáfrica e incluyendo el himno del Congreso Nacional Africano. ¡Esta banda aparece cuando se le necesita!


La última vez que le vi en directo fue con la nueva versión de la Liberation Orchestra en Not in Our Name, a mitad de los 2000 y con músicos jóvenes que hoy están entre lo más interesante de la escena de vanguardia, y se reunían esta vez en contra de la guerra de Irak...“Música de protesta para tiempos difíciles” escribí en el titular de la elogiosa crítica para un periódico. Allí estaba de vuelta su mejor aliada en los arreglos, Carla Bley, a quien dijo en un taxi, allá por 1968 cuando vivía en Nueva York, que debían hacer algo para denunciar la guerra de Vietman, tras escuchar juntos en la radio del coche que había habido un nuevo bombardeo norteamericano. Anti-imperialista, enfrentado a los gabinetes conservadores...


Haden, el músico comprometido, el intelectual de izquierdas norteamericano, de gustos refinados, elegante y sofisticado, vestido con  ropa cara y vigilado por el FBI... Menuda la montó al tocar en Lisboa Song for Ché...“Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia”...a la cárcel...Era antes de la Revolución de Los Claveles del 74, claro. Luego incluyó Grandola Vila Morena en The Ballad of the fallen, esa joya que aún me emociona y que dedicó, señalando a la administración Reagan, a lo que pasaba en El Salvador mientras homenajeaba a la música española y latinoamericana. La Guerra Civil española no le era ajena, su padre tuvo amigos brigadistas que le introdujeron en su música y en su historia. La guitarra aparece ahí.

Haden siempre fue un músico de acusada personalidad y dotes mercantilistas, pero tanto en sus grupos como en dúos parecía fundirse en una comunicación que transcendía su presencia. El folk de aquí y de allá le interesaba, pero especialmente unirse con guitarristas. Dúos hubo unos cuantos importantes, me quedo con su discreto pero hermoso encuentro con Carlos Paredes, el gran guitarrista portugués. Le vi en directo con Jim Hall, bueno...Pero a todo el mundo le queda Beyond the Missouri Sky, ese inolvidable paisaje policromado de nostalgia y luz tornalosada que hizo junto a Pat Metheny.


Con pianistas también ha dejado dúos para la historia. ECM se ha apresurado a publicar este año la última de las sesiones de Jasmine que le unió, tras más de tres décadas de silencio o enemistad, a Keith Jarrett en la casa de éste en Connecticut, casi anunciando desde el título un desenlace que ahora conocemos: Last Dance. Prefiero la espontaneidad, el tintineo de los cubitos de hielo en los vasos al separarlos de una barra que se pueden escuchar al lado de Kenny Barron en Night City. Más o menos de esa época, mediados-finales de los 90, es la maravillosa primera entrega Alone Together con ese joven genio llamado Brad Mehldau y el veterano incombustible Lee Konitz...Años antes también me gustó esa rara avis que fue su disco junto a Denny Zeitlin para ECM. También su pasión por Cuba le llevó a Gonzalo Rubalcaba, con él hizo varios discos juntos, ya en las Montreal Tapes y luego en discos como Nocturne, lanzando al pianista a la primera fila del jazz. Ah, más olvidados pero por revisar siempre los que hizo junto a Hampton Hawes en As long as there`s music y con Hank Jones en Steal Away, creo recordar que de primeros de los 70 y 90 respectivamente.


A principios de los 70 Haden, Motian y Jarrett, que venían del cuarteto de éste, rompieron, por un breve periodo de alianza, todos los esquemas temporales y estéticos del trío de piano. Diez años más tarde o así Geri Allen ocuparía su lugar al piano en Etudes, que incluía el título recurrente Silence que ya había sido dado a un disco grabado en Italia junto a Chet Baker y el gran Enrico Pieranunzi, con quien también alternó junto con Motian un trío.

En los noventa funda el Quartet West y vuelve su mirada, atenta a los folclores de aquí y de allá, en la cultura norteamericana y de Los Angeles, su ciudad de residencia en la que Ruth Camereon se convirtió en su mujer y productora. Le dedicó Our Spanish Love Song...Se quejaba de no haber sido un buen padre, por tener que prestar más atención a su carrera y a las giras por todo el mundo. Pidió disculpas públicamente por ello a sus hijos, Petra, Rachel, Tanya y Josh, todos músicos más cercanos al folk-rock-pop que al jazz.

 La historia familiar al menos no se repite, aunque te vayas sin decir adiós. 



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