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27 marzo 2014

OPINIÓN-Mi mapa del mundo

Opinión:

                              Mi mapa del mundo



La música de Pat Metheny suavizaba los perfiles dramáticos de esta película que nos sugiere un título. Cambio perfiles por fronteras, la tragedia se llama inmigración. Releo la historia de un músico que cruzó medio mundo para alcanzar la libertad, pasando por Crimea. Consulto un atlas histórico, siglos XIX y XX... El mapa del mundo según Putin ha crecido desde mi último artículo. Jesús Gonzalo



Putin se anexiona Crimea en menos de un mes mientras las torpes estrategias de la Unión Europea y la debilidad posterior de Obama por incorporar a Ucrania a su órbita Occidental detonan y casi empujan a su población a una partida de ajedrez entre tablas o guerra civil, como se vio en las manifestaciones teñidas de sangre y violencia en la Plaza de la independencia de Kiev. Son movimientos entre bloques geopolíticos con intereses geoestratégicos sobre el mapa y sobre todo, y de ahí esta debilidad política Occidental manifiesta, con fuertes intereses económicos y energéticos con la “Nueva Rusia”.

En el Estrecho, en medio del choque controlado de estas placas que recuerdan el pulso de la Guerra Fría, unos cientos de subsaharianos, se anuncia que un número cercano a los 40.000 espera en tierra marroquí con el mismo objetivo, intentan cruzar la frontera sur de Europa desde Ceuta y Melilla. Frente a las costas de Lampedusa, siguen llegando y muriendo hombres y mujeres que huyen de Siria. Dos modos de ver las fronteras. La del poder y la de la pobreza. Mi mapa del mundo


Nadie sabe lo que ha estado en juego en este pulso diplomático que ha ganado por goleada Putin, biznieto de la Revolución pero hijo del más férreo sistema soviético (KJB), cuya ambición pretende rescatar el imperio ruso de los Zares (tiene un retrato de Nicolás II) justo lo que parecía tenía que enterrar el comunismo. Pero ya Putin en Siria impidió el amago de intervención de los EEUU, que se repliegan de la zona con la anunciada salida de Afganistán.

Todos estos grandes países que se mueven en “su” particular frontera entre comunismo-nacionalismo y el capitalismo más salvaje del mercado negro han tomado buena nota de cómo se ha fallado este pulso, y el de Siria, y el de Irán...Si con China la cosa parecía más que evidente aplastante con sus compras billonarias de deuda pública occidental, el área de influencia planetaria se decantá más aún en Oriente con este personaje sombrío y prepotente que intenta saldar las cuentas de la Gran Rusia tras la caída del Muro (¿lo intentará con otras repúblicas exsoviéticas del Mar Negro?).

Las dos son noticias, información susceptible -más la primera- de ser manipulada en sus conclusiones. Pero la segunda, además de necesidad, conlleva el testimonio del destierro, de una persona, un individuo que tras muchos obstáculos se enfrenta al último de ellos antes de alcanzar su meta. La intrahistoria nos puede enseñar más, por lo tanto, que la historia oficial. La que hoy quiero mostrar es la de un músico judío que huye de Polonia por la persecución nazi. Su vida es una de las más rocambolescas y felices de las muchas y trágicas que puede contar su pueblo en el siglo XX.


Ben Bazyler nace en 1922 en Varsovia y vive en un barrio obrero no judío. Muy joven forma parte de bandas de jazz que se está de moda en los 30, mientras aprende el folclore de su cultura, los klezmorin. En su huída atravesando el mundo llega hasta la Costa Oeste de Estados Unidos sin atravesar el Atlántico, la vía más corta y lógica. La tierra del yiddish, la lengua de los judíos askenazis, se extendía por el sureste de Europa en regiones como Moldavia, Rumanía y Ucrania, país, como saben, que aún no es europea. Hubo un tiempo en el que el sur de Ucrania era visto para el klezmer como Nueva Orleáns para el jazz. Odessa llegó a ser, y hay discos recientes que intentan sacar a flote este hecho, uno de los centros más importantes de la cultura klezmer.



Bazyler llega hasta Ucranía en 1947 al abandonar el campo de trabajo en Sibera, donde fue deportado con su familia en 1941. Primero la amenaza nazi y luego las prisiones soviéticas en Siberia. Sigue hasta el suroeste de Crimea gracias a las indicaciones de otros músicos klezmer. De allí pasó a Uzbekistán, donde se ganó la vida tocando en restaurantes y en bodas en la capital, Taskent. Allí el pusieron el sobrenombre de “Boris el músico”, formando varios grupos de jazz y músicas populares con otros músicos judíos refugiados de Ucrania, una música que era una mezcla de influencias rusas y rumanas. En 1950 consigue que Dave Brubeck toque en la capital uzbeka. En 1967 se asienta en Los Ángeles y comienza otra vida de espaldas al pasado...si eso fuera posible.


No se pueden contar las fronteras, los antiguos imperios (Austro-húngaro, Otomano y Ruso) o las nuevas naciones que hoy cruzaría Bazyler persiguiendo un sueño de libertad. Su testimonio es personal, sí, pero encierra mucha más verdad que la noticia de una nueva frontera entre países


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