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18 febrero 2014

VIJAY IYER-Mutations


 VIJAY IYER

MUTATIONS

Vijay Iyer (piano, electrónica, composición), Miranda Cuckson (violín), Michi Wiancko (violín), Kyle Armbrust (viola), Kivie Cahn-Lipman (violonchelo). Grabado en septiembre de 2013 en Nueva York. 
ECM

Se crió en una comunidad de inmigrantes indios de la Costa Oeste siendo la primera generación nacida en los EEUU. En ella abundaban científicos, médicos e ingenieros, como su padre. La ciencia y un violín desde los tres años le acompañaron desde niño. Se cambió al piano ya cerca de la veintena porque le era más fácil improvisar. Su hermana tenía libros y partituras entre las que encontró una de Duke Ellington. Iyer estudió matemáticas y física en la universidad, e incluso ejerció en laboratorios antes de dejarlo por la música. Ciencia y arte unidos...sin duda reúne cualidades poco frecuentes entre los músicos, más atribuibles a creadores como Xenakis o Boulez que han incorporado complejos métodos matemáticos en una música exigente desde el lenguaje y desde la escucha. En cambio, el pianista apuesta por una plasticidad moderna y comunicativa que sintetiza tanto a Ellington y a Cecil Taylor como a Michael Jackson, esencias de blues y vanguardia unidas a lo popular.


La evolución aísla a lo estático y lo aniquila”, encuentro justo con la llegada de Mutations este rotundo pensamiento entre una serie de aforismos que he ido apuntando con los años. Un trabajo que no oculta su peso conceptual. Debido a su bagaje formativo, Iyer diserta en las notas del disco sobre su eje de inspiración y si la mutación es un fenómeno biológico (genética) o estadístico (variable aleatoria). 

Se decanta por lo segundo, añadiendo que si bien la simbiosis, como fenómeno biológico, puede ejercer influencia en la mutación, prefiere hablar de la que produce el “ruido estocástico”, término que suaviza el determinismo de las probabilidades dejando margen a “cambios espontáneos” y a un comportamiento fluido que brota desde el interior de los seres. No es nueva esta elección de conceptos de una sola palabra que vincula música como fenómeno físico y persona/cuerpo, tanto por Historicity (2009), como por Accelerando (2012) o el mismo Solo (2010).

Dejando a un lado el peso del argumento científico que rodea a un título como Mutations y a un autor como Iyer, el musical, centrado en una suite para piano y cuarteto de cuerdas, se nutre del mismo concepto a un nivel sino representativo sí descriptivo... Quizá cabría empezar por la estructura. Este disco queda enmarcado por tres piezas a piano solo, situadas dos al principio y una al final con electrónica. La primera, ellingtoniana pero definida desde la simetría y la repetición de motivos, es rescatada del trabajo de debut publicado por el músico en 1995, se trata de Spellbound and Sacrosant. Las otras dos fueron escritas en el verano del 2013, justo antes de llevarse este proyecto al estudio. 

Un chisporroteo electrónico se abre paso en Vuln. Part 2. La electrónica se origina como samples extraídos de los instrumentos, aunque no se aclara si se materializa en tiempo real o como aditivo de producción. Con todo, hay que reconocer que la cualidad y figuras del sonido electrónico son originales y acentúan más si cabe la idea del discurrir que domina el trabajo. When We`re gone toma el relevo a piano solo al final del disco, en ella la compenetración con la electrónica se consigue también desde elementos rítmicos percusivos, predominando una respiración lírica y reflexiva.



El argumento central del disco, entre lo rapsódico y lo estructural, lo onírico y la materia, es la suite para cuarteto de cuerda y piano más electrónica que lo titula y que fue estrenada en 2005. En la historia de la música occidental este formato ha entregado importante literatura de la mano de Brahms (1864), Shostakovich (1940) o Feldman (1985). ¿Se trata de una primera partitura asociada al jazz? Como antecedente se viene a la cabeza la colaboración entre Uri Caine y el Arditti Quartet en Twelve Carpices, obra de cámara bajo un enfoque contemporáneo más aristado, tenso y europeo. 

En ese sentido de organización del sonido en partituras, pudiendo ser la música un arte “doblemente matemático” para Iyer, no aplica aquí extremos de complejidad como los referidos antes ni siquiera cabe asociarlo con el ruido estocástico, ese fluir interior que favorece la mutación, ni con la armonía carnática de su (pre)cultura hindú. Pese a este retrato evolutivo e íntimo de los sonidos en un contexto contemporáneo, ni es “Música de las esferas” ni se da la visión cosmogónica de un Stockhausen, otro cerebro matemático.


Foto del estreno el 29 de marzo de 2014 en la Haus der Kuns de Munich

Esta suite para piano y cuarteto está más bien relacionada -salvo quizá por la intrincada pieza IX- con la corriente estadounidense postmimal de John Adams (Shaker Loops) o Michael Gordon (miembro fundador de un referente claro como el grupo Bang on a can). En suma, estamos, como decíamos al principio, en un territorio abonado para una música avanzada pero también vinculada al pop. Sugestiva en su inequívoca contemporaneidad pero abierta a espacios de improvisación entre cuerdas y piano (ese “ruido” de libertad), dentro de una estética cercana -sin ser tan amenazadora y opresiva- al mundo audiovisual del radiohead Jonny Greenwood (Eicher y el grupo reconocen la influencia en ellos del sonido de ECM) o al de Bryce Dessner -sin ser tan crispada-.

Y llega la pregunta obvia e improductiva tras mil mutaciones...¿Es esto jazz? Apela Iyer a la “elicitación” como fenómeno que facilita el trasvase fluido de información para que las mutaciones se produzcan. Algo extrapolable en estética a los cambios que los aristas producen sobre el canon “genético”establecido.



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