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11 febrero 2014

OPINIÓN. Ciclos y Génesis

Opinión:
Ciclos y génesis


En positivo, esta sección de opinión de Cuadernos de jazz, que recogemos en este blog, no ha recibido demasiadas críticas para los duros años de crisis que lleva funcionando y los temas que aquí se han tocado. Algunas de las últimas de los lectores atendían a si los artículos debían desviarse tanto de la cabecera de esta revista: el jazz. El sensacionalismo no parece ser problema, aunque se podría hablar de Putin, la homosexualidad...y el jazz.

Jesús Gonzalo

                                       





Escribo estas líneas, en tarde de domingo, frente a una ventana que tiembla con una batida caótica y furiosa de lluvia y viento. No parece ser el momento más idóneo para pensar en “exóticas” Olimpiadas de invierno, ni en si la verdadera anomalía la tiene Putin y su régimen, ahora con ínfulas imperialistas de pasado soviético, y no parejas del mismo sexo que se dan besos menos castos que los de Breznev en 1980 al bajar del avión.

Qué tiempos aquéllos de la Guerra Fría...Con el viento que ha hecho, la antena del televisor de mi casa lleva unos días estropeada...Así se va a quedar. Aprovecho mi evasión de tele-pantalla para ver un extraordinario documental (10 capítulos) sobre la Primera Guerra Mundial, tema complejo donde los haya que aún hoy, y se cumple un siglo de su inicio este mismo año, sigue dando coletazos en Siria, los Balcanes y buena parte de África. Surge este tema, que finalmente elijo de reflexión, tras escribir antes la palabra “imperialismo”...El Imperio Austro-Húngaro, el Otomano, el Británico, el Francés, el Alemán, el Belga, el Ruso con vistas al Mar Negro...todos juntos y revueltos.

Fue aquél conflicto bélico, la Gran Guerra, algo especialmente atroz y diría además que absurdo. Antes de enfrentar a Estados, se dice en el primer capítulo, enfrentó a pueblos, y dejó una clara conclusión, se sentencia en el último, que tras hacer mil homenajes a los caídos, levantar soflamas nacionales e inaugurar el patriótico gesto por el “Soldado Desconocido”, todos los Estados y sus dirigentes, unos más que otros, comprendieron a su término que algo se saca de las guerras. Basta con mirar cómo quedó tras ella el Mapamundi -sobre todo el europeo- y quién hizo negocio para darse cuenta...¿Es éste un motivo suficientemente importante del que hablar, cuando no lo hacemos de la crisis, antes que de jazz?


El Lusitania era un imponente transatlántico construido en 1907 en astilleros escoceses con capital y gestión americanos. Para su inauguración se compuso un alegre ragtime con su nombre. El capitán (¿qué les pasa a los capitanes de grandes barcos?) se tomó a broma la amenaza de los submarinos alemanes, que habían demarcado una zona de bloqueo unos meses antes. El 7 de mayo de 1915 recibe varios torpedos y se hunde frente a las costas de Irlanda, dejando más de 1800 muertos. Pese a la consternación internacional que produjo este hecho, los estadounidenses no declaran la guerra a Alemania hasta el 17 de febrero de 1917 -dos años después- y no fue por todas las atrocidades cometidas y todos los barcos hundidos en el Atlántico, sino por un informe de contraespionaje que los británicos le hacen llegar a la Casablanca, en el que se demuestra que los alemanes intentaban provocar una guerra entre México y los EEUU por territorios del sur como Texas. 

En fin, un plan absolutamente descabellado, sobre todo porque los mexicanos estaban metidos en su propia Revolución (fueron los tiempos de las últimas revoluciones...¿hoy son posibles?). Pretendía así el Estado Mayor alemán mantenerlos ocupados al otro lado del Océano, para que no decantaran con su intervención en Europa un final que estaba aún en el aire.


Y saben qué, el jazz vino a Europa con las tropas norteamericanas. Y mientras el 28 de junio de 1919 se firmaba el Tratado de Paz de Versalles, en el que se repartieron lo que quedaba de mundo, creando nuevas naciones y castigando a una potencia que nunca asumió su derrota (...), a Madrid llegaba el jazz. Ya ven si hay relación entre las cosas...


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