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10 agosto 2013

PETER EVANS OCTET- Live in Jazz em agosto, Lisboa




PETER EVANS OCTET
PETER EVANS (trompeta, composición)
RON STABINSKY (piano, trompeta)

BRANDON SEABROOK (guitarra eléctrica, banjo, electrónica)
DAN PECK (tuba, tuba amplificada)

TOM BLANCARTE (contrabajo, eufonio)

SAM PLUTA (electrónica, voz, trombón)

JIM BLACK (batería, electrónica)

IAN ANTONIO (percusión)
jueves 8 de Agosto de 2013, 21:30
Anfiteatro ao Ar livre

Cuando creíamos que este concierto sería una versión ampliada de Ghosts, el señalado trabajo que en quinteto tenía como principal reto actualizar la no muy transitada frontera que hay entre la expresión natural del jazz y la improvisación electroacústica, llega Peter Evans con todo un concierto de música nueva escrita en forma de un solo set y con un planteamiento, habría que señalar, con voluntad (entiéndase de hoy) orquestal.

Dejó algo fría a parte de la crítica que no se sabe muy bien por qué esperaba algo parecido a lo que Evans ha hecho junto a Agustí Fernández... Esto no era improvisación libre, sino música escrita con segmentos improvisados y varias, hasta ocho, fuentes de sonido y dimensión electroacústica (guitarra, teclado, ordenador, por un lado, o dos tubas y dos bajos al mismo tiempo, por otro). Difiero de Sam Pluta cuando, tras el concierto, dijo que su trabajo tenía que ver con la música concreta. No veo objetos fijados, no encuentro conexiones con Pierre Henry o Pierre Schaffer, le contesté. Sí en cambio con el sonido interiorizado en células de un Xenakis o en los patrones repetitivos de un Steve Reich en la percusión, con todo un arsenal que incluía vibráfono. Aquí es donde la crítica de jazz, no creo que la portuguesa, habituada a este escenario, se pierde. No caben establecer paralelismos en el jazz, a no ser que llevemos al presente la brecha explorativa abierta por Dave Douglas en Sanctuary (1997) o ciertos trabajos de los cerebros de la AACM.


El juego entre tensiones por secciones, los puentes entre temas pivotando en determinados instrumentos, solos que tuvieron entre los más destacados el gaseoso y siempre acústico, aunque no lo pareciera por sus modulaciones y timbres, del propio Evans, o el muy creativo y personal del pianista (gran sorpresa)Ron Stabinsky, aunando blues y atonalidad sin parecerse a Cecil Taylor, o el que realizó con arco el gran contrabajista Tom Blancarte, emulando en su comienzo al didjeridoo, o el de Brandon Seabrook, que favoreció con su nervió un segmento rítmico que recordó a Steve Coleman, sirvieron de transiciones a la vez que de rupturas y amplitud del mensaje. Lástima que entre tanta notación, y con un percusionista a su lado, Jim Black apenas destacara.

Música que es esponja y faro. Quizá demasiado atada a la literalidad de unas partituras que se presentaban en Europa por primera vez. Peter Evans es una mente acaparadora y resolutiva. Sabe muy bien lo que hace y cómo hacerlo. Rupturas, transiciones, unísonos, modos repetitivos, volumen, atmósferas, tensión-relajación, ritmo palpitante en planos o en aristas, orden y concierto, desbordamientos no por saturación sino por compresión... aquí hay una personalidad muy formada que hace posible concitar el mundo académico contemporáneo y el alternativo. Una sinfonía fantasmal.


Por Jesús Gonzalo

Fotos Fundación  Calouste  Gulbenkian y  Nuno Martins

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