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19 abril 2013

FREE ART ENSEMBLE + AGUSTÍ FERNÁNDEZ



FREE ART ENSEMBLE + AGUSTÍ FERNÁNDEZ            


Julián Sánchez, Pol Padrós, 
Iván González (trompeta), 
Albert Cirera (saxo tenor),
 Oriol Fontclara (saxo alto), José Manuel Leal “Tete” (flauta y saxo alto), 
Alejandro García“Wassily”
y Marc Cuevas (contrabajo), Ivo Sans y Sergio Díaz (batería), Agustí Fernández (piano y dirección). Grabado el 13 de julio de 2012. 2CDAutoeditado.


Al poco de nacer como proyecto, dábamos en este espacio la bienvenida a esta estimulante y joven formación gestada en Barcelona pero con corazón andaluz. Apuntábamos entonces una serie de criterios básicos de los que participaba conceptual y nominalmente hablando. Un año y unos meses más tarde tenemos ante nosotros no un proyecto sino varios bajo las siglas FAE. Este disco con Agustí Fernández abre una vía de comunicación que se sigue expandiendo en forma de gira y nuevas alianzas.

En la FAE, las referencias al free jazz histórico venían sugeridas nominativamente y se extendían en tres palabras como algo propio de agrupaciones adscritas al avantgarde de finales de los 60 (la AACM y Art Ensemble of Chicago-AEOC) y también de la escena libre europea (holandesa y luego británica) que nacía en los 70 posicionándose ideológicamente. Argumentos todos ellos que, pese reunir a músicos visibles como aquí las firmas de Julián Sánchez, Albert Cirera y Agustí Fernández en la autoría de los temas, se reforzaban en la identidad colectiva sobre un manifiesto común que absorbía los brotes personalistas.

La FAE plantea así un punto de encuentro que, en resumidas cuentas, pretende concitar lo que hacía tiempo venía expuesto por el AEOC, entre ancestros y vanguardia, entre caos organizado con humor y un amplio color tímbrico basado en metales y percusión. Factores, unidos al blues, al flamenco (para la FAE  Antes existió el grito) o a un folclore rescatado y llevado a otro contexto bien distinto (aquí el Pavo Real de El Puma), que facilitan la traducción y doblaje de los conjuntos populares (fanfarrias) y militares (ideología, protesta, lucha= citas a ritmo marcial en Una excusa).

En este punto, conectado en su génesis con Ornette Coleman, el Africa Brass de John Coltrane y con el ejercicio de improvisación colectiva para este tamaño de Mingus, la plantilla instrumental se hace más descriptiva (melodías populares, vientos-metal, guitarra, percusión y temas hilados en medley) en la Liberation Music Orchestra (LMO, fundada en 1969) de Charlie Haden y Carla Bley. Luego vino Butch Morris y sus conductions, para canalizar en tiempo real la improvisación instantánea con un arsenal de gestos precisos e instintivos a la vez.
Decíamos que aparece el piano, como cuando el AEC de Bowie y Mitchell invitaron a Cecil Taylor en París. Ese formato, que está listo para salir a la calle, para difundir su mensaje en procesión (marching bands) o en ritual performativo con pinturas en el rostro, toma así asiento. Ahora sucede, y más en disco, que la espontaneidad, el ruido inteligente y el fenómeno orgánico convive con la depuración; aunque, bien pensado, el piano, y más el del mallorquín, también puede funcionar como un instrumento de percusión.


















Agustí Fernández, como Cecil Taylor en el AEOC, participa de este trabajo colectivo, lleno de humores de actualidad y de rumores del pasado, en igualdad de condiciones pese a su matiz de invitado. No parece casual que los caminos de la creación se crucen en un punto que abre nuevas perspectivas, sobre todo si recuperamos mentalmente ese lienzo en el que el pianista mallorquín dibujó un recorrido lindante a éste, por su impregnación popular en esquema de fanfarria aunque mucho más interiorizado, a través de ese proyecto que hizo sobre canciones de la Guerra Civil llamado Claveles Rojos.

Todo lo señalado anteriormente en cuanto a influencias, corrientes y voces históricas nutre, sin caer en el fenómeno pastiche, a este disco doble. Todo eso y más, pues hay un sentido melódico que parece incluso tender a la balada-blues (final hilado al piano entre Una Excusa y principio de Carta para Igor) o a los pasajes idealizados y vespertinos de un Mahler "gaditano" (segunda toma de Amas de casa) y también hacia la música contemporánea y el perfil atonal (Petit Suite). Se diría, abundando en la pieza breve de un músico como Kenny Wheeler al que Fernández rindió tributo, que el segundo disco, tan distinto al primero, que significativamente y de manera diferenciada recogía un tema de Muhal Richard Abrams, presenta un tono menos efusivo, más medido y se diría reflexivo en sus acciones (incluidas las conductions).


Como en los trabajos en solitario de Fernández, pero con el doble de espacio, da la sensación de que se intenta articular un argumento narrativo en la colocación de los temas que nos revela historia pasada y también otra que está por llegar. Una esperada y gozosa alianza entre veteranía y juventud. 







Julián Sánchez en Sindicato Ornette

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