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27 abril 2013

CRAIG TABORN TRIO Chants

 
CRAIG TABORN TRIO
Chants
Craig Taborn (p), Thomas Morgan (b), Gerald Cleaver (bat)  
Nueva York, junio de 2012 
ECM



Al cruzar la barrera de la vanguardia, el creador puede buscar el camino más corto a la especulación, el sendero ya trazado por otros o la estela de su propio arte como acto de reafirmación. No hay que mirar atrás, sólo lo que se va a tocar mañana. Pero, ¿dónde empieza la vanguardia? Es de suponer que en esa frontera de sorpresa permanente que los aficionados y unos cuantos sellos discográficos se encargan de delimitar. Una línea exigente y, muchas veces, frustrante.


Su llegada a ECM ha sido un revulsivo tanto para el sello como para la carrera del músico, pues le ha posibilitado, sin prisas, un marco de creación estable en el que en apenas 4 años ha publicado dos trabajos con su nombre y seis como colaborador

Perspectiva y escuchas espaciadas se hacían necesarias para calibrar Avenging Angel y se podría decir lo mismo de este trabajo. La perplejidad que causaba las intervenciones de Taborn con David Binney, Chris Lightcap, Tim Berne, Michael Formanek, Roscoe Mitchell y un largo etcétera ha cambiado de signo. Ya no se trata de la genialidad que despierta ese toque caudaloso e instintivo de ideas nuevas que son una síntesis de la modernidad del mejor piano del siglo XX. No, desde su desembarco en ECM, Taborn mide, y se nota, cada una de las ideas que quiere expresar. Lo milagroso del asunto es que lo sigue haciendo, al mismo tiempo que renueva su mensaje, de manera fluida, sin que opere premeditación alguna.


Se escuchan en Chants espacios que se recrean en cadencias repetitivas y trémolos que podrían recordarnos a Jarrett. Pero son otros, y el oyente entiende que la vanguardia ha cambiado de lugar
Se diría que Chants, título no carente de cierta religiosidad como Avenging Angeldispone al oyente a la anunciación de un mensaje que es difícil de completar de forma inmediata. Con ello Taborn se sitúa fuera de los artificios, fuera de eso que decíamos de acumular pasajes de un camino ya trazado. Prescinde de los lastres de la mala vanguardia, que al menos son dos: complacencia y especulación.

La degustación melódica articulada en líneas cruzadas y superpuestas de complejidad y originalidad inverosímil y cautivadora, el uso de tiempos sostenidos, la repetición de motivos en unísonos que son redondeados por una percusión envolvente, cuerdas emancipadas que encuentran su propio sendero, una degustación tímbrica que se corporeiza tanto en los tonos más sombríos y apagados como en los más refulgentes y una interacción de conjunto que no se ve mermada por la elocuencia del piano, son balanzas que se apuntan sabiendo de antemano que no sirven para desvelar lo que emerge en cada escucha.



Sorprende comprobar que poco de lo aquí expresado parece tener relación con el último disco de Farmers by nature (Out Of This World`s Distorsions, AUM Fidelity 2011), en el que participaban dos de los tres convocados: Taborn y Cleaver. Allí se construía un sonido que crecía y se expandía desde la materia, desde la tradición del free jazz que perseguía algo ancestral y moderno desde la comunión colectiva. Cambia Willam Parker por Thomas Morgan -último bajista preferido de Paul Motian- y el escenario parece otro. Una revelación.







25 abril 2013

LIBROS: Música e inspiración, de Jonathan Harvey, y Filosofía de la música, de Massimo Doná



SOBRE LAS MUSAS
Música e inspiración. Jonathan Harvey 

Global Rhymth Press




Por un lado, el compositor británico Johnattan Harvey recupera y actualiza su tesis doctoral en Música e inspiración, donde, tomando testimonios de distintos compositores y épocas (aunque la mayor parte sean del siglo XX), enmarca las diversas acepciones semánticas que encierra ese terreno intangible de las ideas que impulsa la creatividad y también de aquellos otros momentos en los que te abandona. Un texto revelador sobre el sentir creativo ligado a criterios tan dispares como la religión, el aislamiento o el sueño. 











PENSAR LOS SONIDOS
Filosofía de la música. Massimo Doná.
Global Rhythm Press



En Filosofía de la Música, Massimo Doná, filósofo italiano y músico de jazz, penetra de manera incisiva en el factor antropológico y místico del acto musical sin hacer distinciones de valor, no así de cualidad, entre compositores como Beethoven e improvisadores como Charlie Parker. Por momentos redudante, Doná plantea un estimable texto en el que relaciona dos disciplinas, filosofía y música (de Bach a Cage y el jazz) con rigor y pasión, algo poco común en un mercado poco dado a ensayos tan sesudos como La imaginación sonora: Argumentos musicales (Galaxia Gutenberg), del también filósofo Eugenio Trías.

22 abril 2013

JON HASSELL Oráculo de la medina global (Power Spot)

JON HASSELL               POWER SPOT

Oráculo de la medina global


Desde sus inicios, la carrera de Jon Hassell, influyente compositor y trompetista norteamericano, ha ido dejando un rasgo de modernidad inquebrantable en distintas áreas de la creación contemporánea, incluido el jazz. Power Spot fue durante mucho tiempo una isla en el catálogo de ECM. Sólo pasado cierto tiempo vería extender sus frutos en la escena escandinava que une improvisación y electrónica
Vinculado desde la década de 1960 a la vanguardia europea (fue alumno de Stockhausen) y la americana de Terry Riley (pionero minimalista estudioso como él de la música de la India bajo el magisterio de Pandit Pran Nath) y de la de Robert Ashley (debutó en 1977 en el sello de éste, Lovely Music, con Vernal Equinox), delimitado por un instrumento de larga tradición en el jazz (Miles Davis y su estilo vaporoso y expansivo, tratato con electrónica), atraído por patrones percusivos de Asia y África (con el grupo guineano Farafina grabó en 1988 una de sus obras más perdurables, Flash of the Spirit, y diez años antes coincidió con Naná Vasconcelos en Earthquake Island) e inmerso en la formulación del ambient seminal de Brian Eno, Hassell elaboraría con él un estilo que dieron en llamar “Fourth World”.

David Byrne lo definiría como música de una civilización imaginaria, y que consitía en elaborar un conglomerado de texturas ingrávidas y muestras paisajísticas, tiempos repetitivos y melodías orientales, improvisación y tecnología analógica.


Brian Eno & Jon Hassell

El volumen fundacional del "Fourth World" fue Posible Musics (Editions EG, 1980), luego ampliado en Dream Theory in Malaya (Editions EG, 1981), ambos trabajos exploraban el campo de visión etéreo y móvil de la ambient serie de Eno y anticipaban la intimidad atmosférica teñida de motivos exóticos de Aka-Darbari-Java / Magic Realism (Editions EG, 1983) y The Surgeon of the Nightsky Restores Dead Things by the Power of Sound (Intuition, 1987). En 1988 entrega una de sus obras más perdurables y sugestivas, Flash of the Spirit (escuchar vídeo), con el grupo de percusión y voces originarios de Burkina Faso Farafina, acaso punto cumbre de este término de fusión llamado "Fourth World".

Brian Eno


Power Spot (grabado entre 1983 y 1984 en Ontario en los estudios de Daniel Lanois, producido por éste y Brian Eno y publicado definitivamente en ECM en 1986: proceso largo de elaboración que recuerda al de My Life in the Bush of Goshts de Eno/Byrne) fue la primera producción “electrónica” de un sello como el alemán con predilección acústica aunque interesado en un tratamiento espaciado del sonido y también, por aquel entonces, en técnicas de sobreexposición instrumental. Situado en territorio de nadie, como su autor, este trabajo ha marcado mucho tiempo después grabaciones tan definitorias de un fenómeno que tuvo que esperar en su catálogo hasta la llegada de Khmer (1997), de Nils Peter Molvaer, y por extensión generacional y geográfica cierta estética -pasajera- de sellos nórdicos como Jazzland Recordings y Runegrammophone.



En perspectiva, tras lo anteriormente apuntado y a diferencia de la obra más diversificada en disciplinas de Eno, Power Spot sirve para Hassell de eje creativo (entre lo anterior y posterior a él) en la década más fértil y definitoria de su carrera, la de los 80. La nomina de ocho músicos aquí reunida, sobre un núcleo de cuatro-cinco, incluye a Michael Brook (guitarrista que ya había participado con Eno y Lanois en Hybrid) y Richard Horowitz (especialista en música marroquí, productor de Nonesuch y colaborador esporádico de Steve Lacy y Anthony Braxton en los 70, aquí a los teclados), nombres decisivos en las tres últimas décadas para el desarrollo de este género híbrido de herramientas tecnológicas, músicas del mundo e improvisación.





Jon Hassell (tp), Miguel Frasconi (fl), Richard Horowitz (tec), Jean-Philippe Rykiel (tecl), Michael Brook (g), Brian Eno (b), Richard and Paul Armin (cuerdas electroacústicas), J. A. Deane (perc, fl-alta).
Ontario (Canadá), octubre de 1983 y diciembre de 1984. 
ECM 1327


 El disco se abre con el tema del que toma título y el timbre espectral de Hassell surge con una fuerza expansiva sobre la que va perfilando líneas serpenteantes. La estructura se conforma sobre los juegos de planos superpuestos, algo consubstancial a la técnica ambiental. Pero no se trata sólo de capas de sonido planeadoras sino de un intrincado estudio de efectos, melodía y contundentes polirritmias. Materiales etéreos y terrenales, entre líneas de bajo tubulares y teclados que dibujan motivos circulares, sirven de respiración a una trompeta que amplía sus registros desfigurando su univocidad. 

Esos destellos fugaces y sus sinuosas líneas orientales recorren este mapa de accidentes corpóreos y fluidos acuosos hecho de instrumentos electrónicos analógicos (efectos de ecos, sintetizadores y bases programadas) pero también de flautas, cuerdas y percusión acústica. Un escenario evocativo, al mismo tiempo ancestral y futurista, enmarcado, de principio a fin,  por la arrebatadora energía de Power Spot y la sensualidad gaseosa de Air.   


Dos décadas más tarde, Hassell reuniría en Maarifa Street una fórmula claramente revisionista de los principios fundacionales del Fourth World con mayor énfasis improvisatorio y en un esquema instrumental jazzístico para un planteamiento en directo (conciertos en París, Milán con Paolo Fresu y Los Ángeles). Teniendo en cuenta que en gran media este tipo de enfoque experimental (de Brian Eno) partía de un trabajo de producción en estudio, Maarifa Street Magic Realism 2 (Label Bleu, 2005) recoge la complejidad de matices de un sonido que se difunde abarcando el espacio y que une voluptuosidad y materia, instrumentos electrónicos y acústicos sin que se noten distintos niveles de intervención. 

Extendiendo esta experiencia a través de reminiscencias del Miles eléctrico de principios de los 70 (en una lectura más brumosa cercana a Bill Laswell) se construye Last Night the Moon Came Dropping its Clothes in the Street (ECM, 2009), donde de nuevo el planteamiento reúne grabaciones de estudio y directos a modo de suite sobre una extensa plantilla -partida en dos secciones- en la que destaca el violín de M´Kachiche (sustituyendo al oud de Dhafer Youssef en Maarifa...) y los músicos noruegos Eivind Aarset y Jan Bang. Los velos suspendidos y las dinámicas lentas (por cuyo equilibrio sostenido habría casi que encuadrarlo en el género ambient) se cruzan con indolencia entre líneas de bajo dub-funk y rítmica evanescente.


Jan Bang y Jon Hassell
Las diferencias entre esta obra reciente con la que regresó a ECM y la que nos ocupa - en favor de ésta- no se deben al desfase tecnológico o al hecho apuntado de una disposición aditiva en capas -aún presente- sino al engranaje conseguido por la interacción de elementos. El discurrir de motivos gaseosos en perfecto ensamblaje con los industriales y telúricos hace de Power Spot una obra destacada en el catálogo del autor y del sello.





21 abril 2013

ART OF THE TRIO- Stefano Battaglia, Bobo Stenson, Jose Carra, Jeff Davis, Jesse Stacken


ART OF THE TRIO
                
Alguien dijo que la verdadera obra de arte, con su mensaje de largo recorrido que hoy choca frente a la cultura de consumo, actúa removiendo las conciencias de lo establecido. En esta línea que actualiza un legado, ofrecemos una selección de trabajos a trío de piano, bajo y batería que trasciende la consideración de “clásico” que pudiera asociarse a un formato que se emancipó a mediados de los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo.

Una expresión que se renueva y moderniza, como hicieran posible Ahmad Jamal y Bill Evans, conjugando nuevas perspectivas sobre funcionalidad interna y espacio, plasticidad melódica y tímbrica, elementos que, como veremos en esta selección, se siguen construyendo en un escenario eminentemente acústico sobre el juego contrapuesto de cualidad abstracta y figurativa, escritura e improvisación.

A la dialéctica que inauguran los tríos de Jamal, Evans y Jarrett (sin olvidar a Cecil Taylor, Paul Bley, Stanley Cowell o Andrew Hill) y continúan, en sus polos estéticos y nominativos, los de Brad Mehldau o Matthew Shipp (The art of the trio el primero y the art of improviser el segundo) le suceden nuevos modelos de exposición y disposición funcional, autonomía de estilo e identidad cultural.


Foto de entrada y texto: Jesús Gonzalo    

STEFANO BATTAGLIA 

Stefano Battaglia (p)
Salvatore Maiore (b)
Roberto Dani (bat)













SONGWAYS- ECM, 2013

El músico milanés -pianista sobrada personalidad y técnica, combinación que genera exigencia expresiva y de escucha- ofrece desde su desembarco en ECM (marco idóneo de su estilo) una obra reforzada extramusicalmente por cine, literatura y se diría que también una suerte de antropología musical que le permite impregnar los sonidos de una evocación sobre lo pretérito y la cercanía emotiva, lo físico y lo sugerido, de la verticalidad al lienzo marino.


En este segundo trabajo al frente de este trío tras The River of Anyder (2009) la melodía respira con amplitud y al mismo tiempo de manera instrospectiva. En una visión metafórica que esta música agradece, sucede como en el movimiento de las olas y la memoria de algo que fue o que pudo ser. Una imagen antes nostálgica que romántica que comprende a la historia y al paisaje mediterráneo (entre Sicilia y Grecia, no muy lejano a los últimos proyectos de Louis Sclavis) como en un encuentro ascético con vínculos terrenales (el sutil tratamiento atmosférico de la percusión de Michele Rabbia continúa en Roberto Dani).

Los primeros acordes de Euphonia Elegy -explicativo título- suenan a Chopin y luego en su desarrollo nos recuerdan a un Jarrett romántico acotado por la identidad geográfica y un mayor uso de los espacios vacíos y del silencio: el bucolismo del paisaje tiende hacia la nostalgia de un Angelopoulos en Battaglia. Tenemos entre estos dos polos citados, música clásica y creación libre, las fuentes de las que emana el estilo del músico. La tercera, la aforística, aquí más acusada sobre la melodía que en el díptico sensitivo, entre abstracción y mediterranía, que dedicó Pasolini, tiene a la literatura (Alfred Kubin, Jonathan Swift, Charles Fourier) como apoyo argumental. Italo Calvino, dentro de la lista de los elegidos, autor de Las Ciudades invisibles y Los amores difíciles, no obstante, parece ser, por cercanía sensitiva y ánimo descriptivo sobre lo figurado, quien mayor se acerca al resultado en sonidos.


El mundo de Battaglia, sutil y rotundo, obsorbente para unos e impermeable para otros, gira decididamente en este segundo disco hacia una construción tonal inspirada en el Mediterráneo, dejando al margen la abstracción y los perfiles en aristas de otros trabajos a trío como el excepcional Da Lontano era un`isola (con Giulio Corini y Nedille Bandelo). Nos ofrece una inmersión sensitiva canalizada como en estampas de memoria. El poder evocador de su música se tiñe de melancolía ayudado por poesía y literatura.



BOBO STENSON 
Bobo Stenson (p)
Anders Jormin (b)
Jon Fält (bat)















INDICUM- ECM, 2012

El jazz europeo tiene en Stenson (y en otros pianistas de su generación como Enrico Pieranunzi, John Taylor o Joachim Khün, mención aparte del sobresaliente, en todo el sentido de la palabra, Marcial Solal) un pilar de la construcción (más allá de un estilo al que se adscribiría Marcin Wasilewski) de una corriente que desde la década de 1970 ha venido en llamarse jazz europeo. Inscrito en la nómina de ilustres de ECM (el cuarteto con Jan Garbarek antes de que fuera absorbido por Keith Jarrett) desde la fundación de este sello, impulsor de una refinación que se abría camino entre los postulados melódicos de Bill Evans y los espacios abiertos por Paul Bley, añadiendo los conceptos de libertad y uso del folclore de Ornette Coleman/ Don Cherry, Bobo Stenson lleva tiempo instalado en un lugar propio en la creación a trío. Una trayectoria como tal en la que conviven clasicismo y modernidad, identidad escandinava y aspiraciones viajeras en la que se vislumbra un punto de inflexión determinante en la última década: la participación de Paul Motian.


Se diría que en este formato, tomando como punto de llegada la idea literaria que asume Battaglia, que el músico sueco ofrece en cada entrega un relato sin un centro temático concreto, en el que de un tiempo a esta parte, como sucede singificativamente con Charles Lloyd, a cuyo cuarteto perteneció, la canción latioamericana es lugar común de recreación (aquí La Peregrinación, de Ariel Ramírez, antes fue Alfonsina y el mar).

Indicum plantea un abanico de piezas de distintas firmas que van del músico clásico Carl Nielsen al fundador de la “tercera corriente”, puente entre la música clásica-contemporánea y el jazz, que fue George Russell, influyente personalidad entre los músicos de jazz nórdicos a finales de los 60. Y para empezar, Your Story, de Bill Evans, seguida de dos improvisaciones libres que por su perfección no lo parecen. La primera de ellas, Indikon, es la más interesante. Parece estar inspirada por la música india, en la que la funcionalidad del trío (dando réplica a sitar, tampura y tablas) asume el carácter melódico antes que el rítmico de una raga. Cerca de la india, Indigo sería otra pieza colectiva que esta vez sí nos recuerda en su desarrollo a Jarrett.


Anders Jormin sobresale en la participación escrita con dos temas que profundizan en sendos polos sensitivos: el romanticismo invernal (December) y el desperezar de la naturaleza (Sol). También otros tantos, Ubi Caritas (Ola Gjello) y Ave Maria (tradicional noruego), invitan a una interesante síntesis entre polifonía renacentista, contrapunto bachiano y recogimiento lírico del folclore nórdico.

Un relato que a cada escucha nos susurra nuevos paisajes, entre el Indo y el los fiordos, y otras historias por redescubrir.




JOSE CARRA
Jose Carra (p)
DeeJay Foster (b)
Ramón Prats (bat)















EWIG- New Steps Records, 2012

Fundado en 2010, este grupo español es heredero de la tradición que mencionábamos de Bill Evans y también de una creación más reciente como la de Fred Hersch que se personaliza en Brad Mehldau. Pianistas que conjugan refinación clásica y modernidad tomando impulso en lecturas introspectivas de standards para alcanzar una expresión más abierta e íntima a un tiempo, conectada sensitiva y técnicamente con el jazz y el mundo clásico-académico, pero también con modos repetitivos y esquemas melódicos prestados del pop.


La reinterpretación de clásicos y la incorporación de originales escritos por Carra se ajustan creativamente a este formato con la solvencia e inventiva de Ramón Prats y Dee Jay Foster, los tres músicos pertenecientes a una misma generación. Es justo a trío, y en esta primera publicación, donde nuestro músico se desenvuelve con mayor soltura, favoreciendo el juego dinámico entre los instrumentos y desplegando desde el piano un discurso detallista, cantable y a la vez expansivo, en cuyo desarrollo encontraremos similitudes de ornamentación, cruce de líneas e intensidad con el de Brad Melhdau (Ewig).

Ewig significa eternidad en alemán, una palabra que intenta aprehender un sentimiento expansivo que también fue interiorizado e idealizado por Mahler (fe, amor y naturaleza) en la frontera del romanticismo tardío. Carra sintetiza y amplifica este sentir en su estilo y lo concreta en cuatro temas propios en los que alterna un introvertido aliento romántico (Autumn Tales) con el tono vialista (Ad astra per aspera). Resuenan ecos de la música clásica, como decimos, y también de los musicales de Broadway (You do something to me, The Kiss), de la canción de jazz de los años 40 (Stella by Starlight) y del cine de los 50 (Good morning headache), incluso del Jarrett de perfil bluesy y solemne (The Sheik of Araby), así como otras fórmulas rítmicas más intricadas derivadas de Monk o bien de patrones sencillos y repetitivos.

   Foto: Ernesto Entrambasaguas

La intensidad y fuidez lírica que desprende el piano, la precisión y expresividad de la base rítmica, entre el activo trabajo melódico de las cuerdas y los suaves planos desplegados por la batería, hacen de este trío una de las formaciones más sólidas y sugestivas del panorama jazzístico hispano.


JESSE STACKEN 
Jesse Stacken (p)
Eivind Opsvik (b)
Jeff Davis (bat)















BAGATTELES FOR TRIO- Fresh Sound New Talent (2012)

Bagatela”. La elección del título puede significar por sí misma dos cosas, una falta de pretensión o un reto. Y va a ser lo segundo con esta alusión indirecta a la creación del para piano del útlimo siglo y la sobresaliente figura de Arnold Schoenberg. En concreto, reconoce el propio músico, respecto a la obra de Bela Bartók y Morton Feldman con una llave extendida a la improvisación tomada del trío de Alexander von Schlippenbach. Stacken, que empezó a tocar profesionalmente el piano a los 16 años, afirma que su intención era conseguir unir los extremos que unen a estos autores. Y lo consigue pese a la distancia que separa la intrincada construcción melódica con raíces folk - emancipada rítmicamente- del compositor húngaro de la levedad persistente del norteamericano y de la solidez del acto instantáneo para tres voces que configura el alemán.


Trío fundado en 2005, el de Stacken es uno de los que perfilan la contemporaneidad de este formato desde la ciudad de Nueva York, como los de John Escreet o Kris Davis o Russ Lossing. A diferencia de los dos trabajos anteriores registrados en este mismo sello, Stacken propone aquí un discurso explorativo (que acaba siendo espejo) del sonido de piano del siglo XX, si tomamos como referentes los autores anterioremente citados. Del mismo modo, sonido y estructura quedan regogidos bajo esta pequeña figura llamada bagatela que le sirve de puente entre la melodía o el sistema tonal y también para ir más allá hacia la atonalidad y la improvisación.

Lo interesante de esta música, en cierto modo programática, es que la demarcación de los temas en la escritura de Stacken determinan y restringen el espacio de los desarrollos libres, prescindiendo de la figura, muy recurrida en jazz, del “tema con variación” que imprime un mayor desarrollo y por tanto una locuacidad extra. Los primeros dodecafónicos lierados por Schoenberg, figura que parece aquí trascendida (nº2), posibilitaron la unión de melodía como aspiración sublimada por los románticos y una atmósfera que se revelaba en el expresionismo figurativo (nº10), entre pliegues y sombras. Esas dos claves que afectan al clima sonoro perviven en este estupendo trabajo en el que la declinación lenta del tiempo (el suspenso feldmaniano) conecta el ensimismamiento y la monumentalidad melódicos (nº12), la consonancia y precisión rítmicas (nº11 y nº 13) no ya con la atonalidad sino con las texturas del ruido (de la nº5 a la nº6).

Música situada en ese difícil espacio entre la luz y las sombras, lo tonal y lo abstracto. Música desarrollada bajo una temática cíclica que sugiere un decorado en cierta forma familiar pero de belleza intrigante y enigmática. Como una engañosa bagatela.




JEFF DAVIS
Russ Lossing (p)
Eivind Opsvik (b)
Jeff Davis (bat)















LEAF HOUSEFresh Sound New Talent (2012)

Protagonista -batería- de nuestro anterior trío, en el que también coincide Evind Opsvik al bajo, Jeff Davis encabeza una formación desmintiendo el liderazgo que se le presupone al pianista. En la línea de los tríos de Dan Weiss - percusionista como él- o John Hébert -contrabajista-, la cualidad compositiva de un líder no pianista pudiera mostrar un rasgo distintivo apreciable en los dos casos mencionados. Sobre su original escritura constancia ya dejó constancia, en una plantilla más amplia, en su excepcional anterior trabajo We Sleep outside (Loyal Label), que mantiene ciertas conexiones tímbricas y de expresión con otro baterista fundamental en la escena actual, Tyshawn Sorey (Oblique I).

En un ámbito tan acotado instrumentalmente, el planteamiento en varias direcciones que aquí se promueve viene dado por la apertura y la interacción funcionales. El pianismo expansivo y reacargado de Russ Lossing, con tendencia a la construcción atonal, concentran y dirigen el mensaje hacia un lugar cercano al de sus propios tríos (Phrase 6, también en FSNT) o los de Kris Davis, con quien Jeff Davis ha participado en repetidas ocasiones, sobre todo en cuartetos (Ridd, Ray Eclipse).

A diferencia del planteamiento circular y ciertamente atmosférico de Stacken, nos encontramos aquí con una propuesta más intrincada rítmicamente y dirigida en una línea sin retorno, en la que la arquitectura comulga con la concentración de motivos y también de cierta, muy escogida, descomprensión solista. Una amplitud de espacios entre líneas y climas (Feldman vuelve a ser citado, pero de manera más indirecta que en Stacken) nos descubren la autonomía colectiva que opera en esta unión de fuerzas en la que la intensidad y la tensión que se desprenden se hacen palpables.

A “la escucha estructural”, de la que hablaba Stockhausen para referirse a una amplitud de motivos y planos auditivos que exigen mayores recursos de apreciación estética, es a la que hoy por hoy, como hemos visto desde Battaglia a Stacken, de Stenson a Carra, con mayor libertad y densidad en Davis, nos invita “el arte del trío”.

19 abril 2013

FREE ART ENSEMBLE + AGUSTÍ FERNÁNDEZ



FREE ART ENSEMBLE + AGUSTÍ FERNÁNDEZ            


Julián Sánchez, Pol Padrós, 
Iván González (trompeta), 
Albert Cirera (saxo tenor),
 Oriol Fontclara (saxo alto), José Manuel Leal “Tete” (flauta y saxo alto), 
Alejandro García“Wassily”
y Marc Cuevas (contrabajo), Ivo Sans y Sergio Díaz (batería), Agustí Fernández (piano y dirección). Grabado el 13 de julio de 2012. 2CDAutoeditado.


Al poco de nacer como proyecto, dábamos en este espacio la bienvenida a esta estimulante y joven formación gestada en Barcelona pero con corazón andaluz. Apuntábamos entonces una serie de criterios básicos de los que participaba conceptual y nominalmente hablando. Un año y unos meses más tarde tenemos ante nosotros no un proyecto sino varios bajo las siglas FAE. Este disco con Agustí Fernández abre una vía de comunicación que se sigue expandiendo en forma de gira y nuevas alianzas.

En la FAE, las referencias al free jazz histórico venían sugeridas nominativamente y se extendían en tres palabras como algo propio de agrupaciones adscritas al avantgarde de finales de los 60 (la AACM y Art Ensemble of Chicago-AEOC) y también de la escena libre europea (holandesa y luego británica) que nacía en los 70 posicionándose ideológicamente. Argumentos todos ellos que, pese reunir a músicos visibles como aquí las firmas de Julián Sánchez, Albert Cirera y Agustí Fernández en la autoría de los temas, se reforzaban en la identidad colectiva sobre un manifiesto común que absorbía los brotes personalistas.

La FAE plantea así un punto de encuentro que, en resumidas cuentas, pretende concitar lo que hacía tiempo venía expuesto por el AEOC, entre ancestros y vanguardia, entre caos organizado con humor y un amplio color tímbrico basado en metales y percusión. Factores, unidos al blues, al flamenco (para la FAE  Antes existió el grito) o a un folclore rescatado y llevado a otro contexto bien distinto (aquí el Pavo Real de El Puma), que facilitan la traducción y doblaje de los conjuntos populares (fanfarrias) y militares (ideología, protesta, lucha= citas a ritmo marcial en Una excusa).

En este punto, conectado en su génesis con Ornette Coleman, el Africa Brass de John Coltrane y con el ejercicio de improvisación colectiva para este tamaño de Mingus, la plantilla instrumental se hace más descriptiva (melodías populares, vientos-metal, guitarra, percusión y temas hilados en medley) en la Liberation Music Orchestra (LMO, fundada en 1969) de Charlie Haden y Carla Bley. Luego vino Butch Morris y sus conductions, para canalizar en tiempo real la improvisación instantánea con un arsenal de gestos precisos e instintivos a la vez.
Decíamos que aparece el piano, como cuando el AEC de Bowie y Mitchell invitaron a Cecil Taylor en París. Ese formato, que está listo para salir a la calle, para difundir su mensaje en procesión (marching bands) o en ritual performativo con pinturas en el rostro, toma así asiento. Ahora sucede, y más en disco, que la espontaneidad, el ruido inteligente y el fenómeno orgánico convive con la depuración; aunque, bien pensado, el piano, y más el del mallorquín, también puede funcionar como un instrumento de percusión.


















Agustí Fernández, como Cecil Taylor en el AEOC, participa de este trabajo colectivo, lleno de humores de actualidad y de rumores del pasado, en igualdad de condiciones pese a su matiz de invitado. No parece casual que los caminos de la creación se crucen en un punto que abre nuevas perspectivas, sobre todo si recuperamos mentalmente ese lienzo en el que el pianista mallorquín dibujó un recorrido lindante a éste, por su impregnación popular en esquema de fanfarria aunque mucho más interiorizado, a través de ese proyecto que hizo sobre canciones de la Guerra Civil llamado Claveles Rojos.

Todo lo señalado anteriormente en cuanto a influencias, corrientes y voces históricas nutre, sin caer en el fenómeno pastiche, a este disco doble. Todo eso y más, pues hay un sentido melódico que parece incluso tender a la balada-blues (final hilado al piano entre Una Excusa y principio de Carta para Igor) o a los pasajes idealizados y vespertinos de un Mahler "gaditano" (segunda toma de Amas de casa) y también hacia la música contemporánea y el perfil atonal (Petit Suite). Se diría, abundando en la pieza breve de un músico como Kenny Wheeler al que Fernández rindió tributo, que el segundo disco, tan distinto al primero, que significativamente y de manera diferenciada recogía un tema de Muhal Richard Abrams, presenta un tono menos efusivo, más medido y se diría reflexivo en sus acciones (incluidas las conductions).


Como en los trabajos en solitario de Fernández, pero con el doble de espacio, da la sensación de que se intenta articular un argumento narrativo en la colocación de los temas que nos revela historia pasada y también otra que está por llegar. Una esperada y gozosa alianza entre veteranía y juventud. 







Julián Sánchez en Sindicato Ornette