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15 enero 2013

OPINIÓN- Escribir, leer... esa es la cuestión


Escribir, leer... esa es la cuestión








Me sumerjo con avidez en un extenso artículo en la revista Raíces sobre Harold Bloom, uno de los críticos literarios más influyentes, el del Canon occidental. Como no podía ser de otro modo, se trata de un lector voraz (un “Funes el memorioso” que olvida a Borges en su canon) que lo retiene todo como lector en soledad, dice. Kraftwerk, los alemanes electrónicos, más que grupo es proceso. Ni es hombre ni tampoco opinión. Su legado cibernético es síntesis de texto y de sonido, apenas un sms y la problemática de la comunicación global. Dos mundos contrapuestos y un ganador


Por ahora, el verdadero canon occidental y el global es la síntesis de un mensaje que puede decir mucho en muy poco pero que al final no deja de tener la perdurabilidad de un día, sin sedimento alguno. Aunque Kraftwerk sí lo dejara, conste. Pero si lo hizo fue porque iban por delante del tiempo. El mismo concepto de progreso tecnológico acabó con ellos. Cuando la informática pasó de los laboratorios (los suyos Kling Klang) al hogareño e incipiente PC de los 80, ellos también pasaron a la historia.

Lo importante de la historia es lo que aprendemos de ella, lo que nos hace mejores. Bloom persigue la sabiduría a través de la lectura, toda una aventura, por ello quizá prefiera, en esa búsqueda de la “subjetividad profunda, que no es nada fácil”, la biografía a la historia. A mi tanto bien me produce seguir las valiosas pistas de un erudito shakesperiano como Bloom en un libro con páginas de verdad como escuchar otra vez The Man Machine desde cualquier dispositivo.

Lo que no pude ser recomendable, de ningún modo, es prescindir de la literatura para servirnos de la creación mínima textual. Y me refiero a expresión mínima, por más literarios y descriptivos en concisión que queramos ser, a un me gusta facebookiano, una fugaz genialidad twitteriana (que para eso viene de remolino), un sms (amigo o no), un whassap (o como se escriba) o un texto poco “enriquecido” (y muy vinculado).

No renuncio a la lectura activa (no quiero entrar en el tema de los best sellers que proliferan en metros y hamacas de playa). El lenguaje es una herramienta de crecimiento que si la reducimos al mínimo de su expresión la banalizamos y nos embrutece, por más de diseño que vistamos a nuestros pensamientos.

Y esto mismo, en pasado y presente incluso de la música que amamos, en nuestra particular cruzada contra el ostracismo que sufre el jazz y la música contemporánea en contraposición a la nadería cultural y el mal gusto, incluyamos la campaña de RNE-3, juntos pero no revueltos, debe reforzarnos en la singularidad y la profunda subjetividad de la nos habla Bloom, pues sólo esta facultad es la prueba más inequívoca de nuestra esencia como individuos libres.

...Y prefiero tener la cara regordeta con mirada algo achispada por el vino de Bloom que la robotizada de Kraftwerk. 

Publicado en Cuadernos de Jazz (14-21 enero 2012)



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