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01 enero 2013

NENEH CHERRY & THE THING- The Cherry Thing

VOZ DEL DESIERTO


Neneh Cherry & The Thing
THE CHERRY THING
Neneh Cherry (voc), Mats Gustaffson (st, sb), 
Ingebrigt Håker Flaten (b),Paal Nilssen-Love (bat). 
Smalltown Supersound, 2012


El trío escandinavo The Thing - fundado en 2000, dos de cuyos miembros pertenecen a ATOMIC- ha unido su sonido compacto y turbador a la versátil voz de Neneh Cherry, rescatada de un largo silencio de 16 años para este estimulante e inusual proyecto. Inusual porque en medio de un panorama como el del jazz vocal, parco en imaginación y lastrado tanto por una actitud mercantilista antes que creativa como por el peso de figuras históricas, concitar voz y letra en un escenario proclive al trazo enérgico y desdibujado, pues no es nada común. Aunque habría que señalar que en su década larga, el grupo liderado por Mats Gustaffson ya había unificado la creación de Don Cherry, Joe McPhee y Duke Ellington con la de PJ Harvey o The White Stripes.


Cherry, hija adoptiva de su viajero padre y como él dotada de un espíritu indómito, está afincada en Estocolmo, así que los canales estaban abiertos. Este trabajo, acontecimiento discográfico del año cuyo directo no le supera en acabado, depara lecturas poco o nada transitadas tanto en los terrenos convocados del jazz avanzado como del pop. Resulta interesante comprobar que en ninguno de los flancos ha decepcionado y que su promoción se ha hecho como producto pop acompañado de vídeos y disco de remezclas.



El resultado del tratamiento sonoro primitivista unido a unas melodías anhelantes conecta bien con el espíritu de un free jazz evolucionado que tiende al sonido garage

La aportación de Neneh Cherry a la proverbial agresividad vociferante del trío es indudable. Sin ella el matiz de estilos (hip hop, global pop, reggae, folk-soul-jazz) que aquí se recogen quedaría absorbido por la potencia del grupo. Su voz, en principio, poco tiene que ver con la aportación histórica al free jazz vocal de, pongamos, Abbey Lincoln, aunque use gritos y suspiros, antes que alaridos de protesta racial, en infinidad de registros agudos y que, sobre todo, incorpora, como la dama del jazz, un tratamiento discursivo que se entenderá derivado del hip hop (y otros dirán trip hop). Cherry traduce bien la intensidad desplegada por The Thing dentro de este formato de canción (eje fundamental) que permite espacios solistas y una amplitud de voces superpuestas que dan color y materia extra al empuje instrumental.


La variada temática del disco, el abanico de firmas que reúne el repertorio, podría entenderse como un producto crossover. Pero lo cierto es que el mensaje final que nos deja acaba haciendo suyo lo que no lo es. El sonido, la percepción orgánica que despliegan los tres instrumentos, está claramente sobredimensionada y retocada, desde el barítono a la batería pasando por el rotundo contrabajo. Y eso no se debe sólo a la sobreexposición de material o el muy cuidado juego con la distorsión sino a la materia desplegada en acústico. 
El resultado de este tratamiento sonoro primitivista unido a unas melodías anhelantes conecta bien con el espíritu de un free jazz evolucionado que se  tiende al sonido garage.



El primer vídeo que salió incluso antes que el disco fue Accordion (MF Doom), uno de los temas señalados de un disco con pocas flaquezas. Oleadas de lirismo oscuro en contraste con rapeados y líneas en la voz que alargan las eses, melodías tornasoladas y calma perturbadora parecen anunciar la entrada de la percusión y sus destellos metálicos en cencerros. Dirt (The Stooges) evidencia lo que decíamos del sonido garage, aquí en filiación melódica con Jimi Hendrix, con esa voz ronca del saxo barítono y figuras más agresivas que enigmáticas y más primitivas que sugestivas, marcando distancias con el grupo MorphineToo tough to die mantendría cierto vínculo con el desaparecido grupo de Boston, pero la voz de Cherry introduciendo matices tribales en un acentuado lirismo y un patrón rítmico básico e insistente y luego expansivo, dotan de un velo apocalíptico al tema.


Golden Heart (Don Cherry) sugiere un viaje hacia el norte de África. Suave y misterioso, girando alrededor de líneas circulares de guimbri en vez de bajo, su melodía parece recorrer las calles de pueblos de las laderas del Atlas, como una profecía que clama desde las montañas del pasado. Sudden Moment (Gustaffson) tiene la huella de su autor; es el único tema que presenta unísonos entre saxo y voz y adopta un mayor trabajo colectivo de improvisación tras la exposición. 

Rock indirecto y oscuro, distorsión colgante y John Zorn parecen empujarle a un clímax. Dream baby dream (Suicide) propone una lectura antillana, ligera y desenfadada, repetitiva. Si el disco comienza con un Cashback que firma la cantante y que dentro de un estilo algo desfasado, como traído de los 90 donde dejó su carrera, es salvado por la presencia de Gustaffson, termina con un What a Reason (Ornette Coleman) que devuelve al presente a un histórico del jazz con un lirismo insinuante que recoge todo el mensaje de su autor.


Un canto en el desierto es esta sonido. Por alguna razón, Don Cherry parece ser el espíritu que propicia este encuentro.





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