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15 noviembre 2012

GUIMARÂES JAZZ-Herbie Hancock & Bill Frisell


GUIMARÂES JAZZ 2012 (I)


XXI EDICIÓN
HERBIE HANCOCK
BILL FRISELL
Centro Vila Flor 8 y 9 de noviembre

El hombre orquesta y el héroe del río

Guimarâes recibió a su cita anual más mimada como capital europea de la cultura de 2012. Nuevos y rehabilitados espacios de impecable arquitectura han servido para acoger una actividad frenética y a también al jazz. Poco tiene que ver el aguacero que cayó el jueves con esa llovizna lenta y parsimoniosa que caracteriza a esta bella ciudad que se diría sirve de metáfora de cómo ha ido calando, años tras año así hasta 21, el jazz en una comarca que ella sola se basta financieramente para sostener con decisión y firmeza este festival. Todo lo que aquí acontece tiene el apoyo de su ayuntamiento (tomen nota en Madrid) y el centro Vila Flor. Y sí, tanto funcionarios como equipo de producción y comunicación son profesionales volcados, como el resto de la ciudad, en este certamen del que se sienten orgullosos.

Guimarâes jazz XXI señala una nueva etapa tras la estupenda edición pasada en medio de una crisis profunda sin verse perjudicado presupuestariamente. Los nombres saltan a la vista y al bolsillo, aunque en realidad ni el presupuesto ha crecido ni este cartel de relumbrón en su primera parte (queda una semana por delante) se debe a la efeméride capitalina, como nos confirma quien ha sido su director durante 17 años, Ivo Martins.



Hay una inusitada profusión documental en papel, siempre envuelto en un eficaz y bello diseño gráfico, en este festival. Esa intención no es sólo divulgativa sino también de ensayo crítico que expresa, en un pequeño volumen, un argumentario conceptual que gira alrededor de “la trasversalidad”. A uno este término le hace poner en guardia, ya que bajo este planteamiento, apoyado sobre una idea regeneradora, puede torcerse la línea que ha hecho grande e internacionalmente reconocido al festival de jazz de Guimarâes. Y es por eso que, como describiremos, en este programa la distinción parece más bien transición o salto dubitativo.

Hibridación y transversalidad”, nuevos ejes sin centro que sirven de argumento. Nadie mejor que Herbie Hancock para apoyar esta definición. Nadie mejor que Hancock, que no necesita presentación y pese a ello la tuvo como todos los demás, para moverse, como se decía ante el auditorio, entre “tradicionalidad y sensacionalismo”, los polos que sintetizan el espectáculo Solo explorations con el que se abría, con lleno absoluto en noche desapacible, esta edición. Eso sí, desconocemos si con “sensacionalismo” el presentador quería decir lo que en español entendemos por tal, pero acertó de pleno con este término, pues ya sabemos que el pianista ha desarrollado su carrera entre el jazz avanzado, cuya destreza técnica y de estilo se nutre del mundo académico, y la música comercial.

Hancock tomó el relevo que el año pasado trajo hasta este escenario McCoy Tyner como pilar del piano contemporáneo de los 60 (habría que añadir a Andrew Hill), y con piano empezó su A Night of solo Explorations. Este espacio acústico fue lo mejor que ofreció, inspirándose para ello en unas formidables y modernas variaciones sobre el Footprints de Wayne Shorter. Motivos repetitivos con alteraciones dinámicas (algunas sugeridas por Steve Reich) que indagaban en una exploración armónica que, como sucedería luego con apoyo de material pregrabado, pretendían tener amplitud orquestal. Sonrisa continuó en esa línea de figuras repetitivas y color tímbrico (Debussy) en las que intercaló líneas arábigas. Después llegó Maiden Voyage, el tema puente en el que Hancock ya hacía guiños a la electrónica. Alargada innecesariamente, como todo lo que vino después, esta pieza se vio aupada por la superposición de capas de sonido en un ejercicio funcional de discutible gusto. Aquí surgieron planicies de sonido ambiental que parecían sacadas de los teclados “cósmicos” de Kitaro o en el mejor de los casos, acercándose a enfoque sobre banda sonora, a Sakamoto.

El set tecnológico venía apoyado por 5 Ipads, 5 teclados (incluido el piano) y 2 ordenadores: ¨¿Qué demonios hacen todos estos chismes aquí?”, acertó a decir. Y así comenzó un viaje, con la excepción acústica de un Gershwin plomizo y chopiniano en Someboy to watch over me, que hizo las delicias de los incondicionales al coger la guitarra-teclado para interpretar las más que previsibles Cantalupe Island, Rock it y Chameleon. Aquella remembranza del funk sicodelico parecía un circo tecnológico en el que Hancock disfrutaba descubriendo sonidos y funciones a los aparatos como si estuviera en su estudio casero, en vez de estar frente a un auditorio. No hay nada explorativo en ello: tecnología nueva para ideas viejas.



Al día siguiente, Bill Frisell traía un proyecto audiovisual en forma de cinema-concierto, en blanco y negro silente, inspirado en la obra documental del cercano cineasta, con quien ya había colaborado antes, Bill Morrison. Basado en la gran inundación del Misisipí de 1927, este trabajo, divido en actos que a su vez definían situaciones concretas sobre este acontecimiento (preparación, reconstrucción, presos, mulas de carga, barcos, paisajes naturales y de pueblos inundados, rescates...), se apoyaba en una música incidental en torno al folk-blues con bastante peso escrito aunque con una intención más sugestiva que narrativa. El cuarteto (Ron Miles, Tony Scherr, Kenny Wollesen, también al vibráfono) sigue siendo la fórmula preferida por Frisell para llevarlo a cabo, con un Tony Scherr que eligió guitarra en vez del contrabajo prescrito para este proyecto, introduciendo técnica de slide del sur y acercándose en su función al sonido del bajista Kermit Driscoll, que ya junto a Joey Baron, por los 90, ayudara a poner en pie los filmes musicados sobre Buster Keaton.

Perfecto, cromático, por momentos alejado en su positivismo de la tragedia en imágenes, The Great Flood es un espectáculo que pese a quedar en cierto modo liberado de la sincronización en imágenes, se siente constreñido por las partituras. Eso si lo comparamos con la soltura y el movimiento grácil que definen los conciertos recientes que este músico fundamental nos ha ofrecido.

FOTOS: Paulo Pacheco
Foto 1: Centro Vila Flor, Pitágoras arquitectos 2005

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