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29 septiembre 2012

KEITH JARRETT- Sleeper


Keith Jarrett
Sleeper
Jan Garbarek (ss, fl, perc.), Keith Jarrett (p, perc), 
Palle Danielsson (b), Jon Christensen (bat, perc.). 
Tokio, 16 de abril de 1979. ECM

La publicación de esta grabación histórica, que ha esperado guardada durante años junto a otros registros valiosos que permanecen aún en letargo, supone un acontecimiento que debe ser analizado en su justa medida. Por un lado, la escasez de títulos del cuarteto europeo de Jarrett le dan un valor añadido que viene a completar al también título en directo, algo posterior, Personal Mountains. Dentro de la importancia que el sello ECM iba adquiriendo, a un año de cumplir una década activo en 1979, esta publicación se reafirma en los criterios definitorios que Manfred Eicher iba posibilitando entre la comunicación de músicos pertenecientes a dos escenas distintas: la fundación de lo que se entiende como jazz europeo o más concretamente al impulso definitivo al nórdico gracias a músicos norteamericanos

 Sleeper, con el cuarteto europeo de Jarrett



Porque entonces tenía que ser un músico estadounidense quien avalara una escena (Don Cherry y otros lo hicieron durante los 70) que ya venía cuajándose con criterios muy sólidos de identificación cultural de la región, que su sonido fuera acústico (en una década proclive al jazz fusión eléctrico) y que la libertad expresiva fluyera bajo un control distendido, partiendo de legados como los de Coltrane y Ornette Coleman, en un primer estadio, y de Paul Bley o el mismo Jarrett en segundo. El peregrinaje al estudio de grabación Rainbow en Oslo de todos estos músicos fue establecido por el productor, lugar infrecuente y apartado aunque cargado de las imágenes y la atmósfera de recogimiento en torno al silencio y el paisaje invernal que favorecía el sonido que estaba construyendo.


Esta publicación se reafirma en los criterios definitorios que Manfred Eicher iba posibilitando entre la comunicación de músicos pertenecientes a dos escenas distintas: la fundación de lo que se entiende como jazz europeo o más concretamente al impulso definitivo al nórdico gracias a músicos norteamericanos

Bobo Stenson y Jan Garbarek habían consolidado unas alianzas desde comienzos de los 70, siendo músicos jovencísimos, que no señalaban senderos sólo en el jazz nórdico sino también del europeo del sur, como el que empezaba a hacer posible músicos como Enrico Rava con la ayuda de ese núcleo escandinavo que Manfred Eicher había instalado en su sello. El cuarteto que mantuvieron Stenson y Garbarek en los 70, que conviene revisar con la mirada puesta en la creación presente de éste y del otro lado del océnao, se constituye en sus tres cuartas partes de éste. La disolución del cuarteto americano de Jarrett, con Paul Motian, Charlie Haden y Dewey Redman, posibilitó un traslado como plantilla a un contexto que, como decimos, ECM venía construyendo a la par que las estrellas norteamericanas ocupaban posiciones en su catálogo. Este intercambio dejó a Stenson (pianista coetáneo de Jarrett, de gran impregnación melódica y refinamiento tímbrico, fundador de una escuela propia de notable influencia en los países europeos del norte) sin el grupo que había construido para, relevado en su instrumento por la estrella indiscutible del sello tras el éxito del Köln Concert, poner en marcha un nuevo grupo con Jarrett aportando su estilo y composiciones.


Sleeper debe ser recibido, y así lo hacemos, con una mezcla de sentimientos, entre el regocijo de recuperar un sonido que reconforta y nos devuelve la mirada infantil de la portada de My Song y, de manera más cerebral, para calibrar el valor en perspectiva de la creación de este grupo. El arte se posiciona en su contraste temporal, más de 30 años en este trabajo, y oportuno es situarlo en la historia. El cuarteto americano de los Motian, Haden y Redman estructuraban su discurso colectivo (no olvidemos la personalidad arrebatadora de Jarrett en dicho diálogo) basado en formas abiertas y largos desarrollos improvisatorios que en cierto modo concitaban elementos figurativos y terrenales (las percusiones ) bajo un tratamiento abstracto y energético derivativo del free jazz y la new thing. En medio de todo ello, los recitales a piano solo de Jarrett manifestaban la querencia del músico por patrones repetitivos que impulsaban rítmicamente un discurso melódico que abría espacios de mayor ensimismamiento y cadencias bluesy.


Son melodías sencillas, agradables al oído y de inmediata implicación emotiva las que se inspiran en una inaudita, hasta entonces, articulación basada en el folklore noruego de Garbarek y el blues-folk, de creciente interés por la música popular latinoamericana como en My Song, por parte de Jarrett

Este cuarteto añade a todo lo dicho, primero, un énfasis melódico que hoy por hoy está en primera línea de atención de la creación actual, refractaria a las abstracciones o fricciones propias del lenguaje post free. Son melodías sencillas, agradables al oído y de inmediata implicación emotiva las que se inspiran en una inaudita, hasta entonces, articulación basada en el folklore noruego por Garbarek y el blues-folk de creciente interés por la música popular latinoamericana (el continente sufre golpes de estado e injusticias palmarias, My song es un esperanzado espejo en este sentido) por parte de Jarrett. Ellas hacen tan especial y determinante, desde la perspectiva actual, a una música que en la actualidad podría ser entendida como “pop” por su matiz folk: incluso el KölnConcert ya figura como icono para el sentido absorbente y desacralizador que define al pop.


El disco 1 se abre con el imponente Personal Mountains (ver vídeo más abajo), un tema que sintetiza las esencias pianísticas del Jarrett de los 70 trasladándolas con la misma exigencia melódico-rítmica a un conjunto que se pone a prueba y la supera. Todos responden a este reto veloz e intrincado, Garbarek y su exposición alargada, el robusto y fibroso empuje de Danielsson dibujando esas líneas ascendentes y descendentes al bajo y un proteico y frondoso Christensen a una batería con tendencia a funcionar como percusión abierta antes que sobre patrones prefijados por el jazz. El caudal de Personal Mountains termina en un break que abre un espacio de respiración lírica, todo un remanso propio de os esquemas de Jarrett en su recitales (como el célebre de Colonia), con esas cadencias repetitivas y en suspensión que aquí son elevadas por la voz de Garbarek en líneas melódicas de amplia respiración y en registro. El músico noruego encuentra en esta grabación en directo, a diferencia del Personal Mountains disco, un espacio solista que no se ve “invadido” por la creatividad desbordante de Jarrett. Y lo mismo podría decirse del resto de miembros.


 Jarrett importa del cuarteto americano el efecto entre arcaicismo y modernidad  ampliado en su dimensión tribalista por la flauta liberadora de Garbarek

Son en estas piezas largas iniciales en ambos discos (Personal Mountains y Oasis, respectivamente) donde apreciamos la huella de modernidad de esta música. Temas, decimos, de una amplitud en su duración en la que se pone de manifiesto, en el primero de los citados, la cualidad compositiva y una distribución de conjunto basada en la notación, mientras que en Oasis son las formas libres que introduce el juego percusivo de conjunto, que Jarrett importa de su experiencia con el cuarteto americano ese efecto entre arcaicismo y modernidad (las percusiones pequeñas surten de un sonido cercano al piano preparado de John Cage) ampliado en su dimensión tribalista por la flauta liberadora de Garbarek. En su desarrollo se suceden solos piano- saxo en un enfoque en el que sí se aprecian la estructuras abiertas heredadas del free jazz en Prims.

El resto de composiciones navegan, con una intensidad más contenida en el disco 2, por ese agraciado éter en el que se mezclan las esencias bluesy con las latinoamericanas, bossa incluso en So Tender (estética que no veremos en el pianista hasta el reciente directo a piano solo Río, 2011) o cierto Piazzolla cinematográfico (de esa década) en ese regusto latino que tiene Prims.

En suma, una oportunidad única, inesperada y gozosa, la que nos brinda ECM de disfrutar de un grupo histórico en plena acción. El último, todo sea dicho, en el que Jarrett compartió escenario con un instrumento de viento y las percusiones que solía tocar (y bastante bien) él mismo en su faceta multinstrumentista, que llega a su fin justo en esta época. Un valor en perspectiva que nos devuelve a un presente que ha tomado buena nota del activo melódico que les inspiró en un momento, los años 70, en los que nadie excepto ellos hacían algo parecido.




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