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05 septiembre 2012

ENRICO RAVA- On the dance floor

Enrico Rava
On the Dance Floor
Enrico Rava (tp), Andrea Tofanelli, Claudio Corvini (tp, fisc), Daniele Tittarelli (sa, fl), Dan Kienzelman (st, cls), Mauro Ottolini (tb, tuba), Franz Bazyozani (tecl), Giovanni Guidi (p, tecl),  Dario Deidda (b), Marcello Giannini (g), Dario Deidda (b), Zeno de Rossi (bat), Ernesto López Marutell (perc). 
Roma, mayo y noviembre de 2011. ECM

Una semana antes de que tuviera lugar el primero de los conciertos que dan forma a este trabajo en disco, quien escribe se encontraba frente a las cristaleras del Auditorium de Roma. Me llevó allí un amigo arquitecto para que admirara la obra de su compatriota Renzo Piano. En ellas se reflejaba la programación venidera que abarcaba todo el verano y un anticipo del otoño 2011. En él aparecía un nutrido grupo acompañando al maestro Enrico Rava, que venía con su nuevo proyecto sobre música de Michael Jackson. Como sabía que ya no estaría allí, le dije a mi amigo: “tienes que venir a ver esto”. Posiblemente mi apreciación sobre esta experiencia sonora enlatada sería hoy diferente, aunque dudo que mucho mejor, de la que voy a exponer: sería sólo distinta.


Por mucho que sea un bien apreciable intentar superarse con nuevos retos para un músico de su trayectoria, la música de Michael Jackson se antoja antagónica del recorrido que Enrico Rava ha venido trazando en ECM desde Easy Living

Vayamos por partes en el análisis de un disco tan atípico como éste. Por un lado, el sello alemán plantea varias maniobras comerciales -incluidas las de reducción de costes- para captar la atención de un mercado discográfico cada vez más famélico que más bien que mal, por ofrecer un aval de calidad en todos los sentidos y también por adaptarse con lo justo a las exigencias de la tecnología, ha podido ir alimentando. ECM va a seguir tirando de su fondo de archivo sonoro (vean el reciente rescate de Keith Jarrett y el cuarteto nórdico) que compaginará más raramente con grabaciones de hoy como ésta. ECM sabe muy bien lo que es grabar en un estudio, en un teatro e incluso en iglesias. Forma parte de su filosofía, y a los recitales de Jarrett y sobre este hecho diferencial en palabras del genial pianista nos remitimos: no confundir el acto y el instante creativo que tiene lugar sobre un escenario de lo que se ofrece luego en disco. 



Primer y gran punto débil de concepto en este batiburrillo de temas sin sentido orgánico ni orden ni concierto en su disposición (se vale de dos grabaciones). Otra cuestión es que no se recuerda, así de memoria, ninguna producción de Eicher (aquí cuenta con varios apoyos públicos de instituciones romanas para materializarlo sin grandes esfuerzos) que tenga esta orientación estilística alrededor de algo a medio camino entre jazz-fusión, soul-funk y motivos a la italiana cinemático-circenses.

Michael Jackson convirtió la pista de baile en la que sabía moverse su música  y él como nadie en un circo. En Roma saben muy bien la historia del circo, por eso se incluyen citas extravagantes. Pero quizá habría que dejar que esta historia la contasen otros 

El segundo punto llamativo no atiende a cuestiones de concepto o de estrategias vistas en perspectiva, se basan en lo que significa referirse a un autor como Enrico Rava, lo que más allá de su propuesta última significa llevar ese nombre y ese apellido. Para muchos que le hemos seguido con admiración (The Pilgrim and the Stars fue uno de mis primeros ECM) hablar de Rava es hablar de un estilo único, elegante y culto, poético y expresivo, tradicional e inconformista. El estilo de uno de nuestros más grandes fabuladores de una mediterranía que se hace universal a través de este lenguaje que es el jazz, música que, como él siempre ha dejado dicho, hicieron posible desde sus comienzos músicos italianos que emigraron a los EEUU: lo italiano está en su mapa genético.

Por mucho que sea un bien muy apreciable y escaso intentar superarse con nuevos retos para un músico de su trayectoria, que nada tiene que demostrar, la música de Michael Jackson se antoja antagónica del recorrido que la segunda carrera de Enrico Rava ha venido trazando en ECM desde Easy Living. ¿Qué tienen que ver sus discos en Nueva York con Mark Turner y compañía y, sobre todo, esa joya discreta con Paul Motian y Stefano Bollani que es Tati con este repertorio? ¿Hacía falta emular al admirado Miles Davis, quien en los 80 versionara el Human Nature del rey del pop? Dos caras de una misma moneda: Paul Motian y Michael Jackson. Algo no cuadra.

El trompetista aparece aquí más como solista destacado, y casi a la fuerza, que como orquestador, ya que los  arreglos son del trombonista Mauro Ottolini. Músico que ocupa el sitio, y se nota, de ese prodigio gaseoso que es Gianluca Petrella (que, creo, sí lo hace en directo en giras recientes). De los grupos electroacústicos de Petrella (Cosmic Band) y Guidi parece tomar el maestro el impulso para lanzarse a esta piscina medio vacía o, según se mire, demasiado llena de tópicos y gestos reconocibles. 




Michael Jackson convirtió la pista de baile en la que sabía moverse su música  y él como nadie en un circo. En Roma saben muy bien la historia del circo, por eso se incluyen citas extravagantes en el escenario. Pero quizá habría que dejar que esta historia la contaran otros. 



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