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05 agosto 2012

OPINIÓN- La poltrona, estúpidos

La poltrona, estúpidos
Por Jesús Gonzalo
Era sábado, algo más tarde del mediodía, en una pequeña plaza de Sevilla. Dos cervezas y unas aceitunas encima de la mesa. De pronto, una marea humana, que provenía del cercano hotel, se dirige hacia nosotros, al único bar que había allí. Todos jóvenes, sonrientes y con ropa de marca. Del cuello les cuelga una acreditación. ¿Quiénes son?

No dejaban de llegar. Iban en pequeños círculos de entre cinco y diez individuos. Toman posiciones en los veladores de un establecimiento medio vacío. Empiezan a hacerse con sillas y mesas y las van alineando como si fueran a hacer un banquete. Un chico se dirige a nuestra mesa y me pregunta si se puede llevar “¿esta silla y aquélla también?”. Sí, claro, somos dos. Esperanza se levanta y va al servicio. Al rato llega otro y nos dice que si nos hace falta la mesa. Entendería que podría ser oportuna la pregunta si estuviéramos de pie, con la cerveza en la mano. Le digo que sí, claro que necesitamos la mesa. Llega una chica, con esa sonrisa de plástico de aprendiz de avezado político, y me pide la última silla libre. Al agacharse para intentar llevarse la silla de Esperanza le sostengo la acreditación y la miro. Pone Juventudes Socialistas de Andalucía. “¿Está libre?” No, no lo está, y tú no necesitas una silla, tú lo que quieres es un sofá. Se va con cara extrañada y se lo cuenta a su grupo creciente de compañeros, que en actitud desafiante miran hacia mí. Me levanto de la silla para que me vean mejor. Vuelve Esperanza, se lo cuento y decidimos irnos, con la sensación de querer salir cuanto antes del sitio en que se ha convertido esa tranquila plaza y con media sonrisa en la cara.

La frase que inspira este artículo era esta: “The Economy, stupid”. Fue concebida por el gabinete del después presidente Bill Clinton en su campaña contra los republicanos de Bush padre. Hay una cosa buena en nuestra crisis, al menos se han despejado las cosas. El árbol de la economía, al ser derribado, nos deja ver el bosque que hay detrás. El jardín particular de los políticos de aquí y de allá. Reconocemos, en medio de una poda radical que a ellos no afecta, que la estructura de predominio, su tejido clientelar del color de turno, se mantiene intacta. Y comprobamos que ése es el lastre de confianza en la economía tras más y más ajustes y tras haber incorporado dramáticamente las tóxicas cajas (fuente de financiación de la esfera política regional y de provincias) al mercado  de fusiones bancarias.

Lo que está sucediendo, sin pretender pasar por experto (por cierto, ¿dónde están sus predicciones y estudios de prospectiva?), tiene que ver con la confianza pero también con la eficiencia, esa palabra que nuestros gobernantes han descubierto recientemente. La rigidez de la moneda única y los retrasos en las decisiones burocráticas europeas, acompañados del interés alemán en doblegar a los “irresponsables” países del sur,  dificultan nuestro medio de financiación. El tan cacareado crecimiento, que nadie ha concretado, no se puede llevar a cabo como en otros contextos, en los que se apoyan en políticas keynesianas de inversión del Estado y de financiación extra. Sencillamente, ni el estado tiene capacidad para invertir en infraestructuras ni podemos financiarnos exteriormente. Con todo, este dato: en Bélgica, el PIB (lo que produce un país) se va al 100% a la deuda pública, en Italia es el 120% y en España el 80%, que ha aumentado un 35% desde 2007. El problema es, según se puede ver en esas cifras comparativas que parecen sernos favorables, qué producimos para tener una economía tan asfixiada. Poco, y siguen rebajando los conceptos de Investigación y Desarrollo, condenando a la inmigración a nuestros científicos y estableciendo como nuestro motor único al sector terciario, de servicios o turismo.

España debe ser más competitiva, nos dicen también desde el PP (su ministro de Economía también lo es de la cosa). Mientras que generaciones de jóvenes titulados se desangran o huyen de España, los ratios de eficiencia que se aplican en la administración en paralelo de aquí y de allá siguen intactos: se propusieron eliminar 600 empresas públicas las autonomías y sólo eliminaron dos. Incluso las del partido gobernante, el PP, se oponen a que el ministro de Hacienda le ponga restricciones. Ministro que en vez de perseguir el fraude de IVA dice que lo sube al 21% para compensar su falta de recaudación, penalizando el consumo y a quienes lo pagamos (perjudicando también al turismo) y situando a la cultura frente al precipicio (¿no decían que esta crisis no sólo era económica sino de valores? ¿Qué piensan que es la cultura?). ¿Saben estos cerebros de la gestión pública y privada (así nos vendieron la llegada al poder del equipo de Rajoy) la diferencia entre una política fiscal expansiva (mejora de la inversión y ayuda a frenar el desempleo) y otra constrictiva (no tenemos un problema de inflación, que es lo que más preocupa a Merkel de su memoria histórica)?  Amnistían a los que han defraudado al fisco mientras rebajan el subsidio por desempleo para, dicen, incentivar su búsqueda. O sea, suben el IVA  en vez de intentar recaudar más por él y así no perjudicar a la economía y le bajan a los parados su paga para que se busquen un curro cuanto antes, pero ¿dónde?

Y mientras tanto, mientras la economía real sigue fagotizada por la financiera (todo se trata de darle a la maquinita de hacer dinero, ya saben, cosa del BCE) y nos con-vencen con que no “podemos elegir”, aprueban este Real Decreto Ley con nuevas reformas que hasta al incompetente de ZP se le podrían haber ocurrido. La Economía del Bienestar se ha convertido en la del Malestar, la clase media se destruye, pero no afecta a todos los ciudadanos. No habría que tocarle nada a los funcionarios de carrera (por oposición) si reformaran de verdad la Administración Pública, esto que hacen es como poner una tirita a una hemorragia. Le quitan la paga extra, le reducen el sueldo pero no cae ninguna empresa pública (en Andalucía, con la nueva coalición, aumentan los cargos de libre designación: y 33% de paro en la calle). Nos tiran la carnaza de los concejales, esa distracción diferida a tres años que afecta al estatus político más bajo, y anuncian refuerzos en el organismo más cacique de todos: las diputaciones.

Hay privilegios que en vez de desmantelarse se siguen defendiendo mientras todo se desmorona a su alrededor. El árbol de la economía ya nos deja ver el bosque. Tú no necesitas mi silla, tú lo que quieres es un sofá.
© Cuadernos de Jazz, julio-agosto 2012 

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