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15 julio 2012

LIBROS-Miles, la autobiografía, Quincy Troupe


Miles, la autobiografía

Miles Davis/Quincy Troupe
Alba Editorial


“Yo debía de tener seis o siete años. Caminábamos por aquellos caminos rurales en la oscuridad de la noche, y de repente nos llegó una música dirías que de ninguna parte, de los árboles fantasmales donde todos murmuraban que vivían los espíritus [...] Recuerdo aquella clase de sonido, aquellos blues, la iglesia, aquella especie de temor en los caminos solitarios, aquel ritmo campesino, tan del sur [...] Por ello, cuando empecé a tomar lecciones de música, debía de tener ya una idea de cómo quería que sonase la mía"

En este fragmento se condensa no sólo la personalidad del protagonista sino también la identidad de un estilo sugestivo y penetrante que siempre miró de frente al futuro. Encontramos también aquí la llave con la que se articula la colaboración literaria entre el músico y el poeta a lo largo de 500 páginas, y que no es otra que la función descriptiva del recuerdo, cuestión que distingue a esta biografía de la objetividad del también referencial texto escrito por Ian Carr y vendido como definitivo. 

Reeditada casi dos décadas más tarde, la autobiografía de Miles Davis (1926- 1991) sigue deparando una lectura ágil y reveladora. Escrita en primera persona, en ella se narra de forma cronológica (se puede degustar de la cercanía y el avance de los acontecimientos: Bird, Coltrane, Kind of Blue, quinteto de los 60, época eléctrica) y con prolijos detalles (tantos que resulta imposible no pensar que el escritor se recrea) la vida y la carrera del músico que dio un vuelco a la historia de la música del siglo XX y del jazz al menos cuatro veces entre los años 40 y 70. 


Miles Davis y el actor Don Cheadle en el 
biopic "Miles Ahead" de 2015

El texto se abre con una experiencia en directo con el grupo de Dizzy Gillespie y Charlie Parker en la era de la revolución bop, un hecho irrepetible que primero le marca y luego acabó formando parte. Recuerdo a recuerdo, se pasa de la niñez en East St. Louis hasta llegar a la élite del jazz y todo el contexto del Nueva York de los años 40, estimulante y peligroso. Ya en los 60 llega la fama y el dinero. 

El proverbial (mal) genio del músico aparece suavizado en estas memorias repletas de nombres (sentimentales para la familia y las mujeres) y de admiración para con algunos, no todos, de sus compañeros (plana mayor del jazz) cuyas genialidades llevan el calificativo de “hijoputa” (el más repetido). Su tortuosa relación con las drogas, su desprecio absoluto por los críticos y un apoyo beligerante a la causa de la raza negra (heredada de su padre) son tres factores sobre los que pivota el discurso humano y musical de un hombre al que le gustaba cuidar su imagen (heredado de su madre) y la combinación indisociable de belleza e inteligencia en las mujeres. 

Repetidamente comparado con Picasso (también pintó) por las “edades” y respecto a si su obra le pertenecía por completo a él o a los excelentes jóvenes músicos de los que sabía rodearse, el libro no deja lugar a dudas sobre causalidad (no casualidad) de los conceptos y las herramientas que barajaba en cada momento histórico. Miles y yo fue la secuela menor de este libro publicada por Troupe tras la muerte del trompetista. En ella, con la excusa de contar las circunstancias que marcaron las largas conversaciones que mantuvieron, el ego del poeta parece querer rivalizar con el del músico por la autoría de la narración en primera persona de esta autobiografía. Los testimonios residuales vierten ahí una visión de Miles menos mesurada y más antipática que en estas creíbles y fundamentales memorias.




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