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30 junio 2012

THEO BLECKMANN- Hello Earth! y Las Cuatro Estaciones de Vivaldi


THEO BLECKMANN

ESTACIONES SIN PARADA

Hace escasamente un año podía vérsele entre los invitados al homenaje que se brindó a la compositora y cantante Meredith Monk. Se subió a un pequeño escenario acompañado de John Hollenbeck, cercano colaborador en éste y otros frentes. Entre el público, la presencia de David Byrne afianzaba relaciones artísticas y de amistad con la homenajeada que se remontan a los años 80. Acaba de presentar un disco dedicado a la cantante Kate Bush y otro junto a Uri Caine para Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

El estilo inclasificable del cantante Theo Bleckmann podría venir marcado por el área de un triángulo cuyos vértices nominativos serían Monk-Byrne-Hollenbeck; es decir, por una música contemporánea repetitiva con elementos teatrales e inspiración en culturas arcanas, el pop entendido desde una vertiente intelectual y refinada (art-rock y viajes en el caso del músico de Talking Heads) y por último el jazz avanzado que procede de las formas abiertas del free y que si por un lado permite técnicas ruidistas y desfiguradas por otro se alimentan de un fuerte apego a la melodía. Con todo, su estilo no se detiene en estaciones al uso. Una técnica muy depurada y muchas inquietudes estéticas le permiten ir más allá.

 Theo Bleckmann y John Hollenbeck

En su camaleónica voz encontraremos, sobre los tres pilares de música clásica-jazz-música popular, ecos de la canción según Charles Ives, género que pasa de lo bucólico al realismo urbano y burgués de una floreciente Nueva York (llena de emigrantes) en las que las incursiones discursivas en la voz desmienten la tradición del lied mahleriano (europeo). De éstas se pasa a Broadway y el music hall, y no se encuentra a Gershwin como principal influencia en un estilo muy marcado por elementos escénicos sino más bien Jerome Kern y Kurt Well (recordemos su procedencia alemana). De ahí al jazz sólo hay un paso. Bleckmann no construye su discurso sobre la base tradicional de los cantantes en torno al blues o técnicas de scat en la improvisación. 

Pese a que guste de acentuar los perfiles melódicos y cuidar su indumentaria al máximo, tampoco está en deuda con la estética crooner. Pero sí con la de un cantante pop que cuida el diseño de su imagen tanto como la plasticidad de una música que adopta elementos entre lo exótico y lo lúdico. Habría que añadir el tratamiento de extensión y manipulación del sonido que viene aplicando a través de la tecnología de samplers y loops, que le permiten desarrollar un mensaje en varía líneas temáticas y a la vez un mundo sugestivo y exuberante hecho de oleadas que conectan a Guillaume de  Machaut con Joni Mitchell.




Nacido en Alemania, Bleckmann irrumpe en una escena de vanguardia neoyorquina que se despereza del centro neurálgico underground que significó la Knitting Factory a comienzos de los 90. Justo al entrar a formar parte del Meredith Monk Ensemble, podíamos escucharle con cierto asombro (sólo comparable con el trabajo del throat singer David Moss) en el disco Force Green (Soul Note, 1995) del contrabajista Mark Dresser, músico que por entonces frecuentaba Dave Douglas en Five (Soul Note, 1996) y The Cabinet of Dr. Caligari (Knitting Factory Works 1994). En todo este tiempo trascurrido, Bleckmann se ha mantenido en la formación de la compositora de Dolmen Music y ha colaborado con otros grupos contemporáneos del prestigio y versatilidad de Bang on a Can, con Phillip Glass y John Zorn, Steve Coleman o Anthony Braxton.

Desde que se incorporó a la escudería de los hermanos Winter (W&W), el cantante ha entregado una variedad de proyectos acordes con la amplitud de su perfil creativo (desde canciones de Charles Ives a Schumann, del cabaret berlinés a un significativo disco en solitario) que tienen en la fundación del Refuge Trio, con Gary Versace y John Hollenbeck, uno de sus más estimulantes propuestas actuales, a la que habría que añadir, en ese ámbito de líneas difusas en torno a lo que llamaríamos jazz, el dúo que mantiene con Ben Monder y su destacada colaboración con Hollenbeck tanto en su Large Ensemble como en The Claudia Quintet. Este año ha presentado en Winter&Winter dos trabajos, uno dedicado a ese icono esquivo de los 80 que es Kate Bush, que anuncia su salida del retiro, y otro a Vivaldi - genio veneciano cuyo legado en alza se revisa e investiga- y sus Cuatro Estaciones, acompañado aquí de Uri Caine.

El hecho de que Bleckmann no se considere ni un cantante pop ni tampoco de jazz permite ejercer una posición intermedia que se nutre del cabaret, el rock y el folk escocés/irlandés. El universo de Kate Bush es un terreno fértil para una lectura que indaga en una visión entre lúdica y oscura



Hello Earth! conduce al mundo misterioso y envuelto en esfumato de la cantante, al mismo tiempo que se instala en la memoria adolescente de Bleckman. Situada, como eje que se comentaba al comienzo, a lo largo de la década de los 80. Es por ello que tras sucesivas escuchas veamos salpicada esta fantasía sonora que construye el autor sobre la diva de impresiones o alegorías de estilo tan dispares como Pat Metheny, Ryuichi Sakamoto, Peter Grabiel o Mike Oldfield. El planteamiento abordado no es deconstructivo, es decir, no altera la esencia de la música de Bush, puesto que sus perfiles siguen ahí en una muy cuidada selección de temas repartida estilísticamente como en una producción de los 80 de, pongamos, el Tom Waits de Rain Dogs. Lo que Bleckmann consigue es traducir el mundo misterioso y evanescente de la cantante al suyo propio, acentuando el cromatismo en oleadas de intensidad onírica y magnética. 

El hecho de que Bleckmann no se considere ni un cantante pop ni tampoco de jazz permite ejercer una posición intermedia que se nutre del cabaret, el rock y el folk escocés/irlandés. El universo de Kate Bush es un terreno fértil para una lectura que indaga en una visión entre lúdica y oscura, en el que la atmósfera que envuelve unas letras en plena actualidad, como afirma el autor, supone la gran conquista de la memoria. Para su construcción Bleckmann se apoya en su grupo habitual, formado por Henry Hay (piano, clavecín preparado), Caleb Burhans (violín y guitarra eléctricos), Skúli Sverrison (bajo) y John Hollenbeck (percusión y batería), todos adoptando una posición altamente expresiva y al servicio de los registros del cantante. Por un momento se piensa que ha conseguido reunir alrededor del cancionero de la cantante británica una especie de revisitación al pasado con distintas paradas en el camino presente. Todas inesperadas.


Las Cuatro Estaciones es la obra más célebre de un repertorio como el de Vivaldi (1678-1741) que aún hoy sigue creciendo con nuevos descubrimientos documentales y en interés por ser una pieza clave entre dos genios como Bach y Haendel, cuyas producciones están sobradamente catalogadas e interpretadas. Dicho lo cual, la importancia de esta edición de W&W despierta el interés de cualquier aficionado curioso, aunque sea mucho más golosa para los pertenecientes al mundo clásico. Dos serían los puntos fuertes de esta producción, además de configurar su estructura discursiva. En el primero de ellos la ejecución que realiza el conjunto instrumental especializado en ese periodo Forma Antiqva, registro en directo desde el Festival de Música y Danza de Granada en julio del año pasado. La otra, distribuida a lo largo del disco en varios interludios, estaría la lectura alegórica que tanto Bleckmann como Uri Caine realizan. 



 El carácter melodramático inherente a un autor post-monteverdiano como Vivaldi se funde con el paisaje al paso de las estaciones. Esa dramaturgia se acentúa con violencia, ensuciando los perfiles melódicos mientras se recrea en silencios inusualmente largos. La ornamentación emerge en los espacios de improvisación que las partituras barrocas encierran

Lo interesante de la convivencia de ambos mensajes (uno acústico y el otro con frondosidad electrónica) es la presencia de la Naturaleza y su metamorfosis estacional con acentos apasionados. La versión de Aitor Hevia - primer violín- y los hermanos Zapico -Aarón como director musical y clavicinista- parte de un criterio historicista en cuanto al sonido pero se diría que contemporáneo en su interpretación. El descubrimiento de una música tan familiar para el oído como esta famosa pieza se produce al ceder a la Naturaleza un protagonismo basado en su poder al desnudo. Así el apasionamiento se vuelve visceral y lo que antes eran arpegios ornamentales ahora son ataques violentos, pletóricos tanto en la impregnación del advenimiento como en la degustación de su discurrir.
 El contraste es la clave en este disco, como lo es entre invierno y primavera. La mano embellecedora del hombre queda así matizada por un elemento contemplativo y se diría que ajeno. Las metáforas afloran con los espacios de Bleckmann/Caine, segmentos de extraña exuberancia, de una naturaleza que ha cambiado su color. Se viven como reflexiones, miradas indiscretas que desafían con su presencia el discurrir vivaldiano. Esos detalles descriptivos y alegóricos, lo son también algunos instrumentos de Forma Antiqva, impulsan la evocación de imágenes, redundando en la fórmula audiofilms que produce este sello. Todo resuena alrededor.






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