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29 junio 2012

ARTE- KIRCHNER-exposición


MIRADAS AL FRESCO
Ernst Ludwig Kirchner 

  • Fue uno de los máximos exponentes del expresionismo alemán
  • Su obra fue considerada por las nazis 'arte degenerado' y por tanto prohibida
  • Sus cuadros provocan el desasosiego que le atormentó durante toda su vida


Seguro que lo ha experimentado: hay artistas cuya obra sólo produce el placer de ver algo bello y otros, cuya intensidad casi provoca al espectador. El caso del alemán Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) es el segundo. En sus obras hay explosión de color, de tonos que nada tienen que ver con la realidad, y acercarse a sus lienzos mueve algo por dentro. Uno puede experimentar, aunque sea sin intención, la tortura y el desasosiego que atormentó al artista durante toda su vida.

La exposición de 153 obras en Madrid -que incluye sobre todo pintura, pero también alguna escultura y fotografías tomadas por él mismo que documentan su trayectoria- nos pasea por sus primeros años en Dresde (donde fundó el grupo Brucke, el primero que desarrolló el expresionismo) y su paso por la capital alemana, aquellos momentos en los que pintó sobre todo prostíbulos sin ningún tipo de sensualidad. Y llega a su última época, ya retirado del ruido y los excesos de Berlín en la localidad suiza de Davos, en los Alpes.

De la ciudad asfixiante de espacios cerrados a la naturaleza idealizada que sólo existe en su cabeza. De los ángulos cerrados del expresionismo alemán (aquel que fue catalogado por los nazis de arte degenerado y del que él fue un exponente clave) a los colores muy ácidos que tampoco dejan que las escenas de las montañas sean del todo serenas.

"Desde el principio nos va a crear esa tensión entre un mundo de personas tremendamente angustiado, obsesivo y dramático; y un mundo natural, lleno de melancolía, pero también de una cierta esperanza y una mayor amabilidad", explica Pablo González Burillo, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, institución que ha organizado la muestra y que exhibe en su sede del Paseo de Recoletos.


Una retrospectiva fiel que sigue el recorrido vital de Kirchner: sus primeros pasos por la urbe, su crisis emocional que le encerrará en un psiquiátrico y el aire libre, siempre visto de una manera particular. "Construye un mundo muy interesante en el que mantiene unas claves personales muy claras, aunque es capaz de también irse acomodando a lo que está ocurriendo en la escena del arte internacional".

Pasa del 'fauvismo' en el que pudo ser rival de Matisse a la vuelta a lo clásico en los años 20, como les ocurrió a otros vanguardistas contemporáneos suyos como Picasso, a los que sigue la pista. Su mirada, eso sí, no se detuvo sólo en la tradición europea, sino que también se fijó en artes más alejados como el africano o el procedente de Oceanía. "Mantendrá ese mundo subjetivo que cada vez se va haciendo más obsesivo, y que puede verse en sus autorretratos y en los retratos de gente muy próxima a él, como su mujer o sus pocos amigos".


Obsesión y tortura. Hitler va tomando posiciones en la Europa de entreguerras y Kirchner está seguro de que, igual que se ha anexionado Austria, el Tercer Reich también tomará Suiza, donde él vive. Mucho antes de que siquiera estalle el conflicto, Kirchner se suicida. "Y nos deja, que es lo que puede verse en esta exposición, una obra siempre muy intensa. Busca los grandes sentimientos y como expresarlos a través del color y la composición, pero siempre con elegancia. Evoluciona y cambia, sin dejar de ser siempre lo mismo". Un visión, recuerde, que provoca. Y la serenidad, si se tenía, desaparece.

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La elección del experto

Proponemos a Pablo González Burillo que escoja dos obras de la exposición. Una muestra, además, que sólo podrá verse en Madrid. Elige un tríptico, 'Mujeres bañándose' (1914-15 y 1925), que tiene la particularidad de que recoge varias de sus etapas y de que, actualmente, cada lienzo pertenece a un propietario distinto, por lo que es una oportunidad de ver el conjunto. Y se detiene, además, en el cuadro que sirve como cartel, 'El juicio de Paris' (1912-1913). "Es una de las grandes obras de Kirchner, en la que se ve muy bien su planteamiento en la época de Berlín". Es la ciudad desamparada, dura: "Pero nos regala trozos de pintura realmente hermosos, que tienen valor por sí mismos". Las prostitutas no tienen espacio, no hay aire sobre sus cabezas y alguna tiene los pies incluso recortados. Sus cuerpos no son deseables. "Se acentúa esa visión realmente agobiante, de un espacio dramáticamente muy denso".

Ernst Ludwig Kirchner 
Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23. Madrid). Hasta el 2 de septiembre. Horarios: lunes, de 14 a 20h. De martes a sábado, de 10 a 20h. Domingos y festivos de 11 a 19. Entrada gratuita. Visita virtual.

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