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07 mayo 2012

OPINION- Dioses y Monstruos


Dioses y monstruos


Por Jesús Gonzalo
El destino depara paradojas como la muerte del cineasta griego Theo Angelopulos, atropellado por una motocicleta conducida por un policía mientras rodaba exteriores para su nueva película, dedicada a la crisis de su país. Tenía que titularse El otro mar esta inacabada alegoría sobre el Mediterráneo, cuna y espejo de civilizaciones que desde la Mitología nos ofrece escenarios para lo grotesco y lo sublime. Como la actualidad.

“Cuando era un muchacho, Heracles (Hércules para los romanos) se interesaba más por la lucha que por la lectura, la escritura o la música. También prefería la carne asada y el pan de cebada a los pasteles de miel o de frutas. Pronto se convirtió en el mejor arquero, mejor luchador y boxeador que existía. Cuando Lino, su profesor de música, le pegó por no prestar atención a las escalas, Heracles le golpeó con una lira hasta matarlo…” (1)

Recientemente hemos asistido a dos significativas y desatinadas declaraciones que nos competen. La primera de ellas, también en el tiempo, pertenece al director de un histórico festival vasco y hace alusión a sus impresiones sobre el Día Internacional del Jazz concedido por la UNESCO y a cómo entiende él la cuota que destina en su programación al jazz hispano: mejor no entremos aquí en distinguir si su responsabilidad termina donde su terruño, porque si así fuera no debería haber sido invitado al ente público nacional. El otro, al ser también ministro de una cartera como la de Deporte, digamos, su poder cabría tildarlo de “olímpico”.

Tras escuchar los desnortados y frívolos argumentos de ambos, se comprueba que en su fuero particular eso del grado de crispación social ni lo entienden ni lo sufren, por eso operan como bomberos que arrojan gasolina en vez de agua. Pero esta situación de impotencia e indefensión, que cada día nos impide más pensar con claridad para llevarnos a la indigestión mental permanente y la trinchera particular e insolidaria, no debe hacernos caer en los terrenos de lo “grotesco” adonde nos predestinan reflexiones tan inconsistentes y frívolas como las suyas. Para darnos cuenta de un error que se acumula sin fin y que tanto en el encuentro del Jazzahead de Bremen como en el pasado día 30 se evidencia,  existen ejemplos depurativos que nos abren un puente hacia la esperanza o quizá lo “sublime” en la experiencia vivida en Faro en esas citas internacionales con el jazz sin España. Después de estudiar con detenimiento la situación y ver cómo nuestro vecino asume esta oferta cultural para crear un pequeño oasis ibérico, primero les señalamos con hechos (mientras los portugueses siguen intervenidos) y luego, como colectivo implicado, tomamos buena nota de lo que otros han conseguido con esfuerzo y perseverancia.

Habría que preguntarle al señor ministro si le parece bien la historia de Heracles, tan extendida entre nuestra juventud escolar y universitaria como, de manera más figurada, en los despachos ministeriales, autonómicos y locales; o preferiría quizá, como ministro también de la cartera de Educación y Cultura, construir una sociedad con un tipo de héroes menos “monstruosos”. Los músicos, entienda que son más que los que a usted le gustan -que no precisan de ayudas, ni siquiera mediáticas-, hace tiempo que son héroes, superando todas las pruebas que los “dioses” -reales como un Conservatorio, una Hacienda o los mismos programadores, ficticios como los mercados- les pongan en el camino. Aquí, señor ministro, “no es que llueve igual para todos y deberían cobrar menos”, es que no han dejado de caer chuzos entre la comunidad de músicos y sobre todo dentro de las especializaciones que tienen que ver con el jazz. Aquí no es que haya que bajar los sueldos, es que no los hay. Usted y bastantes programadores, que sí los tienen, se esfuerzan sin éxito en escoger las palabras para empatizar con los músicos e incluso se permite el lujo de hablar metafóricamente en términos musicales sobre si su gobierno “tendría que estar ya afinadito”. Al margen de estas impagables golosinas, deberían saber que tocamos de oído y si frivolizan con los tiempos le recordamos el compás. Este tipo de declaraciones, cuando hablan del advenimiento de más “lluvia” y “pico y pala”, no sólo les aleja de la sociedad, por si no tuvieran ya bastante, sino que ponen de manifiesto que son seres caprichosos y privilegiados.

Les pedimos a todos los que disponen de financiación pública por pequeña que sea hoy, primero, el respeto que nos han perdido y, luego, que no frivolicen con nuestro esfuerzo, nuestras capacidades ni la realidad que nos toca vivir: nosotros somos agentes productivos que hacen posible su actividad, ustedes sólo distribuyen recursos con una discrecionalidad que hoy más que nunca está en el punto de mira. Si no quieren acabar como el Cíclope, abran bien los dos ojos. Los griegos de entonces sabían que los dioses del Olimpo podían ser seres monstruosos que manejaban sus vidas a su antojo. Pero hoy no les tememos, no son mitológicos, son, mientras no demuestren lo contrario, simplemente incompetentes.

(1) Robert Graves: Dioses y héroes de la antigua Grecia

Cuadernos de jazz, 7-14 de mayo de 2012

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