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22 abril 2012

BERNARDO SASSETTI TRIO- Motion


Sonidos estáticos
Imágenes pasajeras


Bernardo Sassetti Trio
MOTION
Clean Feed

En una sala humeante y a altas horas de la noche, alrededor de un piano, un grupo de músicos “napolitanos” arropan a los actores Matt Damon y al anfitrión de la fiesta jazzística Jude Law. Se canta la melancólica My Funny Valentine homenajeando a la bohemia decadente de Chet Baker. Esta escena pertenece a El Talento de Mr. Ripley (1999) de Anthony Minguella. 




El pianista era Bernardo Sassetti, prestigioso músico portugués (Lisboa, 1970-Cascais 2012) que ha construido una sólida carrera en solitario tras colaborar, entre otros, con Mário LaginhaCarlos Do Carmo y Will Holhouser. Su estrecha relación con el Séptimo Arte luso se pone de relieve en las bandas sonoras de Alice (de Marco Martins), el film mudo de 1930 Maria do Mar (Leitão de Barros),  A Costa dos Murmúrios (Margarida Cardoso), O Milagre Segundo Salomé (Mário Barroso) y en Quaresma (José Álvaro de Morais), 
todos ellos proyectos muy distintos. 


La vuelta a un esquema clásico en el jazz parte de nuevo de la pantalla. En Motion este exquisito pianista recopila música de cine escrita para la película 98 Octanas de Fernando Lopes
Tras siete años sin editar un trabajo al frente de su propio trío, formato en el que sobresale el imprescindible disco doble Nocturno (Clean Feed, 2002), aparece un nuevo trabajo con Carlos Barreto al bajo y Alexander Frazâo a la batería. La vuelta a un esquema clásico en el jazz parte de nuevo de la pantalla. En Motion este exquisito pianista recopila música de cine escrita para la película 98 Octanas de Fernando Lopes

Como música programática a trío se describen situaciones e imágenes que se ciñen funcionalmente al título y a los distintos cortes que lo contienen. Para ello se toman elementos prestados con los que establecer analogías estéticas que a su vez sirvan de materia impulsora a los sonidos.



Por una estética basada en el detalle sensitivo y un estilo elegante y refinado como el del autor, Motion es un retrato solitario y otoñal 


Así, entre las literarias estarían Faulkner (que parte de una reciente obra de teatro dirigida por Rita Lello titulada Faulkner Bycicle) pero sobre todo Edgar Allan Poe como principal artífice de una intención plástica que emborrona la realidad para fundirse en los sueños: All what we see seem is but a dream within a dream. El planteamiento onírico en la música es si cabe más intenso en la primera parte del disco, donde los silencios, de difícil tratamiento de sincronización audiovisual, dotan del espacio adecuado para la intensidad. En la segunda, en la que se distingue ya el pulso cinemático, es el legado en blanco y negro de la Nouvelle Vague el que parece sugerirnos un planteamiento que contrasta instantáneas estáticas en medio de un contexto animado.

La disposición narrativa de los temas, pivotando sobre dos centrales, Motion I y II, y la intención de describir figuras en el tiempo viene apoyada también por elementos evocadores accidentales como la búsqueda de la melodía deseada en un dial en MW 108.7. Aunque, como decimos, sea a partir de este guiño radiofónico donde hay más énfasis rítmico. 

Por una estética basada en el detalle sensitivo y un estilo elegante y refinado como el del autor, Motion es un retrato solitario y otoñal que pareciera haber quedado atrapado entre el estado de ánimo de Exit Music (for a film) de Brad Melhdau y una secuencia perfumada de poesía de Èric Rohmer.



 Su levedad estática nos lleva también a Erik Satie, su clima poético a Bill Evans y el lirismo que emana de las cadencias repetitivas sugiere, con el tacto íntimo de Mompou, al piano de Hans Otte. El bolero El Día que me quieras, que sirve de queda despedida (Sshhh), parece un final policromado bajo la lluvia según la cámara de Wong Kar Wai.



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