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15 febrero 2012

REZ ABBASI- Invocation


Rez Abbasi`s Invocation
SUNO SUNO
Rudresh Mahanthappa (sa), Vijay Iyer (p), Rez Abbasi (g), Johannes Weindenmueller (b), Dan Weiss (bat). Grabado en Brooklyn, 19 y 20 de diciembre de 2010. Enja




Invocation es un poderoso grupo que reúne algunos de los más brillantes instrumentistas del momento. Es también un nombre cuyo contenido espiritual recoge la tradición de la música india, en la que todos ellos, por afinidad biográfica como hijos de inmigrantes, formación tutelada con pandits o ambas a la vez, son expertos. Abassi es de Pakistán y según cuenta en Suno Suno (“escucha, escucha” en urdu, dialecto pakistaní) está interesado en llevar el qawwali y los ghazals (1) que cantaba su padre a la tradición musical del norte de la India. El encuentro arabo-pérsico e hindú, entre dos culturas y dos religiones, la islámica y la hinduista, se remonta al siglo XII (2) y significó un periodo de florecimiento de la música india (3). Abbasi plantea esta intención matizando los improbables lazos con el qawwali en cuanto a material instrumental (cantantes, dos harmoniums, percusión y palmas: Nusrat Fateh Ali Khan) y de contenido.

Lo que sí es cierto es que al igual que en la música india hay una correspondencia simbólica entre los instrumentos y su dimensión cósmica, celestial  o terrenal (sitar, tampura y tablas), Invocation, como unidad interior, distribuye las funciones rítmicas y melódicas en un trabajo que se percibe como orgánico e intuitivo pero también como un laborioso trenzado (bhairana: “guirnalda de ragas”) urdido desde un sólido planteamiento conceptual que vincula lo ancestral con el discurso más contemporáneo para evitar juegos de espejos anteriores. Menos repetitiva y más occidental que la música tradicional india, la de Abbasi es al mismo tiempo un ascenso y un regreso a la armonía (sadj, en referencia al swing) desde estudiados planteamientos formales.

Entre una precisión abrumadora y cierto barroquismo melódico rítmico, el espacio que hay en medio sería algo así como la música de las esferas

La configuración de un quinteto así plantea combinaciones que si, además, vienen matizadas por tradiciones no occidentales resultan altamente descriptivas. El piano de Vijay Iyer ejerce más figuras de cimentación rítmica-percusiva que melódicas, es precisamente su monumental sonido el que permite suspender los tiempos: la amplitud espacial es un bien preciado que hay que buscar aquí entre la frondosidad. Cuestión que junto con el juego de veloces unísonos lo podremos encontrar en el tema (la media es de 10 minutos) más completo y rico del disco, Overseas, donde la ornamentación floral (terrenal) se convierte en plegaria en suspenso (atmósfera) y la delimitación de los solos (regla general) se difumina en grados de acentuación más abiertos.  

Aunque Mahanthappa nos suene a Garbarek (Thanks for giving) y sea el que más empuje y efusión invierta, aquí no se producen las conexiones escoradas hacia lo oriental, vehiculadas por la improvisación desde distintos folclores, de las experiencias del noruego con Ustad Fateh Ali Khan o Zakir Hussain (con John McLaughlin a la guitarra, más indio que Abbasi si cabe). Dan Weiss continúa estudiando los misterios de las tablas con su gurú personal y ya hemos visto la originalidad con la que las incorpora (aquí no) en su trío (Thimsel), dentro de un uso del tiempo mucho más liquido que apremiante, como es este caso. Un groove de calado grueso (no a la manera de Trilok Gurtu), contundente y a la vez flexible (del funky al blues y camino incierto en medio en Part of one), le permite hacer énfasis y apurar espacio entre los vertiginosos cambios. 

Weidenmueller sorprende (casi se piensa que podría ser un bajo eléctrico) por su prodigiosa digitación y por la longitud que aporta en las modulaciones, ceñidas a la guitarra o al piano como a su piel. Abbasi es un guitarrista de sonido depurado y sin crispar que apenas usa la distorsión (sólo el pedal en Overseas) y cuya degustación melódica unida a cierta acidez en el vibrato, como se dice en su biografía, bien podría quedar encuadrada en timbre y fraseo por las personalidades de Ella Fitzgerald y Allan Holdsworth (Onus on us).

Entre precisión abrumadora y barroquismo melódico-rítmico, el espacio que hay en medio sería algo así como la música de las esferas.

(1)    Qawwali, palabra árabe cuya raíz qwl significa “decir”. Ghazâl, canto amoroso de posible procedencia mística.
(2)    El sufismo, y con él el qawwali, se introduce en la India a lo largo de este siglo y el siguiente a través de diversas órdenes, la más importante la liderada por Khwâja Muìn ud-Din Chisti y sus discípulos músicos.
(3)    Contrariamente a lo que se piensa, supuso un florecimiento en la época de  la India mogólica (Consideraciones sobre el significado de la Música India, Laurent Aubert pag.29)




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