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29 febrero 2012

CINE-THE ARTIST- El silencio y otras escenas

THE ARTIST
EL SILENCIO Y OTRAS ESCENAS

Hemos decidido postergar la publicación de este artículo hasta ver el resultado de los Óscar y así medir su alcance. Como se sabe, The Artist ha sido la que más galardones importantes se ha llevado, entre ellos a mejor película, mejor director y mejor actor. Se da la circunstancia de que la última muda que se llevó premios de esta categoría fue en el año 1928. ¿A qué se debe este fenómeno y cuál es la verdadera aportación del film a la contemporaneidad cinematográfica?

En primer lugar, The Artist no es por sí misma, como obra actual, ni un producto experimental, ni comercial ni mucho menos trasgresor. Tampoco es, respecto a su apuesta como cinta muda y en blanco y negro, acomodada y complaciente si tenemos en cuenta el lugar que en nuestras vidas lleva acumulado el audio, los colores, la animación y la tecnología digital. A esto se añade el formato de pantallas cada vez más pequeñas y la personalización a través de ellas de un ritual cada vez menos visitado como las salas de cine si lo comparamos, precisamente, con la etapa en la que el cine mudo brilló. Es justo en este punto donde reside la "originalidad" anacrónica de su mensaje, al que se añade, por fidelidad al género superado por el cine sonoro en la década de 1930, una historia y unos personajes ceñidos a ese periodo dorado y silencioso.


En sí la película francesa del director Michel Hazanavicius, primera europea que alcanza la estatuilla fuera de la sección "extrajera" de los Óscar,  no deja de ser una metáfora de nuestro tiempo, de una sociedad que atraviesa un periodo crucial de trasformación en el que ensalza y destruye mitos a gran velocidad. Esa transición crítica entre los cambios en una industria se traslada de este modo a la que vivimos en este momento traída nuevamente por la tecnología. La historia que cuenta The Artist, sencilla, amable, ingenua para los tiempos que corren, sirve de decorado para el regocijo nostálgico. Pero, si hablamos de nostalgia por tiempos pasados, ya en Cinema Paradiso se había tratado el pasado sentimental que dejan en nuestra memoria las imágenes de la gran pantalla y la trasformación que sufre el propio cine (como edificio incluso) al paso de la vida o la sociedad. 

     
         George Valentine (Jean Dujardin), de estrella a vagabundo

El auge y caída de una estrella de cine mudo ya habían sido magistralmente reflejados por Billy Wilder en el El Crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard,1955), debido a ello en su homenaje mudo Hazanavicius tuvo que reconocer el talento del cineasta austriaco con el óscar en la mano. George Valentine es una estrella de éxito del cine-espectáculo de la época que se resiste al cambio de formato. Pero incluso los héroes tienen los pies de barro, y de eso va The Artist. Interpretado por Jean Dujardin (mejor actor), Valentine no deja de ser un personaje muy popular entre el público masivo (el cine como escape del duro trabajo diario de muchos emigrantes que no tenían que leer ni escuchar un idioma que no dominaban) inspirado en Douglas Fairbanks. Su resistencia al cambio es lo que ha removido la sensibilidad en blanco y negro de unos académicos (de los óscar) que ven peligrar su propio estatus en un presente de IPads (Billy Crystal bromeó sobre su tamaño en la ceremonia). Encima, han tenido que venir desde Europa a recordarles el pasado de una industria (suya) de carne y hueso (hasta el perro), mientras los popes tecnologizados Martin Scorsese y Steven Spielberg han presentado  La Invención de Hugo y el año pasado Tintin (se espera segunda).


Todo es encantador cuando se mira al pasado del modo en que lo hace The Artist. La bella pizpireta que interpreta Bérénice Bejo, una tal Peppy Miller, de carácter y extraversión latinos, representa el sueño americano que llega a Los Ángeles para buscarse un hueco en el negocio de las cada vez más poderosas majors. Su enternecedor romance, contra viento y marea de la fama, con su ídolo (primero) y su protegido (luego), en su ascenso de actriz amateur a estrella femenina, da fuerza sentimental a la bonhomía general (particular en el caso del productor que encarna en uno de los cameos americanos John Goodman) de la que se nutre esta película para dar más énfasis a la añoranza.Y sí, tuvo que ser El Cantor de Jazz en 1927 (y aquí hay jungle music de Duke Ellington, ver-oir trailer) quien puso fin al cine mudo anunciando otra época que también parece tener ahora su fin, aunque, como nos enseña la propia historia del cine y así lo recupera el optimista final de esta película, todo fin anuncia un nuevo comienzo (comedia musical).

 Hasta Woody Allen en La Rosa Púrpura del Cairo elegió el cine dentro (que sale) del cine como historia, y en The Artist la vida de los personajes no escapan a su imagen silente en pantalla. Fundidos así en la ficción, este tratamiento en paralelo es uno de sus mayores activos narrativos. Pero por su profundidad literaria y riqueza de matices, Wilder fue más lejos en su prospección histórica y enfermiza al retratar a personajes como el de Gloria Swanson, otra estrella muda caída en desagracia para la mirada del  público, que tuvo un relevo digno en James Whale, autor de Frankenstein, en Dioses y Mounstros (Bill Condon, 1998).


No obstante, aunque sólo sea por el hecho del ejercicio técnico (plano-contraplano), por esas imágenes en movimiento que parecen instantáneas fotográficas, por esos felices y fugaces hallazgos de color y sonido que aparecen como accidentes, por esa ambientación y decorados que enmarcan la acción, por la música como elemento descriptivo (el vals y los tiempos ligeros para dar veracidad a los encuentros fortuitos y dinamismo a la comicidad de las situaciones y la expresividad de los gestos, las citas a Vértigo de Bernard Herrmann en las horas más  dramáticas del protagonista o también a la pasional melodía de Prepárense de Piazzolla, música idónea para alguien que emula al latin lover Rodolfo Valentino) y por unas interpretaciones ceñidas a unos modos y unos diálogos en realidad huecos (guión de hoy para hacer cine de ayer), merece la pena reivindicar el mensaje visual y emotivo que contiene The Artist.

 Con ella, además, el espectador que haya olvidado o que nunca se había puesto frente a una pantalla gris (generaciones), sucintos carteles escritos y música como sonido único, vive una experiencia que aunque no sea nueva se siente como tal. Ahí reside su grandeza y oportunidad.

Trailer Oficial The Artist

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