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02 enero 2012

OPINIÓN-Otro cuento de Navidad


OTRO CUENTO DE NAVIDAD


Se hace difícil conectar con el espíritu de navidades pasadas que late en las profundidades candorosas de un niño que hace ya mucho tiempo dejó de creer en los Reyes Magos: ahora toca creer en los tecnócratas… Bajo de la sierra de Cádiz hacia su costa para asistir en Chiclana a un concierto de versiones sobre villancicos. Incrédulo, me disculpo pensando que hasta el "radical" John Zorn y sus chicos han caído como copos de nieve en el manto comercial navideño…






Debe ser la crisis, o el escepticismo galopante que inunda mis pensamientos, pero caigo en la cuenta de que esta vez no he puesto villancico por jazz alguno. Desciendo lentamente de la sierra de Grazalema, en un interminable viaje en autobús, dejando atrás el intenso y siempre curativo contacto con la naturaleza. Hago balances y algunas cosas, pese a tanta crisis, me cuadran. Llego a la conclusión al pasar por Villaluenga del Rosario (tierra de un queso como el Payoyo de imparable prestigio) que si la tecnología del Ipad sirve para vender un producto artesano y de pueblo como éste, bienvenida sea la tecnología por más antagonista que se muestre la fría delgadez de su diseño de la belleza agreste de este paisaje rural hecho de piedra caliza y alcornoques. 


Suben unos niños en una parada sin señalizar del pueblo y empiezan a cantar Ya llegan los Reyes Magos. Los miro e intento sentir lo que ellos trasmiten, parece que sólo las mujeres pueden hacerlo. El vehículo se pone en marcha como si no tuviera ninguna prisa por llegar a su destino. Vuelvo la cabeza hacia la ventanilla para disfrutar de ese frondoso paisaje justo cuando el autobús gira a la derecha y deja a la vista, entre montañas, uno de esos pueblos blancos al fondo que brilla entre la tenue neblina que enciende este generoso sol de invierno.
Llego a Chiclana ya de noche, esperando otro tipo de villancicos. Me presentan al dueño del Ta`blao, un acogedor espacio hecho de la madera noble de los árboles de la sierra y de la gente que la lleva desde el pasado mes de octubre, con Juan J. Madrera y la cuadrilla del recordado y aún en activo –me corrigen- grupo Ea! En estos pocos meses no han dejado de programar música ni un solo fin de semana en este acogedor lugar situado a un paso de Conil y a  otro de la Isla de Camarón.

De ahí al lado, de San Fernando, también es Antonio Lizana, un músico de 25 años con más tablas que las que se pueden contar en este bar-asociación cultural del Ta`Blao. Jazzambomba, es decir, lo que vengo a ver, es un proyecto liderado por este joven pero muy curtido altoísta de estirpe flamenca y sangre parkeriana. Le pregunto de qué va todo esto y me dice que es una cosa que surgió de un día para otro. Pues sí, se editó en disco en directo el pasado 14 de diciembre desde el teatro Muñoz Seca de El Puerto de Santamaría, otro sitio de la zona en el que también se encuentran refugios para el jazz. Pero tú acabas de volver de Nueva York, le pregunto. Sí, he estado en octubre y noviembre, vuelves a casa por Navidad y, tú sabes… Antonio ha tocado en la Gran Manzana con la big band de Arturo O`Farrill, en una de esas salas enormes donde las bandas de swing y las latinas animaban a 3000 personas. Se le encienden los ojos al decirlo. Me dice también que ahora está por Cádiz pero que anda por Madrid tocando con la Afrodisian.  
                                                                              

Hablamos de la tierra, de los músicos de la zona, del jazz y el flamenco y del flamenco-jazz. Llegamos a la conclusión de que la figura del cantaor es fundamental y que de la capacidad para trasladarla a otro formato depende la originalidad. Oye, que yo soy de la tierra, le digo, pero como que el flamenco no es mi fuerte… En eso que me viene el recuerdo del Gaspar de Utrera, que en paz descanse. En una barra cualquiera, ya tarde y sin venir a cuento, en medio de un silencio incómodo, soltó un quejío a mi lado que me estremeció como si me hubiera atravesado por la mitad. ¿De dónde salía ese torrente de voz, quién le había conjurado? Inmediatamente me di cuenta que lo más parecido a aquella experiencia había sido al escuchar a John Coltrane por vez primera.

Antonio me da más detalles de su viaje. Un tipo de Cái en Nueva York, eso me suena, y sonrío para mis adentros…La imagen del primer disco de Chano (Domínguez), ese toro asomándose orgulloso a Manhattan. Y años después Chano y Wynton Marsalis en el Lincoln Center… Tampoco he escuchado el disco de villancicos del trompetista de Nueva Orleáns, me digo sorprendido. Antonio y yo seguimos hablando de los distintos proyectos, los más destacados, que han tenido al flamenco y al jazz como protagonistas… Jorge (Pardo), Marc Miralta… Tantos… pero se puede hacer más, apunta. Ah, y recuerda a Gerardo Nuñez en Cruce de Caminos, le digo. Le gusta ese proyecto y el New Flamenco Sound de Chano Domíguez, improvisación y composición… Perico (Sambeat) está en casi todas partes, le comento… El cantaor… Hablamos del saxo y de la voz, del folclore y del jazz e incluso de Jan Garbarek al quién admira… ¿Pero tú cantas flamenco? Sí, claro, me contesta con ese ceceo y desparpajo propio de los gaditanos.

Juan, el dueño del local, amablemente nos deja seguir ahí con nuestra charla, pero la sala ya está llena y no se pueden retrasar más. Han olvidado poner una taquilla y ahora deben ir mesa por mesa recaudando los 5 euros que se anunciaban en la entrada. Pienso para mis adentros que eso podría incomodar al público espontáneo y alguno arrepentirse de haber entrado, pero de allí no se mueve nadie y todo se resuelve con la misma espontaneidad y resolución con la que la gente de por aquí se sube al Falla en Carnavales. Juan insiste, y Antonio da indicaciones para que empiecen sin él el trío formado por Fernando Camas (guitarra), Alejandro Mayor (bajo) y Rafa González (batería), todos jovencísimos músicos de la zona.

Sin mediar palabra entre lo último que me respondió y la primera nota que sale de su saxo, el jazz y las canciones tradicionales de Navidad encienden la noche apelando a una memoria en la que los sueños infantiles tienen como aliados la destreza de los músicos, entre el calor habilidoso y travieso del saxo y la suavidad atemperada de la guitarra. Y en eso que los villancicos se aflamencan y el público reconoce el compás híbrido como suyo, o se desvían hacia el blues tomando impulso en el swing, o surge el lazo latino que tiene Cádiz con Cuba…Y qué más da escribir esta idea o esta otra, ocupar el lugar del analista…, lo importante es la memoria y los sentimientos colectivos, las cosas que nos unen. 

Hay una niña rubia que hiperactiva responde a la velocidad del fraseo de Antonio dando saltos de una mesa a otra, corriendo de aquí para allá. Me pregunto de nuevo si entiende estos raros villancicos, ya que la melodía central es un breve apunte que sirve de lanzadera a la creación del grupo y de recordatorio al final. Pero sí, la pequeña los reconoce y en cuanto las notas de Blanca Navidad, Jingle Bells/Fun Fun Fun, Campana sobre Campana o Los Campanilleros le son familiares, pega un rebrinco con la misma ilusión con la que se levantará de la cama la mañana de Reyes.


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