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25 enero 2012

THEO ANGELOPOULOS La eternidad como refugio



LA MIRADA DE THEO 

Theo Angelopoulos pertenecía a esa estirpe de directores europeos tan distintos de la que forman Andrei Tarkovski, Alexander Sokurov, Andrezj Wajda y nuestro Carlos Saura (dejamos al último Godard). Creadores que toman impulso en las raíces de su cultura para ofrecer una personal mirada que trasciende las fronteras. Murió atropellado por una moto (se dice que de un policía) mientras comprobaba exteriores para la película que estaba rodando, El otro mar, inspirada en la actual crisis de Grecia
...Y tenía que titularse El otro mar esta obra ahora inacabada, última alegoría en la vida de un creador que siempre vio al Mediterráneo como espejo, marco y horizonte de nuestra civilización, donde se pierden las miradas de sus personajes, miradas teñidas de una leve esperanza o acaso una profunda melancolía. 



 Marcello Mastroianni en The Bee Keeper

Su película más conocida en España fue, sin duda, La Mirada de Ulises. Angelopoulos fue un cineasta preocupado por los conflictos de su tiempo, sean sociales, bélicos o estén íntimamente ligados a las circunstancias del individuo con trasfondos de soledad. Esta película sitúa al personaje interpretado por Harvey Keitel (otras colaboraciones internacionales anteriores serían las de Mastroianni y luego Bruno Ganz en La Eternidad y un día o la más reciente El Polvo del Tiempo con los anteriores más Willem Dafoe) en la búsqueda de la "primera mirada cinematográfica de Los Balcanes", justo cuando se desarrollaba el conflicto en esa área (alrededor de 1995). 

De nuevo, como hiciera el director griego en Paisaje en la niebla (1988) y diez años más tarde en La Eternidad y un día bajo temáticas distintas, construye una alegoría sobre un viaje (odisea) de un personaje que se dirige al corazón de unas tierras de pasado convulso y de futuro incierto, pueblos que asisten a la caída del telón soviético. Desde Grecia, pasando por Albania, Bulgaria hasta llegar a Sarajevo, La Mirada de Ulises nos introduce en la historia de esta zona y reflexiona (siempre desde una visión retrospectiva que llega al presente de sus protagonistas) sobre el cruce de civilizaciones y culturas. 


Grupos de personas se diseminan en el paisaje rural o urbano (manifestaciones en las calles, como ahora), gente errante entre fronteras reales o invisibles en un encuadre abierto y sostenido, forman parte de la expresión, entre silencios y contemplación, de unos planos secuencia de una duración que nos puede resultar excesiva y cuya lentitud sentida queda dramatizada por la música de Eleni Karaindrou

En una exposición narrativa más espesa y asolada, sin que fuera de esperar, estaría su colaboración con Marcelo Mastronianni en The Bee Keeper. Pero, pese a que sus detractores tilden de ampuloso e intelectualoide a su estilo, Angelopoulos manifiesta una aguda perspicacia histórica en sus películas, como confirma la actualidad. 


En Paisaje en la niebla subraya el hecho diferencial que hoy se pone de manifiesto en la Europa de dos velocidades, la de los inmigrantes. Desde Grecia hasta Alemania, a través de la búsqueda, a través de un camino lleno de experiencias dolorosas que los sitúan ante los muros de la realidad adulta, una niña y su hermano menor siguen la pista de su padre, un inmigrante

La reivindicación de la historia, la música, el amor, la cultura y la costumbre son elementos que expresan la necesidad que tenemos los seres humanos de entendernos
(La Eternidad y un día...)

Viaje que anticipa uno aún más elocuente en cuando a que es de iniciación como fue el que le unió a Keitel (con quien mantuvo relación con los años) en La Mirada de Ulises, donde, inolvidable ese largo plano, una estatua de Lenin es trasladada por río como icono del pasado que deja correr su influencia en la pantalla mientras gentes, entre frontera y frontera, arquitectura (esa plaza fría de Tirana) y campos buscan otra tierra de esperanza dejando atrás ese pasado.


La reivindicación de la historia, la música, el amor, la cultura y la costumbre son elementos que expresan la necesidad que tenemos los seres humanos de entendernos (La Eternidad y un día).Paisajes de fría naturaleza, cruce de historias personales atrapadas en sociedad, separadas por un río o un mar, de colores apagados y en esfumato, vidas inspiradas en historias situadas entre el costumbrismo y el existencialismo, con un observador como protagonista y un telón de fondo: El Mediterráneo.


El Polvo del tiempo (The weeping meadow)


Paisaje en la Niebla (Landscape in the Mist)

                                                                            Eleni

MúsicaEleni Karaindrou en ECM

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