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06 diciembre 2011

Opinion-DESAPRENDER


DESAPRENDER

Bien pensado, resulta hasta gracioso que sea precisamente un banco el que use para su campaña publicitaria un término de neurociencia, como sacado de un programa de Eduardo Punset, que apela a replantearse lo consabido. Tendremos que ir acostumbrándonos a situaciones “anómalas” mientras “el sistema” reajusta sus “excesos”... La cultura, limitada por necesidades más apremiantes, tendrá que echar mano de la autogestión.                     

Se habla de refundar Europa, quimera política que ahora también parece ser monetaria, poniendo en tela de juicio algunos de sus fundamentos de desarrollo económico, social y cultural que nos distinguían de los liberales con los que se ha construido los EE.UU. Liderados por el eje germano- francés,  los PIGS, ahora llamados eufemísticamente “países periféricos” – ¿periféricos del origen de Europa o del Banco Central Europeo?-, tendremos que revisar algunos de nuestros modos de vida –subida de impuestos, recortes salariales y bajada de pensiones- para poner orden donde hubo despilfarro, mala gestión, corrupción y necedad. Como consecuencia de todas estas medidas de austeridad, los presupuestos y subvenciones hasta ahora dedicados a Cultura o a Investigación científica –obviemos de momento la discrecionalidad en sus concesiones- se verán perjudicados por esta reestructuración. Hemos tenido ocasión de ver dos ejemplos de cómo ha afectado esta crisis a la última edición del Festival de Jazz de Madrid, tiempo atrás en exceso generos en ofertas pagadas con dinero público y hoy dependientes de la entrada por caja del concierto, pero también, y muy al contrario, lo que nos ofrece el de Guimarâes.

Que se hagan ajustes en política fiscal –por no llamarla subida de impuestos- inducidos desde París o Berlín, pasando por Bruselas, no nos debe hacer perder de vista la responsabilidad que está detrás de ese hecho diferencial “de varias velocidades” entre la solidez de su economía (con mucho menos desempleo, recortes en el bienestar y presión impositiva sobre la población) y la debilidad de la nuestra. La intervención de Portugal y Grecia y la peligrosa crecida de la prima de riesgo de Italia y España han tenido como consecuencia inmediata cambios de gobiernos, ya sea por las buenas –urnas en Portugal y España- o por las malas -en Italia y Grecia-.  Esta crisis, no nos engañemos, para lo que ha servido, al menos para el ciudadano de a pie y no sólo por la catarsis que conlleva, es para darnos cuenta de la ineptitud –y de los privilegios- de la clase política, y no sólo de la española: sigan el rastro por el último decenio y por otros países. Y sí, los latinos tenemos un carácter que afecta a cómo hacemos las cosas y, por supuesto, a la hora de elegir a nuestros dirigentes. La mala gestión se va a resolver apelando a la eficacia de los tecnócratas, que también lloran (ministra italiana de trabajo).

 Los economistas, cuyos infalibles indicadores no alcanzaron a diagnosticar la evolución de la crisis -si se disipaba, agudizaba o entraba en recesión-, echan la culpa a los políticos por no haber hecho caso de sus recomendaciones, preocupados por no perder su cuota electoral. El sistema financiero -los bancos- reparten la responsabilidad entre la sociedad y los gobiernos, que han conseguido que sean sus ciudadanos los que compartan la falta de liquidez de aquéllos -mientras sus directivos se jubilan con pensiones millonarias- para al final no fomentar el préstamo como salida única a la inversión. Tras el desaguisado político y su tendencia a monopolizar todos los poderes mientras culpan a esos enemigos invisibles que son los mercados, que a su modo monopolizan nuestras necesidades incluidas las culturales, llega la hora de los técnicos: Italia señala ese camino y el pueblo acepta la dureza de los planes.

Si la cultura y el arte deben ceder protagonismo presupuestario en favor de la educación, la sanidad o las pensiones, es decir, segmentos de primera necesidad, la imaginación y la creatividad tendrán que aliarse con la autogestión y no esperar el favor político apelando a su buen criterio, por oportuna o interesante que sea la oferta. Y puesto que se habla de crisis profunda de valores, habría  que recordar a nuestros dirigentes (locales, autonómicos y nacionales) que la sociedad no sólo tiene necesidades materiales que cubrir. Como escribió Daniel Beil en una cita que recoge Chistopher Small en su fundamental y preclaro Música Sociedad Educación: “Las ideas y los estilos culturales no cambian la historia…no de la noche a la mañana, al menos. Pero son un necesario preludio al cambio, puesto que un cambio de conciencia, un cambio en los valores y en el razonamiento moral es lo que mueve a los hombres a modificar sus ordenamientos e instituciones sociales.” Small añade: “El arte, la educación y la sociedad avanzan como si cada uno tuviera una pierna atada al otro”.


Para des-aprender hay que analizar crítica y comparativamente lo adquirido, tener perspectiva. “El problema con los Estados Unidos, con la excepción de Nueva York, es que nadie sabe nada del resto del mundo, y el otro problema es que no hay dinero para la cultura y todo es privado; y lo peor es que esta situación está llegando a Europa ahora. Cada vez tenemos menos derechos y la cultura es un bien que nadie protege, ¿para qué? En pocos años vamos a vivir como los americanos”. Esta declaración de Louis Sclavis, en una entrevista realizada por Chema García Martínez en Cuadernos de Jazz en 2006, resulta hoy más ajustada a la realidad de lo que quisiéramos. 

La cultura así vista como un producto de consumo, sin una mediación pública que equilibre las diferencias del mercado, asegure su construcción desde una educación plural y promueva convenientemente, y no frívolamente, su divulgación. Si los técnicos se hacen con los mandos del gobierno, también se hará necesario que en cultura sean profesionales los que gestionen los pocos recursos con los que se cuente. Al menos en lo que a jazz se refiere, Portugal, por más periférico que sea, nos puede enseñar a desaprender.


© Cuadernos de Jazz, diciembre-2011 





Ricardo Muti, el pasado mes de marzo en Roma, señalando el perjuicio que la zafiedad de un político ha causado a su país y reivindicando el peso de la cultura italiana en la Historia, porque si no, como se dice en la popular canción de Verdi Va´Pensiero...Italia verdaderamente estará "bella y perdida". Muti, refiriéndose a su apellido, no puede permanecer por más tiempo callado...          "Viva l' Italia", gritan desde el público...
 "Sono molto addolorato per ciò che sta avvenendo, non lo faccio solo per ragioni patriottiche ma noi rischiamo davvero che la nostra patria veramente sarà ‘bella e perduta". 
But, as we are in house, quite at home, let us speak together.






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