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08 noviembre 2011

TOM WAITS, cuando fuimos malos

TOM WAITS Cuando fuimos malos
Bad as Me
Epitaph, octubre 2011

No todo el mundo puede decir que, a medida que pasan los años, todo lo que hiciste un día a contracorriente se vea reafirmado de forma masiva. Él mismo lo reconoce en una entrevista que concedió a su cineasta-amigo Jim Jarmush (1). Quien sepa de Tom Waits desde la década de 1980 (segunda y definitiva etapa creativa) se sorprenderá de la dimensión e influencia que ese tipo de voz desgarrada y llena de recursos ha alcanzado. 


Nada de lo que viene haciendo en los últimos tiempos Tom Waits ha superado aquél directo Big Time (1988), disco de título premonitorio para su forma de vida. Nada tan original como aquello, que significó el colofón a la irrepetible triología que empieza con Swordfishtrombones (1983-85-87), con las tres obras que sucedierona Heart attack and vine (1981). 




Tan sólo más variaciones con repetición, quizá algún pequeño hallazgo en esta cuarta etapa que se inaugura inmediatamente después de Orphans (2006), tras dejar atrás esa tercera que unen los 90 con el 2000 en episodios aislados que profundizan en el legado de Frank`s Wild Years como The Black Rider (1993) y separa su larga despedida de Island Records de su aterrizaje en Epitaph.

 “Dónde estás, quién eres? En la música popular la palabra clave es popular, y popular normalmente se refiere a algo muy temporal; si eres popular, ya siempre serás popular”.
 Tom Waits



El 27 de Abril de 1999 aparece Mule Variations en este sello “independiente”, especializado en grupos punk y rock. Un año antes, a modo de despedida comercial, publicó el recopilatorio Beautiful Maladies. En Mule Variations (título inspirado en la supuesta terquedad de “mula” que Katheleen Brennan, desde hace tiempo productora de sus discos, asocia a su marido) vuelve a colaborar con los músicos que le acompañaron en la trilogía Swordfish (Greg Cohen, contrabajo, Marc Ribot, guitarra, Ralph Carney, metales), amplía la plantilla instrumental e introduce un elemento que llega hasta Bastards (uno de los tres discos que conforman Orphans): la armónica incisiva y distorsionada de Charlie Musselwhite

Alice y Blood Money son un disco de dos caras entregado por separado en el que gana la descripción dramática de Alice, donde resalta la incorporación de violines, trompetas y clarinetes. Pese a publicarse ambos en 2002, son una recopilación de composiciones escritas para los teatros musicales (la época de The Black Rider) Alice in wonderland y Woyzeck, dirigidos por Robert Wilson en 1992.

El escenario que plantea Waits en Bad as me es fronterizo a México, por las guitarras acústicas y ese ritmo acompasado y cansino. En ocasiones, evoca el visionado de  Marlene Dietrich con el sonido de pianola y el cartel de “toros en Ronda” en Sed de Mal.


Real gone (2004) significa un giro hacia la guitarra y un sonido garage con texturas arcaizantes y ritmos más agresivos de blues-rock.



El mundo surrural -surreal y rural- habita en Orphans (Brawlers, Bawlers, Bastards, 2006), desafío que rivaliza con la trilogía Swordfish y toda la variedad de estilos que en aquélla se barajaban, aunque con una afinidad por el ruido, la materia y los colores tierra. Esa declaración abierta al melodismo (matizado ya en Alice), los espacios de lirismo crepuscular de los setenta y las alusiones revisadas de la trilogía de los ochenta (como decíamos, envejecidas)aparecen diseminadas por esta antología repleta de blues primitivo, elegías espectrales y sonido subterráneo. 


La portada de Bad as me recuerda a la de Bone Machine (1992) y otras fotos publicitarias, sentado en un buick, a la contraportada de Blue Valentine, sin Ricky Lee Johns…Antes resultaba difícil llegar a Tom Waits, ahora es él que viene a ti “personalmente”, mensaje que resume el vídeo promocional de este disco (ver abajo), el primero en estudio tras Orphans. A más negocio más neurosis por el saqueo digital… El cantante ha ganado varios pleitos sobre derechos de autor y se sabe que defiende con celo cualquiera de sus movimientos en el mercado. 

Sale al mercado su último disco y Waits se inventa una extraña campaña. Para alguien que se prodiga poco en los escenarios (decepcionante el directo Glitter & Doom, 2009), entendemos que su promoción fuera de ellos es fundamental antes de sucumbir a la piratería.  




Tom Waits se sitúa en su triple disco Orphans ante un cruce de caminos alrededor del cual, debido a la dimensión de su fuerza gravitatoria, los demás trabajos tienen el brillo de los cometas



Bad as me llega con polémica y supone un acontecimiento mediático que se presenta con el corte más vendible de su estilo, con esa robustez de ritmos sincopados, percusión, metales y voz poseída


En un enfoque general, en Bad as me los perfiles se han suavizado y el número de instrumentos (por los que se sitúan en segundo plano) ha aumentado. El piano también tiene una presencia no dominante pero distinta, distraído y disonante pero también en consonancia melódica; en cambio la guitarra de Ribot sigue ahí, cortando el aire con su voz afilada y asimétrica, y la armónica con sus frases largas y distorsionadas. Los metales, mucho saxo barítono, empujan y se doblan desde los registros más graves. El escenario que plantea Waits es fronterizo a México, por las guitarras acústicas y ese ritmo acompasado y cansino. De hecho, en ocasiones, evoca el visionado de  Marlene Dietrich con el sonido de pianola y el cartel de “toros en Ronda” en Sed de Mal.

La seducción del jazz humante, con ese teclado confidente, el bajo anclado en el bar y una guitarra eléctrica amiga recuerdan a Blue Valentine, qué tiempos aquellos cuando fuimos malos…
Enérgico, Chicago tiene cierto pulso jazzístico que respaldan las frases cortas de los metales dentro de un original swing con voz retorcida. En realidad no es más que un apunte repetitivo. En Talking at the Same Time la voz adopta un tono agudo poco frecuente en esa lírica con piano de salón y respiración balcánica y sucinta de metales, recuerda a Night On Earth sobre todo la guitarra. Get lost es puro rockabilly en plan Real Gone salvo por los acentos de los metales (interesante). Face to the Highway tiene el tiempo de road movie, las campanas y ese lento caminar con percusión hecha con el golpeo de botas en el suelo (ya oído en The Black Rider), que adopta un cariz distinto con el violín, una pieza situada en el corazón de la música más lírica de Tom Waits y a un paso más allá. 

En Pay me vuelve el imaginario irlandés de nanas con guitarra acústica y acordeón, aunque lo que lo hace algo más original son las bandurrias y el violín, que le dan un aire refinado que termina, de nuevo, en un piano con sonido de pianola. Back in the Crowd es el country amable cercano a la frontera mexicana. En Kiss me recupera su estética de los 70, la seducción del jazz humante, con ese teclado confidente, el bajo anclado en el bar y una guitarra eléctrica amiga...como en Blue Valentine (1978), qué tiempos aquellos cuando fuimos malos…

(1) pag 195 TOM WAITS, Conversaciones, entrevistas y opiniones. Mac Montandon. Global Rhythm.
                             

                                         


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