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22 octubre 2011

URI CAINE TRIO- concierto


URI CAINE TRIO


Música en el Picasso
Combo Jazz, 10 junio de 2011


Sabido es que está en un periodo en el que la estela clásica parece ir mitigándose -sin desaparecer-  mientras que los proyectos de jazz, propios y ajenos, aclaran el campo de visión en la agenda futura del músico. Por otro lado, el disco casi sin desprecintar en Winter & Winter al frente de este nuevo trío y la presencia de John Hébert como la incorporación más destacada en él resultaban puntos de atención añadida que se vio mermada por la sustitución de éste por un Marc Helias resuelto y bien tensado pero falto del toque inquisitivo de Hébert. Ben Perowsky completa el trío en una posición que viene ejerciendo junto a Caine aquí  -y dentro del quinteto de Dave Douglas-  desde el Live At the Village Vanguard (2003), acompañado entonces al bajo por Drew Gress.



Escojamos este trabajo discográfico anterior como base comparativa de dos momentos alejados ocho años. Hay elementos comunes en una estructura flexible en la que se recogen standards (NefertitiCheek to Cheek) y originales con varios focos de atención que apelan al excelente arreglista que es, cuestión también expresada, aunque de manera más libre en sus puentes, en sus conciertos a piano solo. Pongamos por caso los ejemplos de temas clásicos aquí elegidos, pivotando en una primera parte del concierto sobre On Green Dolphin Street y un bis final con Cheek to Cheek para en medio, y en el mejor momento del mismo, intercalar dentro de la propia Hazy Lazy Crazy (justo en el tercer adjetivo) una muy intensa, veloz y ahora más desgajada versión de Nefertiti (Helias aguantó bien la energía que pedía). 

Temas de épocas distintas, estilos casi antagónicos que en las habilidosas y saltarinas manos de Caine cobran un sentido diferenciado y audaz: dentro de la forma y a la vez fuera. Cuestión que recuerda, pese al impulso contemporáneo que les imprime, a cierta condición al menos deudora de ese carácter de virtuoso pianista, en la tradición del Tin Pan Alley, que hace disfrutar al auditorio que paga por escuchar canciones y al tiempo le exige una escucha reflexiva para asimilar nuevos giros dentro la música popular (de Gershwin a Hancock).


La cita tuvo un comienzo desconcertante, un discurso elusivo a tres a bandas que nada hacía pensar -o quizá sí- en una puesta a punto para el recién llegado Helias, con el que, se nos dijo luego, Caine ya había coincido en varias ocasiones. El blues y el funk (de Hank Mobley a Herbie Hancock) aparecen nítidamente, demostrando que el presente del autor sigue conectado a sus primeros tiempos de carrera, el uno como esencia que se asienta en el momento más inesperado dominando el curso melódico y el segundo con Fender Rhodes y groove (aislados en su recuerdo a Donald Rumsfield…) como ramificación estética de sus apetencias en el Bedrock. Pero también hubo samba-bossa, recordatorio de ese proyecto fallido que hizo en Brasil que con lo anterior apuntado le facilitó el acercamiento al público.

Entre breves secciones con tratamiento baladístico -introducidas por él al pisar el pedal y espaciar el sentido melódico- en On Green Dolphin Street y la desfiguración que ejercen sus clusters -también apoyándose en el pedal aunque de forma más turbulenta para Nefertiti- en perfecta sintonía con la rítmica cortante y proteica de Perowsky (On the Sugar from My Sugar and the Sugar Is Sugar for Me), el programa del concierto, como la intensidad de su música, desarrolla un discurso en el que la organización previa que sirve para integrar diferentes motivos se naturaliza espontáneamente en un gesto de genio.


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