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07 octubre 2011

ROBERT ASHLEY Conversaciones virtuals (TV operas)



CONVERSACIONES VIRTUALES


Su legado es uno de los mejores ejemplos de la creación interdisciplinar que surgió en la segunda mitad del siglo XX en los EEUU. Sólida, compleja y avanzada conceptualmente, sugestiva en su argumentación, innovadora en el contexto en el que desarrolla, la obra de Robert Ashley (Ann Arbor, 1930) pertenece, desde la independencia, a toda una generación de músicos americanos surgida a mitad de los 60 entre el movimiento Fluxus y la escuela minimalista. Efectivamente, su producción, asociada a la ciudad de Nueva York y continuista de las de Colon Nancarrow, Harry Partch, John Cage, Alvin Lucier o La Monte Young, es ajena a la tradición europea.



Descreído del interés por sus composiciones instrumentales, Ashley llega a la voz, a la música vocal, como vehículo de expresión para el entendimiento. No hay nada parecido (excepción aparte de la inspiración que ejerció su obra en Laurie Anderson y cierto pop de los 80) a su expresión oral, entre declamaciones y musicalidad. La voz está hecha de resonancias hiladas en una cadena tántrica de mensajes persistentes (She was a visitor, 1967), como ritmo monótono que parece quedar suspendido entre reflejos y cortinas electrónicas teñidas de melancolía.

Ashley perturba el acto de escucha de la forma narrativa que conocemos, exponiendo un tema que se desarrolla en un terreno discursivo móvil (cuatro intérpretes,“cuatro caminos”, atados a unos micrófonos en The Wolfman, 1964), lineal (creciendo en intensidad en un argumento filosófico de acentos torcidos en inglés y español en Yellow Man with Heart with Wings, 1974) o poliédrico (donde el presente de sus personajes, como en una crónica novelada, es fruto de un efímero y extenuante planteamiento informativo que concluye en interrogantes electrónicos en Your Money my life, goodbye, 1999).



Me obsesioné con la idea de por qué la gente habla sola en voz alta y qué límite tiene una acción tan privada que la hace tabú

De este modo, los personajes son protagonistas aislados de su propia historia, testigos de la misma acción narrada sin más interpretación que la lectura dramatizada de los textos. Aunque reciban respuesta, ésta queda anulada por el flujo de conciencia de cada uno, por el hecho de ser un pensamiento verbalizado. El diálogo entre los personajes no es sino un monólogo cruzado e improvisado en un teatro espacial

La culminación de este trabajo de exploración de voz, electrónica e imagen (los templates, o moldes, se sirven de la subjetividad emocional sobre la que se construye las figuras visuales y la estructura musical) y sobre todo narrativo (las stories vienen marcadas por la velocidad del inglés y cierta simbología en la que se desenvuelven y expresan sus personajes) necesitaban de un espacio escénico distinto al de la ópera. Espejo de la sociedad, nada menos lineal y más multidireccional que el medio televisivo, electrodoméstico de la in-comunicación. 

El epicentro creativo de este planteamiento denominado teleóperas se desarrolla a mitad de los 80 en tres obras que versan sobre la identidad americana. Mito, conciencia, cultura y religión, asimiladas de Europa, siembran y recorren de Este (Atalanta) a Oeste (Now Eleanor`s Idea) pasando por el Medio-Oeste (Perfect Lives) los Estados Unidos.


Celestial Excursions (2005) y Dust (2000) son sus dos últimas óperas, ambas registradas en directo desde el célebre centro cultural The Kitchen de Nueva York y han sido publicadas en su propio sello Lovely Records. El fenómeno de “hablar en público” sostiene un discurso polifónico en ambos trabajos. El mensaje parece quedar en un suspenso temporal arropado por una música de ambientes envolventes y cálidos, más frondosa y rica en matices en Celestial Excursions, aunque más lírica en las voces en Dust




El conjunto vocal, instrumental y de difusión electrónica lo forman sus colaboradores habituales. En la interpretación (lectura dramatizada en inflexiones y acentos líricos, de recitativos y canto), las expresivas y exquisitas voces de Jacqueline Humbert, Thomas Bruckner, Sam Ashley, Joan La Barbara acompañan a la suya propia en este cruce de espejos. Tom Hamilton le ayuda en la orquestación electrónica, mientras que Blue ‘Gene’ Tyranny deja los teclados de Dust para sentarse al piano y sembrar de detalles impresionistas de blues y jazz cada rincón de este pasaje espacial y solitario.            

                                     

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