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29 agosto 2016

JOHN ZORN & THE GNOSTIC TRIO (Carol Emanuel, Bill Frisell, Kenny Wollesen)

John Zorn
The Gnostic Trio 
 Carol Emanuel: arpa, Bill Frisell: guitarra, Kenny Wollesen: vibrafono, campanas. 

Tzadik



La ingente producción discográfica de John Zorn tuvo un momento significativo a finales de los años 2000. Parecía que el proyecto MASADA, tras casi 15 años intensos de trabajo sistematizado que dio lugar a otros satélites, cedía en algo nuevo, una evolución que mostraba una sensibilidad más relajada e introspectiva. Con esa actitud impulsaba nuevamente un autoreciclaje de ideas y fórmulas instrumentales que habían tenido como máxima expresión al Electric Masada (2005), excepcional conjunto luego llamado The Dreamers que llegaría con acentos lounge hasta O´o en 2009.

Tomada esa dirección desde distintas publicaciones, Zorn daba cobijo a una expresividad más onírica y bucólica. Lo consiguió adelgazando la corpulencia instrumental y la contundencia del mensaje. Oasis de esta belleza floral y sugestiva que se anuncia a comienzos del 2010 ya habían sido ofrecidos de manera sintética y efímera en las series Film Works, aunque de forma más voluptuosa en Filmworks XXI: Belle de Nature/The New Rijksmuseum (2008).

En este contexto de una uniformidad expresiva más frondosa y contemplativa, revestida también de cierto misticismo, surge el Alhambra Trio (con Rob Burger piano, Greg Cohen bajo y Ben Perowsky, batería, formación clásica abierta a invitados), proyecto que daría lugar a dos obras señaladas: Alhambra love songs e In search of miraculous (2010) en los que ya hay una combinación de piano y vibráfono. Justo después de ellos aparece The Goddess Music for the Ancient of Days (2010), precedente directo que tenía como inspiración el evocativo mundo de la mujer y de la mística. Ambas ideas son reflejadas fielmente en el Gnostic Trio por un instrumento: el arpa. 

John Zorn se inspira en el evocativo mundo de la mujer y del esoterismo arcaico uniendo arpa, vibráfono y guitarra. El Gnostic Trio (Carol Emanuel, Bill Frisell y Kenny Wollessen, arriba en la foto) estrena su quinto trabajo
Con la clara pretensión de concitar ambientes voluptuosos y evocadores, de alturas y timbres ondulantes entre el sonido ensoñador, femenino y circular del arpa de Carol Emanuel, el palpitar resonante de campanas y vibráfono y un sonido de guitarra más dúctil y suave, sólo faltaba unir en un nuevo contexto a dos colaboradores que se conocían a la perfección. Kenny Wollessen prácticamente ha dividido su trabajo en el último decenio como colaborador de los proyectos de Zorn y de los de Bill Frisell. Para los primeros tocaba casi exclusivamente el vibráfono, con en el segundo era su batería oficial y en contadas ocasiones también vibrafonista. 
The Mockingbird (Tzadik, mayo 2016) es la más bucólica de la serie que ya alcanza 5 trabajos con este trío. El titulo nos da pistas sobre un motivo que se aparta de los demás. El mockingbird es un ave de color pardo-grisáceo que habita en América del Norte (y otras regiones más al sur). Lo característico de este animal es su canto, melodioso y muy variado en matices y tonos, tanto que puede imitar al de otros pájaros. Tenemos pues un contexto claramente campestre y primaveral, se diría, con esos arpegios repetitivos y circulares del arpa reforzados en unísonos con el vibráfono  y la explicación en paralelo que recae en la guitarra: regla y sello de este grupo. Las músicas se atraen, el bucolismo del medio oeste de Frisell y el más místico y surreal de Zorn. 



 John Zorn
Hay autores cuya obra dinamita las fronteras de la especialización musical. Autor insaciable, sistemático, posmoderno y riguroso, ha ido creando nuevas vías de expresión partiendo de otras preexistentes haciendo crecer su área de influencia en las vanguardias de manera exponencial. Con una persistencia creativa que va acompañada de una capacidad productiva ilimitada, su mensaje cabalístico se reparte en infinidad de proyectos que sirven de plataforma para otros músicos. El Gnostic Trio recupera a uno de sus músicos predilectos: Bill Frisell 




Transmigration Of The Magus
(2014) 

Obra realizada en homenaje a Lou Reed tras su muerte, este trabajo reúne al Gnostic trío con tres colaboradores más: John Medeski al órgano y el reforzamiento en arpa, campanas y vibráfono de Bridget Kibbey y Al Lipowski. La profesión budista del célebre músico hizo que su amigo Zorn le deseara con este disco un feliz paso por el bardo, el camino de transición entre la vida y el Nirvana para los budistas.

Aumentando la distorsión de su guitarra e introduciendo sus típicos velos eléctricos, el sonido de Frisell se hace más presente en un enfoque de mayor interacción colectiva en el que resulta decisivo el sugerente empuje que trae el órgano de Medeski. Contemplativo y también seductor, etéreo y carnal, este encuentro dedicado a Lou Reed renueva las ideas para las que nació este grupo.



In Lambeth: Visions from...
         2013 (diciembre)

También figura entre nuestros preferidos éste. Disco con personalidad propia, muy variado en motivos melódicos, mantiene canales de expresión y duraciones con los demás pero resulta más abierto en la forma y en el diálogo a trío, dejando más espacio entre las partes, posibilitando la recreación de sonidos y timbres (pedales Frisell) y estando, en resumen, menos encorsetado a un modelo de canción de los "masada books". Agradable, cercana y positiva, más repetitiva y pop por momentos, la música que contiene In Lambeth, Visions From The Walled Garden Of William Blake se desmarca del resto de trabajos y quizá por ello sea el mejor. El sombrío y enigmático poeta romántico William Blake inspira una música estimulante, refinada y contagiosa. 




Bill Frisell
Colabora con John Zorn desde 1986-7 a su regreso a Nueva York desde Europa, donde grabó bastante en ECM y participó en algunos grupos como el de Jan Garbarek. Su sonido e inquietudes giran de rumbo al entrar en contacto con la efervescencia creativa y el cóctel sonoro del genial saxofonista judío. El juego colectivo de Cobra (donde el guitarrista ya coincide con la arpista Carol Emanuel), el pastiche-western enThe Big Gundown, el memorable trío News for Lulu, pero sobre todo el influyente grupo Naked City sellan una relación de proyectos que se renueva con el Gnostic Trio en 2012.

Hemos dejado en último lugar tres publicaciones que creemos guardan cierta afinidad. Hay que decir que en estos 6 volúmenes realizados en escasos 3 años -la voracidad de Zorn puede resultar excesiva- encontraremos argumentos y situaciones en las que ya hemos estado. En esta reiteración de la fórmula basada en los Masada Books, donde se perfila con claridad la letra escrita de John Zorn, hay momentos en los uno espera escuchar a Marc Ribot, pero, finalmente, Frisell acaba haciendo suyo el contexto pese al sonido conquistado por aquél en los proyectos de Zorn. Remarcar que estos tres títulos, más definidos por su sentido acústico, mantienen vínculos con la serie Book of Angles en este mismo sello.





Testament of Salomon (2014)                               The Mysteries 2013 (marzo)

     
   THE GNOSTIC TRIO
El gnosticismo judío forma parte de un antiguo esoterismo ligado a la Cábala que promulgaba una cosmovisión sobre el origen del espíritu del hombre. El soplo de Dios, el hálito vital trasmitido en el Edén, confiere a la criatura terrenal conocimiento y espiritualidad. Los gnósticos buscan la transcendencia lejos del mundo material. Este es el nombre que Zorn le ha dado a un grupo que produce un sonido onírico y bucólico, con una seducción aparentemente frágil no carente de misterio 
           

The Gnostic Preludes 
 2012



John Zorn & Electric Masada & Masada
Bill Frisell en Noiself

The Gnostic Trio albums 

1.-The Gnostic Preludes (
2012)
2.- The Mysteries (
2013)
3.-In Lambeth: Visions from the Walled Garden of William Blake (2013)
4.-Testament of Solomon (
2014)
5.-Transmigration Of The Magus (2014)
6.-The Mockingbird (2016)


Discografía de John Zorn en Tzadik por Distrijazz España/Portugal














26 agosto 2016

FRED LONBERG-HOLM Valentines

FRED LONBERG-HOLM VALENTINES


El violonchelo es un instrumento asociado a una elegancia clásica de la que emana un lirismo amplio, elevado y poético. Afincado en Chicago, procedente de la prestigiosa Julliard School, Fred Longberg-Holm podría presumir de escenarios de etiqueta y en cambio lo hace de situaciones underground. El motivo de ello es una inquietud por extraer todos los sonidos a su instrumento y no ceñirse a estilo musical alguno, dejando a un lado los formalismos (se define como anti-chelista) o cualquier restricción como intérprete a través de su faceta como improvisador. De su producción rescatamos este epistolario en tres entregas que fue Valentine, dedicado al primer chelista de jazz, de los años 50 y 60, Fred Katz.


Ya desde los años 90 del pasado siglo se llevaron a cabo interesantes y destacados proyectos que han ido haciendo visible el música de cámara en grupos de jazz. Bill Frisell, Dave Douglas Five, John Zorn con sus distintos Masadas en Bar Kokhba y String Trio, desde Europa el sobresaliente Napoli`s Walls de Louis Sclavis  ponían énfasis en un esquema de cámara híbrido-sin-piano que ha devuelto protagonismo a instrumentos como el violonchelo. 


Fred Lonberg-Holm, músico curtido en las afueras del jazz y en una ciudad tan abierta a estilos como Chicago, rinde un poético e inconfromista homenaje en el tríptico Valentine al primer violonchelista de este género: Fred Katz 

Fred Lonberg-Holm (Delaware, 1962), que se formó con algunos de los más influyentes autores de la vanguardia americana de la segunda mitad de siglo XX como Anthony Braxton, Morton Feldman, Bunita Marcus o Pauline Oliveros, ocupa el espacio de este instrumento en las expresiones más avanzadas del jazz y lo hace donde lo hicieran Tom Cora, Hank Roberts o Erik Friedlander y ahora Daniel Levin. Para ello extrae todo los recursos de su instrumento a través de un exhaustiva puesta al día del instrumento y de su capacidad técnica (con arco y pizzcato), mutando el sonido entre timbres acústicos y electrónicos o desfigurando en un gesto todo perfil melódico.

La versatilidad del músico, mente e instrumento, se han puesto al servicio de incontables grabaciones para grupos de rock como  God Is My Co-Pilot, Pillow, Super Chunk o Wilco y ha compartido escenario con improvisadores tan reputados y distintos como Nels Cline, Tony Malaby, John Butcher, Peter BrötzmannJoe McPhee, Peter Kowald, Nicole Mitchell, Torsten Muller o Jim O'Rourke. Fundó la  The Lightbox Orchestra y participa en The Boxhead Ensemble, ambas formaciones afincadas en Chicago. 

Pero es su Trio Valentine, el que aquí nos ocupa, y su participación en un contexto tan acaudalado como el de Vandermark 5  (Beat Reader, Atavistic 2007) por el que se dio a conocer. Entró en este grupo decisivo  en sustitución del trombonista Jeb Bishop, siendo como era una conjunto de "metales". Claro que el proyecto de Ken Vandermark echó a andar con una guitarra eléctrica, y de incendiaria y seudo-guitarrística cabría considerar su transfiguración aquí. 
"Fred Katz fue el primero en hacer swing con el cello"
Fred Longberg- Holm 

Hace un día soleado, espléndido. Unas imágenes apacibles y alegres de veraneantes disfrutando al borde del mar tenían el acompañamiento rítmico de una brass band típica de Nueva Orleáns. Todo el mundo a bailar y a beber cerveza. De repente, de una ventana sale el sonido de una suave melodía clásica que sirve para decorar imágenes bucólicas tomadas en 1958 en el festival de la ciudad portuaria de Newport (norte de Nueva York). Se trata de Fred Katz interpretando la más famosa suite para violonchelo de Bach. En ese histórico vídeo justo después sale la elegante Annita O`Day... 

El tríptico Valentine se inicia en el 2000 y llega en tres publicaciones en Atavistic hasta 2007, aunque el trío con el mismo nombre siga activo (Jason Roebke contrabajo y Frank Rosaly batería). Con él se rinde homenaje a Fred Katz, uno de los primeros chelistas que incorporaron este instrumento en los años 50 en los grupos de Chico HamiltonLo más llamativo de este proyecto es la cantidad de músicas, las facetas y caras que proporciona un grupo tan reducido para un formato de canción como medio de expresión en el que caben, por supuesto, mucho swing pero también country folk, efervescencias del rock de Jimi Hendrix y la improvisación libre. La gran beneficiada de esta estructura reducida y concentrada en la duración de las piezas como en instrumentos es la melodía.

Su poder de evocación, las líneas abiertas en un espacio estructurado, sobre todo  unos ritmos distendidos que pertenecen a una narración melódica como distraída, hacen de esta trilogía un epistolario de hechi­zante lirismo. 


A Valentine for Fred Katz (Atavistic, 2002) recoge temas del pionero chelista  que casó el chelo con el jazz. Aquí la idea es hacer una lectura actual de lo que aquél músico consiguió,  que fue reinterpretar el swing y con ello los tiempos y las melodías. El chelo de Lonberg-Holm toma la dirección narrativa. En este primer disco Glenn Kotche está a la batería, luego Frank Rosaly (Vandermark 5) ocupará su puesto.


Other Valentines (Atavistic, 2005) tiene un repertorio basado en composiciones propias y del contrabajista Jason Roebke aunque resulta interesante ver trasladado a este formato a  trío canciones más que composiciones de autores de estilos tan alejados como Gil Scott-Heron, Syd Barrett, Jeff Tweedy, Sun Ra y Cat Power 


Terminal Valentine (Atavistic, 2007) es posiblemente la entrega más conseguida y también la más exigente. Una mayor interacción entre el grupo, que favorece un menor protagonismo melódico del chelo por la simbiosis con el arco del contrabajo, y en suma una capacidad expresiva que fluye sin restricciones de espacio y tiempo, dan lugar a una escucha más amplia y emocionante. Algo tendrá que ver que esta música original de Lonberg-Holm fuera concebida para su cuarteto Terminal Four




21 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El baile de Madiba (la música de Nelson Mandela)


La gente se fascina con facilidad mientras los líderes intentan alimentar la adoración de su imagen. En el caso de Mandela, en cambio, hombre y héroe resultan cercanos y creíbles. Fue un líder con causa: la concordia. Junto a Gandhi o Luther King ha sido la última figura del siglo XX que cambió el curso de la historia por medio de una lucha pacífica. Antes humanista que político, a través de la música le conocí... 


Por Jesús Gonzalo


Sería finales de la década de los 80, o quizá a mediados...Lo recuerdo vagamente porque la adolescencia aún era el territorio deseado. La cuestión es que localicé a Sudáfrica en ese enorme continente... Buscaba con el dedo en un globo terráqueo que mis padres habían comprado para que aprendiéramos geografía. Con ese nombre sólo había que dirigir el dedo al extremo sur...La cosa vino de una mezcla entre noticia de telediario e imágenes de un video de Paul Simon para promocionar su disco Graceland, el videoclip entonces causaba estragos. Frente al televisor también vi, a modo de cierre del noticiario, un multitudinario concierto benéfico en un estadio de fútbol en Londres.

Todo eso era nuevo para mi. Tanto el tipo bajito (Paul Simon) que bailaba con un coro de cantantes negros vestidos con trajes típicos dando patadas en el aire (Lady Smith Black Mambazo) como ese macro-concierto de celebración en 1988 en Wembley. Me enteré que se hizo para celebrar el 70 cumpleaños de alguien llamado Nelson Mandela. Allí estaban algunos de los artistas británicos más famosos de los 80: Dire Straits, UB 40, Simple Minds, Phil Collins...



La música libera y une”

No me sorprendió la muerte de Mandela (18 de julio de 1918, 5 de diciembre de 2013). Desde que vi la película Invictus de Eastwood sobre la hazaña del equipo nacional de rugby tenía una sensación de despedida. Subo hasta el cuarto donde está parte de mi colección de discos...Me voy a la estantería de música africana. Busco uno en concreto porque es justo lo que quiero escuchar, una especia entre oración y regocijo: Bheki Mseleku a solas con su piano en Meditations. Recuerdo que lo compré muy barato, de saldo. Me gustó mucho. 

Justo al lado está uno que, este sí, tenía su buen precio...Era un recopilatorio de la escena joven jazzística sudafricana que me costó entender pero que luego me fascinó: Jazzin`Universally (Outernational Meltdown Sessions). Curioso, los dos discos de 1995 o así; por entonces, Mandela ya había llegado al poder, donde permanecería 5 años. Con su entrada al poder en 1994 había hecho de Nkosi Sikelel´i Afrika (“Dios bendiga África”) el himno nacional. 

Un poco más a la derecha en esa fila de discos están Hugh Masekela, Louis Moholo...y Johnny Clegg, claro. De de una certeza pianística como Bheki Mseleku a otra, Abdulah Ibrahim, el “antes llamado Dollar Brand”. Ya en el apartado de jazz, me dirijo al espacio dedicado a Charlie Haden que con la Liberation Music Orchestra recogió el himno del Congreso Nacional Africano para el disco The Dream Keeper (1990), muy oportuno en fecha, me digo, últimos días del Apartheid.


Madiba significa “venerable abuelo”

Dicen que Mandela era sincero, humilde, tozudo, detallista, valiente, crítico consigo mismo. Como político era pragmático, no atado a las rigideces del interés y la ideología de partido...Pienso que este hombre, más que político con carisma fuera de lo común, fue una buena persona que con su personalidad y fortaleza sirvió de catalizador de sentimientos y anhelos. 


El avance nunca es el resultado del esfuerzo individual, se trata siempre de un esfuerzo y un triunfo colectivos”

La cárcel, en la que ingresa en 1962 como el preso 46664, acusado de terrorismo, le forja como líder rebelde antes que revolucionario. No puedo por menos que pensar que en ese cambio, que dura unos larguísimos 27 años, la memoria de Gandhi y una reflexión ponderada y concienzuda parecen ser los motivos que originan esa transformación. Entendió que para vencer al odio primero hay que vencerlo dentro de uno mismo. El objetivo era la democracia, pero desde la tolerancia para conquistar la convivencia. Tenía más autoridad moral que nadie frente al régimen del apartheid por lo que había sufrido, pero también frente a los suyos para reclamar el perdón. Le costó conseguirlo.
Continúa la leyenda, suena su música... 




16 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Los dibus de antes tenían música


Cómo me gustaba el alegre y desinhibido grito de Pedro Picapiedra al salir del trabajo... Pese a ser algo duro de mollera, había veces que al escuchar ese contagioso ¡Yabba Dabba Doo!” uno querría ver a su padre repitiéndolo el sábado por la mañana, invitándonos a salir al campo. Añoro ver en familia estos dibu-jazz como La Pantera Rosa o Los Picapiedra


Por Jesús Gonzalo

Los personajes de Piedradura, el pueblo de 25.000 habitantes que tenían  casas adosadas, jugaban a los bolos, hacían barbacoas los domingos, conducían el ecológico troncomóvil y usaban electrodomésticos-con-animales que siempre se quejaban de su trabajo, vivían en plena era del “consumo  prehistórico”. The Flintstones, la serie de Hanna-Barbera que se emitió desde 1960 a 1966, era una imaginativa anacronía del american way of life de finales de los 50. 


Un mundo de consumo replicado en piedra cuyos personajes pertenecían a una mayoritaria clase media obrera que bailaba y se movía a ritmo de jazz

Pedro Picapiedra llegaba tarde al trabajo pero se iba pitando, dando un brinco por encima de su dinosaurio-excavadora en cuanto sonaba la sirena-pájaro que anunciaba el fin de la jornada laboral. Salía gritando ¡Yabba Dabba Doo!”...Los Picapiedra fue de las primeras series que estaban hechas para niños y adultos. La familia creció por ello con los bebés Pebbles Picapiedra y Bamm-Bamm Mármol, el hijo de su inseparable y paciente amigo Pablo. En el guión de la serie había problemas de pareja, de trabajo, de sociedad. Y eran una familia de la “prehistoria”... 

Los Picapiedra, inolvidable serie hecha de roca dura y jazz
Quizá la que guardo con más grato recuerdo sea ésta, Los Picapiedra. No era consciente de que casi todos los dibujos que me gustaban o llegaban desde la pantalla tenían música de jazz. Las series más famosas eran esta familia que vivía en Piedradura y la que venía anunciada por una sinuosa y traviesa figura rosa que dibujaba la melodía para saxo de Mancini en The Pink Panther. La Pantera Rosa no hacía un retrato social, lo suyo, y lo del Inspector Closeau con esos dibujos oblicuos de París, pertenecían a otro género, el surrealismola Pantera Rosa, personaje mudo e inexpresivo, podría ser Buster Keaton.

Dibus acompañados de jazz. Retrato de sociedad,  vehículo de expresión y de transmisión de valores. El recuerdo de una manera de compartir la creatividad y la música  desde la pequeña pantalla

Toda la familia reunida frente al momento dibujazz. Era jazz con orquesta abierta a ritmos latinos y mestizos. Pero esto venía de lejos, de cuando el jazz era la música más popular, pues ya acompañaba en blanco y negro a la pizpireta Betty Boop y desde 1930 lo podían escuchar en las fantasías animadas de ayer y hoy de los Looney Toons


La música para dibujos tenía que ser una herramienta descriptiva y narrativa a la vez, dotada de ritmo para favorecer el movimiento

Los Picapiedra y La Pantera Rosa son dibus de familia y también de individuos. No fueron los únicos, hubo otras series “menores” que hicieron uso del jazz. Tom y Jerry, los pequeños pero poderosos héroes –“si quieres tú también  puedes serlo”- Super ratón, “el único ratón que come queso vitaminado”, o La hormiga atómica, los sin par El Lagarto Guancho y Leoncio y Tristón, todos sonaban a jazz. 

Con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se inaugura una nueva era de la animación digital. Su exuberante mujer salió tras el telón de un cabaret cantando un viejo blues bajo la mirada babeante de los humanos presentes. Nadie entendía por qué tenía ese novio. Decía que estaba enamorada del conejo porque le hacía reír…¡Dibus!







11 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Stan Getz pasó por aquí...

El cuarteto más importante de la Costa Oeste y del sonido cool jazz era el que lideraba Gerry Mulligan, con manías persecutorias sobre si el líder era él o Chet Baker. Por aquellos años 50, en Los Ángeles había un jefe de policía que se había propuesto “barrer toda esa basura drogadicta del jazz" de sus calles. Muchos echaron el vuelo...

Por Jesús Gonzalo

Los músicos se sentían vigilados, algunos, inconscientes como Baker, seguían conduciendo de forma imprudente y salvaje. Mulligan era más discreto. Mientras Baker había empezado a flirtear con la heroína, su compañero pasaba por ser un consumado yonqui. Una noche la policía los siguió hasta la casa de Mulligan, que por aquel entonces compartía con su novia. Iban también Chet y la primera mujer de éste. Al verse sorprendidos por el asalto de la policía, en vez de negarlo todo, Baker saco una bolsita que contenía, exclusivamente, marihuana. Le condenaron a seis meses.


Jamás se llevarían bien Mulligan y Baker, pero en ese lapso de tiempo el trompetista conoció al otro gigante del sonido West Coast, Stan Getz, con cuyo grupo estuvo de gira en 1952. El saxofonista era un tipo contradictorio, genial y mezquino. Una vez, encerrado en un cuarto de baño, Baker le salvó de una sobredosis, pero en vez de darle las gracias le dijo: “¡Joder!, tío, me has fastidiado la subida”. Años después, despreciaría a aquél que le salvó en un aeropuerto de Australia por ser lo que él fue: un yonqui.


Stan Getz pasó algunas temporadas
en La Herradura (Granada) durante los
años sesenta, buscando otra melodía tropical que no fuera bossa, huyendo de los focos

Empezada la década de 1960, el saxofonista había saltado a la fama al ser uno de los primeros jazzmen que apoyaron al sonido de moda, la bossa nova, junto a Joâo y Astrud Gilberto y, por supuesto, Frank Sinatra. Buscando un lugar tranquilo cerca de Málaga, Getz dio con una nutrida comunidad internacional, en un terreno rocoso y fortificado que lo aislaba de las miradas de curiosos. Famosas fueron allí sus borracheras que duraban días, haciendo visible su carácter agresivo. Cuentan que en una de ellas, para poder “hacerle entrar en razón” debieron golpearle con bates de béisbol. ¿Cosa de lugareños? No creo que tuvieran esas “armas”.


La Herradura (costa granadina) presumía entonces de ser un paraíso visitado por gentes cultas que conocían a artistas como Paul y Jane Bowles (que murió en Málaga), Truman Capote o Larry MaCarthy, el fotógrafo americano que vivió y murió en este pueblo. 

Getz pasó por aquí. Sí, pero si lo hubiera hecho con Chet Baker, a lo mejor se habrían repartido las tortas entre ellos...




08 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR- Canción de un inmigrante


Procedente de San Petersburgo, hijo de rabino, Moishe Gershowitz alza la vista y ve maravillado la Estatua de la Libertad. Se coloca un poco más alto para tener una visión más amplia de la gran ciudad. Justo en ese instante, un golpe de aire se lleva el sombrero con la única dirección de contacto de la que disponía en Nueva York

Todo lo que tenía iba allí. El único enlace entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo en un pequeño papel con la dirección de un tío suyo. El barco, como era habitual en esos años de finales del XIX y principios del XX, iba a rebosar.  Miles de judíos rusos y de Europa del Este como Moishe emigraron a América por las persecuciones de 1880. Ya instalado, encontró trabajo primero como mecánico y luego se quedó como pastelero. Pasado un tiempo, pensó que debía cambiar su apellido -algo que era costumbre entre los judíos que llegaron a América-  de Gershowitz por otro que sonaba parecido en inglés: Gershwin. Conoce o quizá se reencuentra con Rosa Brushkin, una joven exiliada nacida como él en San Petersburgo.


En 1898, en el modesto barrio de Brooklyn, nace Jacob Gershwine. George fue un niño travieso que vivió en las calles de una ciudad que crecía y crecía cada día con nuevos rostros y viejas historias de vidas pasadas,  en donde la supervivencia estaba a la orden del día. Se interesó pronto por la música y tuvo un par de maestros de piano. Uno de ellos era húngaro y le enseñaría arias hasta que su padre dijo basta. Ya entonces sus aptitudes con este instrumento eran únicas. Por eso en sus primeros trabajos pudo dar buena cuenta de su oído y virtuosismo a cambio de unos centavos tocando el piano en el Tin Pan Alley, lugar donde se interpretaban temas escritos por músicos un poco mayores que él y cuyos apellidos también delataban su procedencia: Irving BerlinJerome Kern o el letrista Oscar Hammerstein.

La pequeña e incipiente industria musical y del entretenimiento ocupaba edificios a ambos lados al oeste de la calle 28 con la 45. Algunas ya tenían oficinas cerca de la esquina con Broadway.


El Tin Pan Alley, "la calle de las canciones", era el punto de encuentro donde se pagaba para poder oírlas en directo, puesto que no se había inventado aún el gramófono. Aprendió pronto a incorporar a su estilo ese pulso comunicativo, espontáneo y ligero que pedían las canciones  tocadas y cantadas en público. Unos temas que eran una estimulante mezcla de gustos musicales europeos y americanos.



Se convirtió en el compositor de moda. Pasó por Broadway y luego por Hollywood. Las  canciones para los musicales eran positivas y románticas. Algunas de las más hermosas de los años 20 y 30, como I`ve got rhythm, fueron posibles gracias a su alianza con su hermano mayor Ira, excelente letrista. Los hitos de su carrera serían Rhapsody in blue y Porgy and Bess
Gershwin era consciente del potencial de la música popular, del jazz y del blues, expresión máxima de la cultura americana, pero quería aprender más. Se fue a Europa como el compositor popular más importante de América para estudiar con Ravel y Alban Berg. “¿Y usted quiere que yo le enseñe música cuando le adoran millones de personas? Enséñeme usted a mí cómo lo hace”, se dice que le preguntó Ravel. 

De su estancia en París se trajo partituras de Debussy y algunas bocinas de taxi.que introduciría en An American in Paris (1928), una pieza rebosante de color y ritmo, impredecible en el cruce de voces y cambios de registros, que se abre a la suavidad de melodías flotantes. La película Un Americano en París (1951), dirigida por Vicente Minelli, contaba como protagonista con el actor y bailarín Gene Kelly.


Demasiado rápido, demasiado bueno. Gershwin muere tempranamente en 1937 tras entrar en coma debido a un infarto cerebral. "La era del jazz", como la bautizó Scott Fitzgerald una década antes de darla por muerta en el final de El Gran Gatsby, ya pasó. Su música sigue latiendo desde el corazón de Manhattan.




05 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El último blues de Cortázar

El cuento inacabado incluido en el primer tomo de las Obras Completas de Julio Cortázar sirve para cerrar la edición dedicada a sus Cuentos. En él, el escritor argentino, maestro del relato breve, vuelve a inventar situaciones que giran alrededor de personajes del mundo del jazz. La ficción sirve esta vez para perfilar la personalidad de una leyenda de la trompeta de los años 20...

Por Jesús Gonzalo

La historia está narrada en primera persona y en boca de mujer, y empieza de este modo: “Soy panameña y hace rato que vivo con Bix”, refiriéndose al legendario trompetista Bix Beiderbecke (1903-31), la respuesta blanca a Louis Armstrong.

Uno no puede por menos que sentir el palpitar del jazz en las palabras posesivas y penetrantes, en las metáforas y giros inesperados con las que Cortázar sella el vínculo entre lector y obra. Los relatos aúnan ficción y realismo, produciendo desconcierto al estar íntimamente ligados paradoja y elocuencia.

Cortázar-Bix

En Bix Biderbecke, como en El Perseguidor, texto inspirado por el también genio malogrado Charlie Parker, Cortázar sitúa la acción en un momento indefinido en la vida de este histórico trompetista de la década de 1920. El personaje principal de la mujer-amante, que señala una y otra vez que ella es panameña, intenta comprender su situación dentro del difícil comportamiento de un músico de corta vida dedicada al jazz. 

La dureza diaria que le acompaña esculpe el carácter introvertido de quien sólo encuentra alivio cuando toca: "Bix había sido, quiero decir era un hombre con problemas, aunque nadie parecía saber gran cosa de lo que le pasaba, simplemente no era feliz y aparte del jazz se la pasaba solo, con mucha gente, claro, pero solo y bebiendo cada vez más".

La protagonista narra una historia hecha de instantáneas, de retazos de una relación que se sobreentiende tiene una contraprestación que se deja sobre la mesa antes de salir. Habla de oídas, cree saber pero no sabe todo. Imagina lo que hay más allá de las paredes, viajes, orquestas, tal vez una fama efímera... Reconoce su forma de tocar cuando suena un solo en Jazz me blues: "...ese tema lo tocaron esa noche, había sido sólamente para mi, y supe que Bix me había perdonado". 

Sueña, tal vez, con ser algo más que una cara para Bix. “Yo siempre tenía un tubo de crema para curarle los labios”, dice la panameña. El abrupto final de un relato sin final deja un sabor amargo, un ruido de fondo que resuena silencioso en la habitación de arriba.